Mi hermana Deli

Los maestros se presentan de todas las formas y con toda clase de disfraces…” dice la señora Elizabeth Kluber Ross; yo tengo una muy especial que desde cuando yo era pequeña se convirtió en esa amiguita predilecta que sintonizaba muy bien conmigo dentro de la familia; hoy, esa maestra, está en el hospital luchando por su vida. Mi hermana Delia.
Siempre sentí que entre Delia y yo había una conexión especial; ella me busca y yo la busco y esto ocurre desde cuando me enseñaba las vocales y los colores en los veranos de los albores de los ochenta, pasando por el tiempo en que nos escribíamos cartas largas sabe Dios diciéndonos qué cuando yo vivía en Tarma y ella en Lima, en ese tiempo yo tenía menos de diez años y ella menos de 22, hasta ahora que voy una vez por semana a dormir a su casa.
Conservo todavía entre mis cosas una tarjeta que escribió con plumones de colores felicitándome por el feliz día de mi Primera Comunión.
Lejos de dejarse morir le hace la guerra al cáncer desde su cama sorbiendo aliento para cantar la marinera San Miguel de Piura o La Flor de la Canela. “Pronto estaré mejor porque Dios nos quiere sanos y fuertes” le dijo sin dramas ni llantos a una colega suya, abogada como ella; y desde la cama planifica su vida, da indicaciones y conversa. Ella tiene el cuerpo enfermo pero el alma muy sana y lleno de energía.
Los que quedamos llenos de asombro somos los dramáticos y trágicos que la vemos sufrir sin complicaciones como quien se pone a hacer sin reclamos una tarea más que le dio la vida.
Desde que supo de su enfermedad nunca la vi llorar por ella o su ‘mala’ suerte; al contrario, se tornó más alegre y festiva, incluso me repitió varias veces que lo que más le dolió en la vida fue su divorcio pero que la enfermedad se la tomaba como algo especial que le había enviado la Providencia y hasta hace poco me dijo: “Dios a mí me ha dado todo, todo… yo estoy muy agradecida con Él, Merce… con lo que sí no contaba es con esta enfermedad terminal, pero soy una mujer de Fe y Dios no me abandona”.
Hoy es más que nunca Delia, con esa generosidad, con esa fortaleza y esa fe titánica que le da suficientes razones para sonreír, cantar y hablar. Estoy convencida de que todas esas virtudes germinaron y florecieron en ella a través del tiempo para prepararla para afrontar este momento.
Le llevamos una radio al hospital con sus CD’s favoritos: Carlos Vives, Juanes, Elvis Crespo, Grupo 5, los villancicos de los niños cantores de Chiclayo (¡ que a las dos nos fascina mucho!) y un disco de Lizando Meza que ella pidió le regalara su amigo secreto en esta Navidad y que Josemaria se desvivió buscando en las tiendas de discos de Lima porque él era el amigo secreto que debía cumplir su pedido.
“Gracias Milagrito”, me dice desde su cama, como una niñita pequeña; “¿por qué eres tan buena?”, me preguntó un día cuando le ataba los pasadores del zapato; “es que yo no lo haría” añadió; y yo le refuté riéndome: “Ja!, no te creo pues tú has ido a ayudar a las hermanas de la caridad de santa de Teresa de Calcuta. Yo nunca lo he hecho, claro que harías eso y mucho más”. “No”, insistió ella.
Hemos compartido fuertemente desde siempre dos cosas que sonarán simpáticas contarlas aquí. Una de ellas es nuestra especial afinidad con la espiritualidad del Opus Dei y devoción a San Josemaria Escrivá. Ella fue la que un día cuando yo era pequeña y estando en Tarma me dio una estampa del Padre y me dijo: “Si tú rezas con mucha devoción esta oración, él te concederá lo que le pidas. Es infalible” yo me lo creí y comprobé que tenía razón y aún estos últimos días he pasado momentos leyéndole las homilías de “Es Cristo que Pasa” aunque a mitad de lectura terminaba durmiéndose.
La otra cosa que nos unía era nuestra especial predilección por las canciones de Jose Luís Perales; tuvo la suerte de ir a verlo el 2008, la última vez que vino a Perú y que yo no pude acompañarla porque estaba trabajando en Chiclayo.
“!José Luis, Te Quiero!” contó que gritaba entre la gente y mi tía muy abrumada le decía: “!Delia, no grites así que nunca más te vuelvo a acompañar a estos conciertos!” a lo que ella replicó: “!Pero es que no digo nada malo, Te Quiero es una de sus canciones más bonitas!” Anécdotas graciosas de este tipo no para de contarlas aún hasta ahora para sacar risas a la gente que la mira asustada o con compasión.
Escuchar los villancicos de los niños cantores de Chiclayo era nuestro pasatiempo favorito en tiempos de navidad y aun mucho antes y después; sin que nos importen las quejas de Juani o Jesu que nos decían: “!Ya nos tienen cansados con los villancicos desde octubre hasta abril!”.
El otro día le dije: “Jishita, te pareces a una bebé recién nacida de tres kilos y medio” porque está gordita y en los momentos en que siente calor o se atora un poco se torna rojita como esas bebés. Ella se ríe y yo pienso que sí, ha vuelto ser una niña que se deja estar en las Manos de Dios a través de todos los que la queremos y estamos muy pendientes de ella. La engreímos más, la cuidamos más.
Estoy resfriada estos días y por eso tengo prohibido ir a verla ni acompañarla por las noches en el hospital; y esto hace que la extrañe pero pronto estaré mejor y volveré a decirle que está como una bebé, que la quiero mucho y que si gusta le leo “Es Cristo que Pasa” o le pongo el disco de Lizandro Meza o le cuento en qué está “Acuarela de amor”, la telenovela que vemos juntas aunque ahora se duerme más y casi no la sigue; porque Delia y yo adoramos las telenovelas brasileras, una afición más que compartimos.
Delia es una maestra que hoy me enseña con su fortaleza a nunca decir “no se puede” y suenan como eco en mis oídos sus palabras: “Sí, Milagro, tú puedes… nunca digas No” con ese optimismo cristiano de quien sabe que el Mal ya fue vencido a mucho tiempo. Ella siempre es la primera en alentar y admirar mi afición por la lectura y por escribir.
La extraño sana, pero allí está, luchando por nosotros cara a Dios ofreciendo su dolor por los que ama, por su hijita Cris que es motor de su lucha. Delia es feliz y está alegre a pesar de los pesares porque ella siempre amó mucho a Dios y a la Virgen, tiene Piedad y eso le ayuda a ver todo desde los Ojos de la Providencia, a tener esa mirada sobrenatural que descoloca a muchos.
Me faltarán siempre palabras, horas y espacio para contar todo lo que Delia trasciende en mi vida. Ayer contemplaba mi dormitorio y quedé muy sorprendida al notar que en cada rincón hay algo relacionado a Delia: Un regalo, una compra o un estilo copiado de ella. “Guau, pensé, si así Delia está metida entre mis cosas, así estará metida en mi forma de ser, en mis gustos, en mi corazón” esa es la influencia liberadora que tuve la fortuna de recibir desde pequeña, de una maestra como mi hermana Delia.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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3 respuestas a Mi hermana Deli

