La conciencia del tubérculo

hojasyventana1Un día descubrí que la mayoría de las personas somos como tubérculos, porque pocas son las obras notorias o relevantes que  hacemos a vista de todo el mundo; pero que, sin embargo, tenemos un mundo interior  profundo y extenso como el océano y que en gran medida crecemos para adentro, como los tubérculos, cuyos frutos están debajo de la tierra y nadie los ve.

Lo que hice enseguida fue crear un blog y ponerle por nombre ‘tubérculo’ y aunque lo cambié sigue siendo tubérculo porque expresa pensamientos que vienen desde Anderground; pero, qué es ese mundo interior sino la propia conciencia, de donde viene todo lo que hacemos y todo lo que somos.

Fernando Savater, en su libro Ética para Amador, dice que lo contrario a ser ‘un imbécil moral’ es tener conciencia, pero que ésta no la recibimos ya hecha, sino que se la va afinando con la práctica para que con el tiempo se consiga tener ‘un buen oído’ ético o un ‘buen gusto’ moral. Claro que, como en todo, algunos nacen ya con ‘buen gusto’ moral así como otros nacen con buen gusto estético o musical; o sea que, la clave es cultivar esa conciencia como quien cultiva el arte o el fútbol y, pienso, que una de  las mejores formas de ‘cultivar la conciencia’, o de ejercitarla, es haciendo examen,  que consiste en algo más complicado que tomarla y poner la conciencia a contraluz, como si fuese unos de los animalitos de Laura, en el Zoológico de Cristal, de Tennessee Williams. Es, más bien, de modo sencillo, mirar lo que hacemos y porqué lo hacemos, cosa que de primera, no resulta fácil.

Hoy se habla poco de conciencia, se pasa sobre ella y se insinúa que es de superados ignorar  lo que dicta la conciencia o que los remordimientos son sólo producto de las normas rígidas de una sociedad; pero pienso que no es así, contraria a eso sostengo que si algo nos hace humanos es precisamente la conciencia. Esa lucidez interior que permite que veamos lo que está bien y lo que está mal; y siguiendo a Savater la conciencia consiste en lo siguiente:

Primero, saber que no todo da igual porque queremos vivir realmente bien, humanamente bien; segundo, estar dispuestos a fijarnos en si lo que hacemos corresponde a lo que de veras queremos o no; tercero, a base de práctica ir desarrollando el buen gusto moral, de tal modo que haya ciertas cosas que nos repugne espontáneamente hacer, como por ejemplo, mentir; y cuarto, renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por tanto razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos. ¿Qué más se puede añadir si la receta está dada?, sólo practicarla.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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