Complicado punto de comparación entre David y el Goliat que aclama la sociedad

La comparación entre las personas resulta insulsa, y clasificarlas, inhumano y retrógrada; sin embargo, en la praxis cotidiana miles de veces una persona se ve expuesta a certámenes de toda índole en los que por mayoría sale descalificada: ya porque no viene de la universidad de moda o ya porque no tiene los ojos más redondos o rasgados que otras, pasando por los matices de ciertos grados de ‘inteligencia’.

Esta clasificación ociosa y utilitarista no hace más que discriminar a algunos hasta el punto de querer ponerlos al margen de la sociedad y el sistema. Sin ir muy lejos, hace poco me enteré de una muchacha que no fue admitida a trabajar en un banco porque “no cumplía con los requisitos físicos que exigía la empresa”, así pues, este es uno entre muchos casos diarios.

Ayer me crucé con dos amigos que no se conocen pero yo sí lo suficiente como para poder decir que ambos gozan de mi entera apreciación; no obstante, pese a tener la misma edad y pertenecer a la misma sociedad, son como “dos civilizaciones irreconciliables”.

El primero es un hombre felizmente casado, tiene dinero y además de ser una persona muy humana es un excelente profesional, el segundo en cambio no tiene trabajo – sólo “cachuelea”- y no ha conseguido gran cosa en la vida salvo terminar una carrera universitaria y ser profesional; no obstante, es un fino analista de de las cosas y dueño de un elevado criterio ético. Es paciente, pausado, serio y luego de unos minutos, risueño. Dicho sea de paso es bastante apuesto cosa que el primero no tiene nada que envidiar.

Entonces, al final del día me pregunté ¿qué hizo que uno haya salido adelante y el otro –aparentemente- no?.

Concluí en que las personas somos totalmente distintas unas de otras y recordé que Santa Teresita del Niño Jesús dijo alguna vez que “hay más diferencias entre las almas que entre los rostros de las personas”.

Lo cierto entonces es que somos profunda y misteriosamente diferentes y esto que parece obvio no deja de sorprender, pues como se ha dicho, todos los días nos exigen ser iguales consumistas pero rivales en diversas competencias imponiéndose el “yo soy mejor que tú”.

¿Qué puedo yo decir de mi amigo A y de mi amigo B?, ¿Qué A ganó porque lo tiene todo logrado en la vida y que el otro ‘ha desperdiciado’ la suya?, ¿cómo podría yo estar segura de eso?. Quizá B ajeno a logros externos ha conseguido mucho a nivel interior, en ese aspecto que ‘nadie ve’. Además ¿le interesará a B tener otro tipo de vida?.

Los desiertos y pastizales son suelos milenarios y diferentes, nadie diría que los desiertos son inútiles por no tener vegetación, pues todo en la naturaleza responde a algún fin y todo tiene sentido.

En este mundo en el que se vale por los logros externos que tengan peso y medida se pierde de vista el valor que cada persona tiene independientemente de sus logros o fracasos, no obstante esto no entiende el mercado que a diferencia de Saint Exùpery piensa que lo importante es visible a los ojos.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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