La clave está en recibir

day y recibir

Si tanto recibo… ¡entonces he de reventar!, porque la verdad es que recibo mucho, demasiado…El otro día pensaba en mi indignidad para recibir lo que Dios me da y en mi imposibilidad de darle las gracias. Jamás podré agradecerle tanto y para ello solo podría tomar la Sangre de Jesús y ofrecerle, ya que es lo único que salva las abismales distancias entre mi poquedad y ÉL.

Dios da como Rey, si somos hijos del Rey, hemos de dar también como reyes y reinas, no importa si duele. Pero la clave está en recibir, como diría Teresita de Jesús. El problema nuestro es que no sabemos recibir, no alcanzamos a dejarnos amar… será por eso que aún no reviento, porque no puede haber conducto que se resista a la gracia de Dios. Debo reventar en mil pedazos y comunicar su amor aún a través y a pesar de mis defectos y miserias, porque no seré yo, si no Él, que se vale hasta de las carreteras sinuosas  y estrechas de mi mal genio o mezquindades. Ojalá el brillo de nuestros cabellos comunique Su Amor, ojalá nuestro andar, nuestras manos, nuestra forma de vestir y saludar.

PROPÓSITO:

Que el rayo de tu amor me atreviese y fulmine de una vez mi iniquidad.

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Venturosa Navidad

Nacimiento - David Chávez Galdos

Nacimiento de Jesús – David Chávez Galdós

Navidad vendaval de emociones, de perdones, de ilusiones, de remisiones, de consuelos, de alivios compartidos, de cambio de recuerdos ingratos por la esperanza de una sonrisa. Bendita Navidad de alas gigantes… ¿De qué está hecha tu magia si no del Espíritu Divino que trasmite su Gracia y su Humor infantil, inocente, candoroso, puro y fuerte?

La alegría compartida entre creyentes y no creyentes, las luces oscilantes en calles y senderos, campos y ciudades, la sensación de desenlace global de historias y fatigas, se sostiene por ese halo dorado que traspasa lo inanimado y lo viviente, Espíritu que como en Aquel momento cubrió a la Virgen y la transformó en Madre de Dios, trocando las lagartijas en collares de esmeraldas como describe María Valtorta de aquella Luz que provenía de Nuestra Señora en el momento preciso de alumbrar a Nuestro Pequeño Monarca: “Cualquier piedra es un macizo de plata, cualquier agujero un brillar de ópalos, cualquier telaraña un precioso baldaquín tejido de plata y diamantes. Una lagartija que está entre dos piedras, parece un collar de esmeraldas que una reina dejara por allí;  y unos murciélagos que descansan parecen una hoguera preciosa de ónix. El heno que sale de la parte superior del pesebre, no es más hierba, es hilo de plata y plata pura que se balancea en el aire cual se mece una cabellera suelta”

Esa es la Luz de Dios que hoy como hace 2015 años transfigura lo material y toda miseria humana y perecedera como una antesala del Mundo Futuro donde la muerte y el sufrimiento no tendrán más lugar.

¡Qué gran ventura que Dios encuentre sus delicias entre las hazañas de los hombres!, ¡qué grande Misterio!, ¡jamás hubo mejor Primicia que aquella que los oídos de los pastores oyeron… ha nacido el Salvador del Mundo!

Y al calor de mi hogar, viendo a mi madre alistar la cena navideña, celebrando entre risas junto a tía en la afanosa tarea de envolver regalos… en medio de esa corriente cotidianidad alterada por aquel Espíritu Luminoso, revive la Fe, la Espera y el Amor como la novedad más grande que remeció la faz de la Tierra entre situaciones concretas y de las más naturales.

