Señoras… Ja!

 

Resulta que aquella cuestión de la influencia social sobre el comportamiento individual no sólo preocupa a los sociólogos sino a reputadas señoritas que entre los veinticinco y treinta años somos ‘obligatoriamente’ señaladas como casamenteras o bochornosamente confundidas con señoras.

 

La influencia social en gran medida hace que una sea agresiva y esporádicamente infeliz.

Lo cierto es que la influencia social a las mujeres de treinta no nos deja tranquilas mientras no estemos casadas o ennoviadas; a lo que se suma cierta esmirriada figura femenina como ícono de belleza. Lo que sigue es: ¡Déjennos en Paz!, como todo grito en nombre de la justicia.

En otras sociedades la palabra ‘señora’ se reserva la neutra connotación de respeto. Así me lo hizo ver en cierta ocasión una amiga chilena con la que esta escribiente compartía un café. Ella muy espontánea dijo al mozo: “Atienda primero a la señora”. Quedé impresionada hasta que en dos segundos comprendí y me embargó el alivio. Resulta que en Chile suele ser  común llamar a cualquier mujer con más de un metro veinte ‘señora’; como dije antes, por respeto.

Asimismo, mucho más regios y dulces son los argentinos y argentinas que en cualquier lugar y a cualquier hora nos alegran los oídos con llamarnos sencillamente: ‘chicas’. Allá chicas las hay de veinte, cuarenta y hasta setenta, ¿por qué no?.

Acá en Perú la cosa es distinta, nosotros nos ufanamos por manejar bien el castellano por lo que se supone que llamamos al pan, pan y al vino, vino, y así es que si se dice a alguien señora, niña o señorita es porque lo es o porque… ¡bueno, ya tiene que serlo ¿no?!; sin embargo, esto en muchas ocasiones  es injusto y ronda con un tipo de discriminación involuntaria.

Por supuesto que acá señorear es también una expresión de respeto como en cualquier parte del globo, pero jamás se cumplió tanto el dicho: ‘Así como te ven te tratan’, por la marcada diferencia que hacemos entre las señoritas y las señoras.

Analicemos, ¿cómo se supone que es una señora?: Gorda, con un par de patitas de gallo y por ahí bolsitas debajo de los ojos. ¿Cómo es una señorita?: la bruja es obviamente delgadita y bonita, sin arruguitas y vestida a la moda; pero ¿qué pasa si la cosa es al revés?, es decir, si la delgadita bonita es ya una señora y ls gorda con ojeras todavía, una señorita?. Incluso el ‘ya’ y el ‘todavía’ resultan injustos.

Esa diferencia está bien arraigada en la mente de los peruanos, en nuestro imaginario social y cultural. Las señoritas son flacas y jóvenes y las señoras gordas y viejas y no habrá quien nos lo quiete, porque los medios están bien coludidos con esos modelos.

A los treinta una tiene que lidiar con esa confusión y luchar por ser bien tratada ¡porque una no es gorda, o no se tiene hijos o no se es vieja todavía, por favor!. Por eso en nuestra sociedad si a alguien inocentemente se le llama ‘señora’ se le puede estar diciendo: Me pareces gorda y vieja, lo que a cierta altura a muchas de nosotras esa palabrita nos suena peor que un insulto.

Nunca olvidaré aquel encuentro fugaz con una alumna de la universidad que se quedó sorprendida cuando con mucha sutileza le dije que yo era ‘profesora’, después de haber notado la frescura con la que me tuteaba. Por supuesto me gustó, pero me gustó más ver cómo le cambiaba la cara si le decía que no era lo que pensaba.

No obstante, no todos los días una se topa con gente simpática; los más peligrosos son los porteros, los cobradores, los mozos, los jóvenes y las señoritas de recepción y en verdad, todo desconocido.

Sueño con una sociedad ideal en la que no existan ni señoras ni señoritas. En la que todas seamos señoritas o todas, señoras como en Chile, ¡o simplemente chicas!, como en Argentina donde hasta las palabras son cómplices para alargar la juventud.

Qué diferente la pasan los hombres, ellos se convierten en señores ni bien entrada la pubertad, el término ‘señorito’ para fortuna de todos quedó en desuso y ciertamente hasta suena gracioso.

Ojalá algún día la palabra ‘señorita’ quede también en desuso o sea eliminada del diccionario de la RAE o clasificada como palabra con alta connotación discriminatoria, porque: ¡o somos todas señoritas o ninguna!. He dicho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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3 respuestas a Señoras… Ja!

  1. Kalki dijo:

    ¡Ja,ja,ja,ja,ja! ¡Qué buena! Sí pues. No había reflexionado sobre ello. Hasta cierto punto resultan discriminatorios esos términos.
    Si no, basta con echarle una ojeada a las definiciones del diccionario de la RAE:

    Señor, ra.(Del lat. senĭor, -ōris).
    1. adj. Que es dueño de algo; que tiene dominio y propiedad en ello. U. m. c. s.
    2. adj. coloq. Noble, decoroso y propio de señor.
    3. adj. coloq. Antepuesto a algunos nombres, sirve para encarecer su significado. Se produjo una señora herida. Me dio un señor disgusto.
    4. m. y f. Persona respetable que ya no es joven.
    5. m. y f. Título que se antepone al apellido de un varón o de una mujer casada o viuda. Señor González, Señora Pérez; o al cargo que desempeña. Señores diputados, Señora Presidenta; en España y otros países de lengua española, se antepone al don o doña que precede al nombre. Señor don Pedro, Señor don Pedro González, Señora doña Luisa, Señora doña Luisa Pérez; en gran parte de América, al nombre seguido de apellido. Señor Pedro González, Señora Luisa Pérez; y en uso popular, al nombre solo. Señor Pedro, Señora Luisa.
    6. m. y f. Amo con respecto a los criados.
    7. m. y f. Término de cortesía que se aplica a un hombre o a una mujer, aunque sea de igual o inferior condición.
    8. m. y f. coloq. suegro, [r]suegra.[R]
    9. m. por antonom. Dios.ORTOGR. Escr. con may. inicial.
    10. m. Jesús.ORTOGR. Escr. con may. inicial.
    11. m. Poseedor de estados y lugares con dominio y jurisdicción, o con solo prestaciones territoriales.
    12. m. Título nobiliario.

    Y la lista continúa. Si te fijas bien en el caso de los varones o cuando se emplea el título de Señor este casi siempre está relacionado siempre es nobiliario o al poder ahora bien en el caso de las señoras este se usa también en las mismas acepciones pero el diccionario siempre va a preferir decirlo en términos masculinos.

    Respecto de la cuarta acepción es ahí donde surgen los problemas de confusión de señoras y señoritas. Y como bien dices una señorita es lo contrario de una señora en el imaginario peruano y además en a imagen que nos da el DRAE coincide. Ya que una señorita es un “término de cortesía que se aplica a una mujer soltera.

    Por otra parte, felizmente eso de los “señoritos” está en desuso actualmente sonaría bien “Brix”. Está bueno como para fregar gente, mejor aún se les puede decir con la más castiza de las pulcritudes idiomáticas: Señoritinga o señoritingo. Que es lo mismo pero más huachafón.

    Chevere

  2. edgar derlis dijo:

    Me gusto mucho tu nota, y eso no es muy a menudo cuando leo algunos artículos en Internet, te felicito sigue escribiendo…

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