Primero la amistad

En un interesante artículo de Alfredo Bryce Echenique leí que para Ortega y Gasset la amistad era la cima del Universo, mientras que Sócrates prefería la amistad a todos los tesoros del rey Darío y que  el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro sostuvo con admiración la superioridad de la amistad sobre el amor, porque es más desinteresada, más generosa e igualmente capaz de aproximarnos a la felicidad, mientras que para Mark Twain  lo que caracteriza a un amigo es estar a tu lado cuando te equivocas, porque cualquiera se pondrá de tu lado cuando aciertas.

Frente a las definiciones de los grandes ¿qué podrá decir esta pequeña? Mas como la necesidad de decir algo es apremiante empiezo confesando con inusual humildad que he sido especialmente bendecida en la amistad; no sé si alguno se atrevería a dar la vida por mí, pero en cambio, me dan lo que Dios pide: su tiempo, su comprensión, su paciencia, su aliento, su mirada contenedora y una feria de sonrisas como toda expresión de perdón, que no es más que otra forma de dar la vida pero de a pocos. También me enseñaron a detenerme en el umbral de sus silencios para luego recibir las confidencias de que me hacían acreedora.

Aún cuando soy una romántica a tiempo completo a quien le gusta el Amor y ama amar (sólo que aún no encuentra a quién), como dijo  San Agustín antes de encontrar la fe, si de la amistad se trata, la prefiero más que al amor erótico,  porque la amistad es otra forma de Amor que no precisa de lazos de sangre ni de la sexualidad y esta característica se presenta muy retadora en estos tiempos en los que apostamos más por el erotismo.

Considero que la universalidad del amor se expresa en la amistad y fue constituida por Jesús en aquél momento en que le dijeron que su Madre y sus  hermanos lo buscaban, a lo que Él respondió: “Mi madre  y mis hermanos son los que hacen la Voluntad de mi Padre”,  es decir, quebró con estas palabras la importancia de los lazos de sangre, de las castas, y dejó en claro que es otra cosa la que nos une a todos sin hacer acepción de personas.

 Así pues, no me acostumbro a hablar de la amistad y más bien impulsa a inclinarse ante ella.

Algunos dicen con despecho que amigos, contados con los dedos de las manos porque la gente es mala y en estos tiempos hay que desconfiar. Sostengo con Ignace Lepp que quien ha experimentado una sola vez en la vida la amistad, siempre tendrá esperanza en el ser humano y junto a San Josemaria Escrivá de Balaguer, que siempre hay que tener amigos y no enemigos, amigos de la derecha y amigos de la izquierda si acaso nos hicieron mal.

La amistad que es otra forma de amar, rompe con el egoísmo y trasciende en la generosidad, el perdón y la fidelidad.

Muchas parejas de la historia se han construido gracias a la amistad y no al mítico “amor a primera vista”, pues antes de despertar en ellos el deseo, despertó la afinidad, el interés común por algún tema, la admiración y finalmente el amor; tal como sucedió con el escritor irlandés C.S.Lewis y la poetiza norteamericana Joy Gresham.

Asimismo, muchas relaciones entre hombres y mujeres que pudieron llegar al enamoramiento, quedaron en amistad como el punto más alto de la espiritualización del amor, es el caso de San Francisco de Asís y Santa Clara.

El dilema es que en estos  tiempos se mira con recelo a la amistad y se toma al amor como un duelo entre contenedores; no obstante, es muy usual que se prefiera el amor de pareja como la máxima realización en las relaciones interpersonales dejando de lado a la amistad, para la que ni siquiera existe un día memorable en el calendario pese al esfuerzo de los argentinos quienes propusieron la brillante idea de celebrar a la amistad el día 20 de julio – ellos sí que la celebran-, día en que el hombre llegó a la Luna; y más bien es muy conocido el 14 de febrero, como el día de los enamorados, en el que también se festeja a la amistad pero, al parecer, como un sentimiento ‘segundón’ para consuelo de los solitarios, cosa tremendamente injusta.

En el Perú la palabra ‘amigo’ es de uso común para preguntarnos la hora o el precio de algo, si bien resulta afable, que no por eso se olvide que la amistad, es toda una institución, como afirma Bryce.

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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