Ciertas Aficiones

Nunca estuve preparada para hablar abiertamente de mis aficiones personales, será porque a veces no hay palabras para hablar de las cosas que se aman o se admiran, es lo que me ocurre con la música.

Hace un tiempo atrás leí un artículo sobre el bien que hacía a los pacientes de cáncer escuchar su música favorita y otro tanto más se ha escrito sobre sus bondades terapéuticas para los depresivos. En líneas generales se podría afirmar que la música ayuda a vivir y a enfrentar las dificultades diarias.

El volumen bajo de la canción tranquila que me acompaña hoy como siempre es la de José Luís Perales, tal como la primera vez en que lo escuché, cuando era todavía una niña y mis hermanas adolescentes suspiraban por él y Julio Iglesias.

Ahora jamás aludiría a Perales como ‘el cantante que mis hermanas escuchaban’, sino como ‘el cantante que yo sigo escuchando’ y más que recordarlo entre las colecciones de antaño como hacen algunas emisoras de “música del recuerdo” con las trilladas “Un velero llamado libertad” o “Te Quiero”, me siguen inspirando sus menos conocidas “El Hombre y la Sirena” o “La Música”.

Quedaron atrás muchas cosas, muchos espacios y caminos transitados pero José Luís sigue acompañándome y su música es la banda sonora de mi historia personal, de tal modo que lo encuentro más cercano en “Te Quiero Tanto” una tierna declaración de amor que desarma a cualquiera por su sinceridad y sencillez; o en esa composición que describe al hombre común que en medio de su rutina sigue soñando con sacarse la lotería, “Y soñará”.

Junto al sencillo acorde de su guitarra fueron escritas las letras de mi vida desde mis horas de rutina hasta los momentos más importantes. El día de mis quince años el mejor regalo que recibí fue el de mi hermana Delia: Una colección de siete cassettes originales de José Luís.

Esta tarde nublada en que escucho “Canción de Otoño”, pienso en esa misteriosa afinidad que, como en la amistad, a través de la música, la pintura, y todas las artes, une a las personas con un lazo más fuerte que los lazos de sangre. Esa afinidad indescriptible es un ‘código secreto’ que insoslayablemente reconoce nuestro espíritu  y se apropia de él; entonces nos sentimos unidos a ese pintor, a ese cantante, a esa persona.

Las letras de José Luís me hablan de la vida: del bien y del mal, de lo que hay que ser y de lo que hay que hacer; de lo que hay que sentir y de lo que vale la pena tener. Resulta increíble cómo los acordes de una buena música pueden ayudar tanto en construir la visión humana de una persona, inspirarla y hasta esculpir en su consciencia un cierto perfil ético.

Es verdad que generalmente muy poco se llega a saber del artista, pero en este caso mi apreciación va más allá de la del simple “fan enamorado” que se basa en los efímeros destellos de una imagen; y si bien no tengo un conocimiento profundo y certero de la persona del cantante, sospecho que en sus composiciones viaja su auténtica apreciación de la vida que coincide ampliamente con la mía.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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