Aquel que ha sido Fiel

El amor auténtico se prueba en la lucha y su fidelidad hasta el fin. El amor se manifiesta en la hora de la prueba y es el mismo siempre.
Ese amor fuera del tiempo y que crea el tiempo es el que se celebra hoy, en que siendo Dios se hizo Hombre para redimirnos.
La redención de Jesús es entendida día a día en las cosas que nos pasan, especialmente en aquellas que astillan nuestro corazón. La búsqueda de sentido al sufrimiento es para muchos un dilema insondable, mientras que para los creyentes el sentido del sufrimiento lo da la Redención en la Cruz -la generosidad de Dios para abrazar el dolor inmerecido porque era justo, mas sin embargo, fue castigado como un impío- y especialmente la Resurrección, pues a partir de ésta, Gracias a Dios y su generosidad siendo Hombre, todo lo que sufrimos aquí en la Tierra o en esta vida tiene un fin útil y no se pierde en el absurdo como para algunos existencialistas.
El dolor ya no será más motivo de desesperación y perdición sino ocasión de triunfo y de mérito.
Miles de personas en el mundo todavía no entienden bien cómo a partir del dolor pudo Dios realizar su Plan de Salvación y piensan que el Cristianismo es la religión del sufrimiento porque nuestro símbolo es la Cruz de Cristo, pero esa conclusión es quedarse a mitad de camino. La Cruz nos recuerda que el sufrimiento en el mundo está instalado, pero que gracias al sacrificio del Inocente, ese dolor que antes era castigo, ahora puede ser motivo de triunfo y que aún en medio de él se puede tener esperanza porque Cristo venció la Muerte. Triunfó sobre la noche de la injusticia moral que es el pecado, pues ofende a Dios.
Una vez que Jesús dio su vida por nosotros, cada vez que algo nos suceda, una enfermedad, el desempleo, la ofensa del prójimo, la falta de dinero, el desamor de los que amamos, la ingratitud, etcétera, en vez de desmotivarnos, entristecernos, desesperarnos o enojarnos, deben recordarnos que es ocasión de hacer lo mismo que Jesús, darnos al Padre como ofrenda, para que a partir de esas pequeñas astillas diarias Dios obre maravillas en el mundo aunque no nos demos cuenta.
A partir del martirio que Cristo quiso sufrir voluntariamente, todo en nuestra vida cuenta como una bendición de Dios.
Antes, a un enfermo o desgraciado se le podía acusar de pecador y castigado por Dios; pero ahora, entendemos que no es así, que el sufrimiento y la enfermedad son caminos abiertos y oportunidad para subir la cumbre del crecimiento interior, esa limpieza del alma que nos permitirá ver a Dios aun en las cosas más materiales de este mundo (“Dichosos los puros de corazón porque verán a Dios”).
Así es como Jesús desafía al mundo en el que sólo cuentan las apariencias, pues nos enseña que ningún éxito o fracaso en esta vida es determinante ni definitivo. Que muchos dolores serán ocasión de salvación y muchas aparentes bendiciones, ocasión de prueba.
Nunca tuvo tanto sentido ese dicho “no hay mal que por bien no venga”.
En esta vida no estamos simplemente para ser felices con todos nuestros sueños cumplidos o para que todos ellos se cumplan. Nuestra mirada es muy pequeña y apenas entendemos algunas cosas de todo lo creado, siendo así ¿qué grandeza tienen nuestros sueños si al final el bueno y el malo, el lindo y el feo, el joven y el viejo van a morir? Aquí estamos para Algo Más, para que a partir de nuestra libertad y con nuestra voluntad nos atrevamos a descubrir ese Algo Más que hay detrás de todas las cosas. No puede ser, por ejemplo, que mi vecino de la izquierda tenga todo, no le falte nada; mientras que mi vecino de enfrente en todo le va mal y su vida es trágica. En estos cuadros es preciso contemplar ese Algo Más, porque tal y como muchos dicen, aunque con desazón, justicia no parece haber en esta vida, ni felicidad completa. ¿Será tan absurdo todo para terminar así? Tiene que haber Algo Más.
Ese Algo Más es esa mirada que nos permite ver que el orden natural de las cosas físicas, lo da una Realidad Intangible, y como diría el Principito, eso Importante que es invisible a los ojos.
Una vez así, será posible soportar cualquier dolor y ser valientes y no claudicar ni desesperar porque si asumimos que el mundo material lo es todo en esta vida, los pobres tendrían motivos suficientes para suicidarse, al igual que los enfermos y los desvalidos, pero afortunadamente, no es así, sino exactamente todo lo contrario.
Asumir que todo es pasajero en este mundo la pobreza y la riqueza, la juventud y la vejez es proceder con Sabiduría. Tomar distancia interior de nuestros éxitos y fracasos, nos permitirá vivir con paz; pues si la fortuna más grande en esta vida nos la tomamos a pecho, el día que se nos quite podríamos desear equivocadamente la muerte.
Jesús, más que quitarnos el sufrimiento vino a quitarnos la desesperación y la desesperanza. Más bien, empuñó la espada del dolor y haciéndolo útil nos enseñó que con esa espada podríamos aprender a ser fuertes y fieles hasta el final.
El amor a Dios y a todas las personas y a todas las cosas, nace de esa Confianza que nos infundió con su Entrega y Resurrección. Sin ese amor imposible ser fieles a los preceptos de Nuestra Iglesia, a nuestras tareas como ciudadanos responsables, a nuestros amigos y a nuestros amores humanos. Sin amor, en suma, no hay esperanza, sino desazón, desesperación y deseo de venganza.
Jesús vino a enseñarnos a sufrir no con un mal entendido “amor al sufrimiento”, sino a usar el inevitable dolor que siempre está presente en nuestras vidas, como medio para hacer mérito. No renegar de él sino aceptarlo y vencerlo a fuerza de luchar por el Bien en cada una de las esferas de nuestras vidas. Creer siempre, amar siempre aunque las estaciones cambien o los hombres se cansen; nunca renunciar al bando del Bien aunque aparentemente se vea vencido. Jesús es modelo de amor, de esperanza y de fe; vino a infundirnos esas virtudes para vencer el desánimo en el sufrimiento de cada día, para permanecer en el orden del ser y no del tener, que nos sugiera el mundo.
Las personas dicen que “nada nos llevaremos de este mundo” y tienen razón; mas, sí nos llevaremos algo, pues si algo tenemos, es un alma que irá cargada de nuestros mejores y peores sentimientos y deseos, actitudes y pensamientos.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a Aquel que ha sido Fiel

  1. Josemaria dijo:

    Realmente es una rticulo de lujo, considero yo que lo mencionado aqui es algo muy sierto que en sierta forma los demás no logramos entender, pero que sin embargo es la verdad de todo!… Dios nos bendiga y te bendiga muchisimo a ti!

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