Una de ellas descubrir a mis sobrinos haciendo proezas y notar en estas su salvaguardada inocencia cada vez más dolorosamente extinguida entre los niños, su blanca sabiduría, su frescura y ganas de vivir. Me sorprendo verdaderamente TÍA hallándolos umbrales de porvenir, vigorosos pilares del futuro, hilarantes antorchas del presente. Su sinceridad, su transparencia, su enriquecedora corta experiencia, sus valores, sus talentos y el aliento de vida perdurable sobre la frente de mi sobrina que me hablan de la trascendencia de mi hermana cuya ausencia no la llena nadie, me conmueven el corazón y asombran.

Cuando era niña las portadoras de ese halo dorado, Espíritu Navideño, eran ellas, mis hermanas… hoy ausente una y ausente la otra contemplo a sus hijos maravillada. Me descubro adulta aunque incapaz de aportar algo a esos dos aguiluchos cuyas riquezas, como yo, las recibieron todas de ellas.

Mamá, papá, la tía, la nana, la abuela María, mis hermanas, mi hermano constituyeron mi mundo, fieles custodios del sendero por donde me encaminaba Dios para arrojarme luego a  sus propios Brazos. En fin, toda alegría navideña se las debo a ellos, toda fe, toda esperanza y aún esta alegría de ver a mis sobrinos aletear.

¡Feliz Navidad a todo aquel caminante que por la ruta de la vida  dé con este modesto blog!; y reciba de obsequio  el candor de mis sobrinos en el siguiente video que no hay regalo más bello de adultos a niños que la custodia de la nobleza de estos con el único afán de vigorizar sus almas y tiernos corazones.

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El autor maravilloso

Unión familiar - Jorge J. Muñoz

Unión familiar – Jorge J. Muñoz

Hace más de tres años que sigo a don Antonio Yagüe, sugiero que lo escuchen, oírlo me llena de esperanza y no siento miedo pese a los “dolores de parto” que todo esto supone. Leí su libro Astronomía Sagrada y desde 2012 sigo sus videos en YouTube y ahora en Vimeo. En febrero vino a Perú y ahora acaba de estar en México.

Sustenta con mucho fundamento, apoyándose en la Sagrada Escritura, en las apariciones marianas y en la astronomía sagrada, que estos son los últimos tiempos, no el fin del mundo, sino los últimos. Me deja perpleja la certeza de lo que acontecerá en breve y lo mucho que hay que aprovechar en estos momentos atreviéndonos a corresponder de una vez por todas al amor divino, aceptando su voluntad con el reconocimiento de que es el autor maravilloso de nuestra existencia, del amor y de una historia extraordinaria para cada uno si la aceptamos.

Link de una entrevista en México: https://www.youtube.com/watch?v=4dtVMCge-_s

Link de su conferencia en Perú: Reflexiones al hilo del Apocalipsis: https://www.youtube.com/watch?v=_-B0AUO2Hbc

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Vestigios

La cicatriz - Tomás Taure Alonso

La cicatriz – Tomás Taure Alonso

Desde debajo de la eternidad, deambulo a la sombra de un letargo escondido. ¿Cómo he hecho para zafar de mí misma durante tanto tiempo y desentenderme de este rincón imaginario?

La que me inspira es Ángeles, qué adorable. Jamás se deja a la vera como yo. Qué mujer. ¿Qué he de decir? Me deslicé abrumada por el tiempo, caí al ojo del remolino sanguinario pero noble, al fin, ya que sigo viva, completa y a salvo.

El otro día deshojaba mi memoria, contabilizaba una lista de nombres, quedé asombrada. Hace un tiempo, cosa de años, que cada diciembre reviso la lista de gente que conocí durante los últimos doce meses. Cada año nos regala un amigo nuevo, un nuevo conocido, un corazón extraviado que en cierto trecho se cruzó con el nuestro. Una maravilla.

A este diciembre la lista es larga, las personas pasan como pasan las horas, nada las detiene pero algo nos dejan. Un amargor, una caricia, una lección. Hace poco conocí a María Luisa que decía que estamos anegados de vestigios, que la experiencia del riesgo es el reconocimiento humano de verse imposibilitado de acceder a Dios… Casi aprendí de memoria la luz de sus palabras. Vestigios por todos lados pero qué ciegos estamos. Enceguecidos por el miedo a creer.

