Nada que decir

felipe-y-la-nada1Existe la necesidad de escribir y no poder hacerlo porque cunde el pánico, porque el atolondramiento llega como olas que abruman el ánimo ( y el ánima) y no dejan respirar, porque la inquietud por querer hacer las cosas bien, impide que las hagamos.

Ver… el mundo; pocas veces me he detenido concienzudamente a ‘ver’ el rostro de la gente, a escuchar sus palabras, sus jergas, sus conversaciones, ¿de qué se ocupan?, ¿de qué hablan?, ¿de qué hablamos?… del trabajo, del clima, del amor… de la salud, de la inseguridad, de la política, de la farándula. Hablamos de otros y de nosotros mismos, de sus vidas y de las nuestras.

¿Y los rostros?… el ceño bien marcado, la boca compungida, los ojos cansados, las manos vacías y rotas; la respiración sobre la piel, el llanto, el alivio.

 Encuentro miradas pobres en ojos desnudos y miradas culpables en ojos cubiertos por la sombra de algún anteojo oscuro.

El tiempo y el viento pasan, el segundo barre con los minutos del primero; llegó Navidad, la gente se abruma en las calles tras el placer de comprar, se sienta a hacer un balance de su vida, de su dinero, de su felicidad y decide empezar y recomenzar otra vez.

Muy a menudo en los velorios se suele decir: ‘No somos nada’… y sí, ciertamente, no somos nada; somos como el viento cuando pasa; en mil años los seis mil millones de personas que hoy poblamos la tierra habremos muerto; pero, dentro de esa nada hay un deseo de eternidad y hace que nos sintamos eternos, importantes, gloriosos, llenos de esperanza y a pesar de ser nada, no nos falta razón pues en algún punto siempre somos algo. Además la frase encierra una trampa:

decir ‘no somos nada’ podría querer decir que ‘somos algo’ e incluso decir ‘somos nada’, significa que de todas maneras somos algo al ser nada. Mejor no tomar las palabras al pie de la letra, nuestro idioma redunda para ser más claro, pero a veces puede pasar que para algunos, aclara tanto que oscurece.

En resumen: somos algo, claro que sí, somos eternidad.

 

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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2 respuestas a Nada que decir

  1. Kalki dijo:

    Dust in the wind

  2. Josemaria dijo:

    No somos nada! = “…de la nada salimos (polvo)…y a la nada volveremos (polvo)

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