La noticia más poderosa del mundo

La Noticia - Ana Hernando

La Noticia - Ana Hernando

Miro hacia atrás, releo páginas anteriores y veo cómo entonces me arremolinaba contra el presente y noto ahora, cómo estoy reconciliada con la vida, con lo que tengo, con lo que soy y rebozo de contento.
Madurez. Será que, al fin, llegué a esa meseta.
Hace un tiempo atrás, yo quería arrugar el cuadro de la realidad como un papel y tirarlo al bote de basura para comenzar de nuevo y me retorcía al no poder hacerlo. Me hartaba todo: Mirarme al espejo, las calles metálicas de la ciudad, el aspecto de la gente, los colores encendidos de las combis y los carteles en las calles. Quería cambiarlo todo, volver al punto de partida allá cuando tenía diecisiete años, y recomenzar.
Hasta que llegó ese día. Una de las últimas tardes de verano. Pasé por su oficina justo en el momento en que doblaban las campanas de la iglesia Nuestra Señora del Pilar, a dos cuadras. Entré, nos sentamos y comenzamos a tejer con palabras otro universo.
Me ofreció un café, le dije que no y seguimos tejiendo, retocando defectos, añadiendo salidas; rehaciendo sobre lo que ya estaba hecho, porque qué otra cosa es conversar, sino volver a inventar lo que ya existe para entender su sentido y esclarecer los puntos oscuros.
Entonces, me dijo “Estas triste”, la miré con sorpresa y expuse mis razones con desgano y esfuerzo, no tenía ganas de ser clara y mucho menos con ella. Me escuchó con atención, esbozó una leve sonrisa y dio tal inesperada respuesta que me despertó: “¿Y?…” no sé si lo hizo pero hasta me pareció que levantó ligeramente los hombros.
Le pude haber dicho la calamidad más estrepitosa y su respuesta siempre habría sido la misma: “¿Y?…” Tras el golpe y mi desconcierto ante su mensaje cual noticia poderosa e inesperada, me invadió una inusitada paz.
Tenía razón, ¿y?, había algo en su respuesta que me reconectó con el sentido de la vida que yo había aprendido en mi niñez y lo había perdido con el tiempo, porque de pronto, en el camino nebuloso de los años se presentan luces que empañan los ojos del alma.
“¿Y?”… detrás de esa y griega entre signos de interrogación, había un abismo de sabiduría y sentido. Esa respuesta monosilábica, corta, era todo. Lo decía todo.
El hambre de millones de niños, la muerte de cientos de personas en las guerras, el cáncer, el sida, los secuestros, los atentados terroristas que nos acechan, la crisis mundial, la caída del dólar, el subempleo, el desempleo, que hay en el mundo cientos de personas que trabajan en los que no les gusta, dedicándose horas de horas a simplemente ganar un poco de dinero para vivir los fines de semana y alimentar a sus hijos, que hay en el mundo miles de personas que trabajan con entrega y pasión pero que a veces, descuidan a sus familias, que la competencia desleal y codiciosa, que la envida, que la frustración… en ese momento supe que nada podría quebrar ni molestar a esa imperturbable y griega entre signos de interrogación.
Nada. Porque el sentido de la existencia está en otro lado, porque pobres y problemas siempre habrá; la pobreza ya es un problema, pero a menudo olvidamos que el ser humano ha sido diseñado para resolver problemas y que en él está la solución.
El problema mayor es que nos tomamos muy en serio la existencia dentro de estas conocidas dimensiones. Cuando alguien entiende que la importancia de existir está más allá del éxito, de la pena o de la muerte, recién está listo para comenzar a andar; para aportar soluciones, para luchar por la justicia, para defender la verdad, para, en suma, poner las cosas en su lugar. Entonces, habrá esperanzas para terminar las guerras, para encontrar la cura al cáncer y al sida, para amar lo que hacemos, para aceptarnos como somos, para hacer lo que amamos; en todo caso, para conjugar el verbo amar en todos los tiempos y espacios de nuestras vidas.
Mientras sigamos creyendo en el absolutismo de la fatalidad viviremos en el absurdo, porque entonces habrá razones para jalarse de los pelos y rechinar los dientes.
“¿Y?…” Me dijo “¿Qué importa?… piensa un segundo en si verdaderamente no habría más caminos si lo que quieres no ocurre, si lo que cuidas se pierde, si lo que buscas no encuentras.” No pasa nada. En un instante el caos y la ciudad dinamitada que languidecía en mi interior, se reconstruyó. Una luminosa aurora boreal irrumpió en mi noche.
Ese día, sin ella saberlo, me arregló la vida. Una mujer hacendosa, y contemplativa, inteligente de las realmente inteligentes, práctica, de las profesionales realmente exitosas y en medio de todo, sabia. Acechada por la envida de muchos, nada la turba, nada la afana, nada la asusta.
Salí de ahí reconfigurada, y en términos virtuales, cual si un potente antivirus me hubiera limpiado los archivos de la mente y el corazón.
Doblé la esquina, crucé la pista y avancé a paso ligero suspendida por el nuevo redoblar de campanas de Nuestra Señora del Pilar y el eco de esa escueta respuesta que aún escuchaba en mi interior. “¿y?”.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a La noticia más poderosa del mundo

  1. yacira dijo:

    definitivamente hermoso

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