Cada hora exprimida por los mil quehaceres es un vestigio; un vestigio esa incomodidad porque las horas, al menos a mí y últimamente más que antes, me quedan estrechas, angostas, asfixiantes, tanto más cuando disfruto lo que hago. Un vestigio el querer hacer las cosas bien y a veces conseguirlas. Anegados de minutos y en medio del vértigo de quehaceres, resulta ventajoso el descubrimiento de esos vestigios divinos, qué maravillosa la vida, cuanto más difícil, cuanto más nos reta, qué maravillosa.

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Un 39% desorientado

Ulises desorientado en la u.e. - José María Fibla Fox

La facultad Pontificia de Lima en mayo de este año realizó una reveladora encuesta a nivel nacional sobre aspectos de religión y opiniones sobre temas trascendentes y los resultados fueron abrumadores.

De acuerdo a dicho estudio, el 78% se declara miembro de la Iglesia Católica y el 20% de la Iglesia Evangélica. No obstante, de todos los datos revelados es importante detenerse a reflexionar sobre la observación que hace Martín Santibañez Vivanco en el portal el Montonero, donde sostiene que pese a ello esa mayoría “ha optado por el silencio debido a numerosas causas entre ellas la falta de articulación en estructuras capaces de ejercer un lobby eficiente”. Aquí resulta interesante detenerse a revistar otra de las numerosas causas que como sostiene Santibañez, lleva a esa mayoría a optar por el silencio.

En torno a los resultados de la encuesta sobre aspectos relacionados con actitudes y conductas religiosas a la pregunta sobre la asistencia a Misa los encuestados respondieron: El 28% una vez por semana, 21% una vez al mes, 5% una vez al año, 39% sólo en ocasiones especiales y 5% nunca.

Si se suman los dos primeros porcentajes se podría asumir, dado el nivel indicativo de la pregunta, que el 49% de encuestados es católico practicante y posiblemente con suficiente formación sobre su Fe, ya que, como debe saber todo católico, la Misa es el centro de la vida cristiana. Mientras que si se suma el 5% de los que van una vez al año con el 39% de los que van en ocasiones especiales, se podría concluir que se trata de un 44% de católicos eventuales o de práctica religiosa eventual; y finalmente, un 5% de católicos no practicantes. Si este 5% se añade al grupo de los católicos ocasionales, sumaríamos otro 49% como total.

En resumen, con estos datos se puede concluir que solo la mitad de los peruanos que se consideran católicos (o incluso, solo el 28% que va a misa una vez a la semana) tiene formación suficiente en la Fe. Este dato resulta clave para entender porqué pese a la mayoría abrumadora de católicos en el Perú, se opte por una ineludible espiral del silencio a la hora de defender no solo verdades de fe sino la moral y los valores humanos. De ahí que falten los argumentos bien sustentados y la seguridad suficiente de la mayoría de creyentes  para explicar el propio punto de vista.

Otro dato importante a destacar es que los segmentos de mujeres (33.8%), los mayores de 38 años (34.5%) y los segmentos AB (30.4%) son los que asisten a Misa con mayor frecuencia frente al 40% de mujeres entre 18 y 37 años, que solo va en ocasiones especiales.

“Nunca sabes cuánto crees verdaderamente en algo, hasta que su verdad o falsedad se te vuelve asunto de vida o muerte” (C.S. Lewis en Una pena observada).

“Nunca sabes cuánto crees verdaderamente en algo, hasta que su verdad o falsedad se te vuelve asunto de vida o muerte” (C.S. Lewis en Una pena observada).

