Mal de amores

El lago de los cisnes - Aurelio Echeverría

El lago de los cisnes – Aurelio Echeverría

Me gusta pensar que el amor no se crea ni se destruye, sólo se transforma; porque el amor existe desde siempre y nada lo puede destruir pero sí puede cambiar, puede pasar que con el tiempo, dos amigos se sientan hermanos o dos conocidos, amigos.

Sin embargo, no se puede negar la existencia de las enfermedades del amor, esa larga lista que va desde los celos hasta todo tipo de dolorosas decepciones y el odio, que no mata al amor pero sí impulsa al que odia a salirse del amor; algo así como pasar del ser al no – ser.

Por eso el odio es veneno, porque es la más pura negación del amor, del sentido y de la existencia misma. Aún cuando se cree que la indiferencia es todavía mucho más atroz porque anula al otro como semejante.

Estas son las enfermedades del amor que producen el mal de amores, pero también es cierto que para filósofos como  Schopenhauer, el amor en sí mismo es ya un mal: “ El amor tiene una influencia perturbadora sobre los negocios más importantes. Interrumpe a cada momento las preocupaciones más serias, desequilibra, por un tiempo, aun a los espíritus más grandes (…) Rompe las relaciones más preciosas, quiebra los lazos más sólidos. Hace del hombre honrado un hombre sin honor, del fiel un traidor, pues es un demonio maléfico que se esfuerza por trastornarlo todo, destruirlo todo, embrollarlo todo”, y Leep sostiene que como quejas sobre el amor, el filósofo no carece totalmente de razón.  Sin embargo, aunque Platón (San Agustín y tantos otros) tampoco negaba que el amor podría parecer una avalancha,  sí fue más lejos y reconoció que “el amor posee la fuerza que vence y supera lo puramente carnal, que libera el alma de las cadenas del mundo sensible y la hace subir hasta el Absoluto”

No obstante, el mal de amores se origina en lo dicho por Schopenhauer; esa fuerza pasional del amor que es capaz de romper el equilibrio de nuestras rutinas y de nuestras convicciones y que hoy en día parece ser lo único notable del amor, el desequilibrio que produce en las vidas de hombres, mujeres y familias enteras rotas primero por la infidelidad y luego por el divorcio.

Pero este filósofo se quedó a medio camino, el amor es más, mucho más, pero ¿qué es lo que sucede que la realidad parece darle la razón?

Una de las causas más comunes que provoca el mal de amores es el de la debilidad con que se toman decisiones en las relaciones humanas hoy en día. Se dice o No, pero sin fuerzas. Una aceptación que al final no resulta fiel o una negación que al no ser tampoco firme, conduce a relaciones ambiguas que sólo llevan a la mutua destrucción. Se oye decir somos amigos especiales, para dar nombre a esa relación previa al enamoramiento o yo ya no quiero nada con él/ella, pero todavía se mantiene cierto tipo de vínculo que no es el de la amistad, sino una lamentable ‘relación transgénica’ –ahora que está de moda el término- que no demora en lastimar a todos los implicados. No estamos libres, suele pasarle a cualquiera, y con frecuencia por evitar el sufrimiento y los riesgos que pueden desencadenar ese o ese No, olvidándonos que en todo caso el dolor siempre será inexorable.

El sufrimiento es parte del amor y ese sufrimiento no se comunica ni se transfiere; pero con todo, siempre valdrá la pena sufrir si lo que se quiere es amar de verdad, como dice C. S. Lewis a continuación:

“Amar, de cualquier manera, es ser vulnerable. Basta con que amemos algo para que nuestro corazón, con seguridad, se retuerza y, posiblemente, se rompa. Si uno quiere estar seguro de mantenerlo intacto, no debe dar su corazón a nadie, ni siquiera a un animal. Hay que (…) guardarlo a buen recaudo bajo llave en el cofre o en el ataúd de nuestro egoísmo. Pero en ese cofre (…) se volverá irrompible, impenetrable, irredimible. (…)  El único sitio a parte del cielo, donde se puede estar a salvo de todos los peligros y perturbaciones del amor es el Infierno.

(…) Cristo no enseñó ni sufrió para que llegáramos a ser, aun en los amores naturales, más cuidadosos de nuestra propia felicidad. Si el hombre no deja de hacer cálculos con los seres amados de esta tierra a quienes ha visto, es poco probable que no haga esos mismos cálculos con Dios, a quien no ha visto. Nos acercamos a Dios no con el intento de evitar los sufrimientos inherentes a todos los amores, sino aceptándolos y ofreciéndolos a Él, arrojando lejos toda armadura defensiva. Si es necesario que nuestros corazones se rompan y si Él elige el medio para que se rompan, que así sea(“Los cuatro amores” pp. 135 C.S. Lewis)

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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