  1. Lourdes dijo:

    Merce ; no tengo palabras en este momento para describir lo que mi corazón siente al haber leído con que dulzura y amor te expresas de tu hermana , prima mía .
    realmente a Deli no tenias que conocerla mucho para saber el gran corazón que tiene y ahora en estos momentos la gran fuerza,fe,vitalidad etc,etc de Vivir venciendo y venciendo cara a cara con esta enfermedad, no muchos tenemos esa fuerza.
    Gracias Prima por darnos a conocer a los demás integrantes de la familia un poquito mas de como es el sentir de Deli gracias a tus experiencias vividas, desde aquí Gracias ……….

    • Lourdes… me alegra que te haya gustado esto que escribí sobre nuestra Delia!… es lo poco que puedo hacer si ella siempre, siempre, siempre fue y es mi aliada. Delia siempre supo ahogar todo mal con abundancia de bien… no se detiene en defectos, ni debilidades, sino en virtudes y en todo lo bueno. Nos enseña ahora mismo vivir valientes cara a a la alegría pase lo que pase.

  2. Padre Horacio Bojorge dijo:

    Querida Mechita:
    Tu post sobre tu hermana Delia es una maravilla y hace de ella un retrato tan vívido que parece que la pones delante del que lee.
    No quiero aquí detenerme con elogios a tu pluma, sino con una palabra de compáñía en tu luto. ¡Cuánto nos arrebata la muerte con el ser querido! Pero también ¡Cuanto te devuelve la esperanza cristiana que te la hace saber en el cielo! ¡Y cuánto su ejemplo de cristiana ante la enfermedad y la muerte!
    Hoy voy a nombrarla ante Los Tres en la Santa Misa y a suplicar que por intercesión de Delia recibas todas las gracias que necesitas.
    Trataré de poner también este mail en tu blog como comentario
    Bendiciones
    Padre Horacio Bojorge

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