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Dar a Dios lo que nos pide

De Valeria Docampo

El amor es más fuerte que la muerte, pero cuánto cuesta morir. Dar es morir un poco por lo que más complaciente resulta sentirse creatura limitada para sentirse con derecho a pedir y establecerse en apenas una relación transaccional con Dios. Por eso será que a muchos conviene no enterarse que Dios es Persona, que el trato con Él debe ser personal, etc. porque de ser así se sospecha que Él también pedirá tanto como la creatura solicita.

Pero ¿Qué nos pide Dios? Una de las cosas que siempre he reflexionado mucho es sobre esa fe devota que se atreve a pedir milagros al Señor y verdaderamente, los obtiene. La pregunta es porqué unos obtienen y otros no. Las respuestas deben ser muchas pero quizá entre ellas se encuentre el agrado que el Señor siente por aquellas almas que antes de pedir fueron capaces de darse, de ahí que, en consecuencia, nada les niega. Santa Teresita del Niño Jesús decía: “!Cuántos motivos tengo para agradecer a Jesús que supo colmar todos mis deseos!” (Historia de un alma, cap. VIII p. 226). Mientras que Jesús confiaba a santa Gertrudis  que su amor a las almas era tan fuerte que lo forzaba a secundar los deseos de los justos, siempre que estén inspirados en un celo puro y humanamente desinteresado. Es decir, siempre y cuando ese corazón humano se haya entregado antes. “¿Hay enfermos que de verdad desean la salud para servirme mejor?, que me la pidan con toda confianza. Más aún: si la desean para merecer mayor galardón, me dejaré doblegar, pues les amo hasta el extremo de asemejar sus intereses a los míos” (El santo abandono, p. 65).

Había una vez un rico que antes de dar una limosna a un pobre, pidió a este una moneda. El pobre perplejo buscó en sus bolsillos la moneda más pequeña de las pocas que tenía y se la dio. Se dice que el rico la recibió y se marchó sin darle nada. El pobre quedando confundido y malhumorado se marchó, pero qué sorpresa se dio cuando al mirar entre lo que tenía encontró una moneda tan pequeña como la que había dado convertida en oro. ¡Ojalá le hubiera dado todo! se lamentó.

Cuántas veces sucederá que queriendo Dios darnos más, lo obligamos a darnos lo poco que pedimos porque al estar llenos de nosotros mismos, nos es imposible recibir más.

Él lo que busca es nuestro corazón, lo quiere todo… se hace mendigo de nuestro pobre amor. ¡Qué grandeza!… y qué poco conscientes somos de que el tiempo es ¡ahora! Ahora mientras haya juventud, salud… ahora antes de morir. Luego de la muerte, será como quien sale de haber rendido un examen y se entera de las respuestas del examen, ya nada puede hacer.

Una vez leí esa frase que decía que el límite del ser humano es la orilla donde lo espera Dios. Ahí donde no se puede, se acude a Él para pedir, y así es como afortunadamente se da el primer paso en el trato con Dios; sin embargo, no debe quedar ahí. Es preciso atreverse a preguntarle qué quiere Él de nosotros. Esa ya sería la segunda etapa de la fe.

A lo mejor quiere que desnudemos nuestra alma de deseos humanamente nobles… pero nada más que humanamente nobles. ¡Cuántos de nuestros afanes y discusiones giran en torno a lo difícil que resulta alcanzar la felicidad según nuestras propias elucubraciones! El trabajo seguro, la familia feliz, el prestigio ganado, el aprecio de todos, la salud estable, la juventud por años. Tanto se pide y afana a Dios sólo por esas cosas y nada más que por esas, que siento buenas no son lo suficiente.

Es preciso dar el paso que el joven rico del Evangelio no dio. El ya era bueno, cumplía con todo… pero aún estaba muy lleno de sí mismo; ese mismo amor propio que nos impide dar el gran salto al santo abandono. Será que aún somos muy cobardes para amar más. Si hay algo que hay que pedir insistentemente es que nos conceda la gracia de corresponder a su amor y gritar: ¡Sí, Señor, eso que Tú quieres, yo también lo quiero!, como una fuerte exclamación de amor.

Detrás de esa entrega absoluta, no hay libertad ni felicidad que se le comparte. Toda la historia de nuestra vida no ha de ser otra cosa que una historia de persistente correspondencia Al que nos amo primero. Hemos de corresponder cada día, y tras cada debilidad corresponder otra vez y otra vez, seguros de que el amor con el que El nos ama jamás acabará, jamás nos fallará.

“Cuando poseas a Cristo serás rico y eso te bastará. El será tu proveedor y te conseguirá fielmente cuanto necesites para que no debas esperarlo de los hombres, porque estos cambian fácilmente y pronto desaparecen, mientras Cristo permanece eternamente (Jn. 12, 34) y está firme hasta el fin” ( Imitación de Cristo, marzo, Libro II, Cap. 1  p. 98).

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Apostarlo todo

Barquito de Papel - José Manuel Ruiz Blanco

Barquito de Papel – José Manuel Ruiz Blanco

Apenas caemos en la cuenta de que todo lo que tenemos es el presente aunque el corazón de continuo esté anegado de futuro y el cerebro de recuerdos del pasado.

Lo cierto es que no hay nada más que presente. Todo con lo que se cuenta es con la realidad de cada minuto, resumen de lo que se ha elegido o decidido libremente dentro de las naturales limitaciones circunstanciales; y el tiempo presente es un regalo inestimable, oportunidad como ninguna que se tiene, para apostarlo todo por la fe. Dice Alonso Cueto, fabuloso escritor peruano, que “hay que vivir en el riesgo, no se puede vivir en la comodidad” y vivir en el riesgo es apostarlo todo, hoy, ahora por una causa noble.

Mientras veo el frenetismo por alcanzar la felicidad que sume a la sociedad de hoy, encuentro que más importante que dicha felicidad es el amor, lugar en el que luego se haya la felicidad como consecuencia ineludible, así sea en el rincón de la más oscura noche o bajo una vela encendida en plena soledad.

Llamaba san Alfonso al momento de la enfermedad la piedra de toque de los espíritus, pues decía que sólo entonces se descubre lo que vale la virtud del alma, ya que si se pasa prueba semejante, sin deseos ni inquietudes, con paciencia y obediencia a los médicos, hay señal de que en el alma hay un gran fondo de virtud. Yo conocí a alguien que vivió así una tremenda enfermedad, nunca sabré cuánta lección inculcó en mí su manera valiente y noble para hacerla frente.

Al cabo de los años y a través de mis recuerdos he encontrado significativos todos los detalles que sucedían en el hospital durante las horas que pasaba a su lado. Uno de ellos, por ejemplo, que sonreía siempre y hacía bromas; otro, que preguntaba sus nombres a las enfermeras y también sus largos silencios. Nunca la vi triste ni quejumbrosa, ni enojada, tenía más paz que las que la rodeábamos. Comprendí que les preguntaba sus nombres y les iniciaba conversación sobre sus vidas…  porque rezaba por ellas. No era para otra cosa, pues suficiente era con tocar el timbre y llamarlas “señorita esto, señorita aquello”, lo que normalmente hacíamos el resto; pero a ella no se le escapaban los nombres ni de las enfermeras ni de las auxiliares.

Y ahora, cuando noto todas las bendiciones interiores y exteriores que caen y han caído sobre mí y mi familia desde que murió, no deja de venirme la sospecha de cuánto de la oración silenciosa y ofrecimiento de su dolor tendrá que ver con todas esas enhorabuenas. Mi querida enferma, sin duda, apostó todo en su momento y en consecuencia, fue feliz en medio de su dolor. Hace días que escribí este post aunque recién lo he de publicar, mas, hace unos días de casualidad encontré una notita de agradecimiento de su puño y letra.

El presente es todo, es la oportunidad, es el momento de vivir el riesgo y de con confianza lanzarse a apostar por lo mejor.

Nota de Delita142

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