Mirada a tres historias

Laura – Adriana Mendoza

Sube una mujer embarazada al microbús, se sostiene junto a un hombre sentado del lado del pasillo y le pide el asiento. El hombre, joven, con un bolso en la mano, la mira y no se levanta; la mujer vuelve a insistir delicadamente por el asiento y el hombre mira a los lados sin saber qué hacer, todo esto durante segundos  hasta que otra mujer, sentada del lado de los asientos individuales grita indignada:

_ ¡Párate, oye, ¿no te das cuenta que está embarazada?! ¡Mírale la panza!…

El hombre sonríe ligeramente y no se levanta, sólo intenta hacerse a un lado para que la mujer pase al asiento de al lado que da a la ventana. La mujer hace un ligero intento por pasar pero no puede y otra vez la voz de la indignada:

_ ¡Párate, ¿no te das cuenta que no puede pasar?! ¡Hombre tenía que ser!

El sujeto se vuelve a mirarla con la misma actitud de relajado y distraído; al fin se pone de pie y la embarazada pasa a sentarse al asiento de la ventana y el hombre vuelve a sentarse a su lado.

Lo que me llamó la atención de ese sujeto es su grado de inconsciencia; menos que malo, parecía un inocente recién llegado a la civilización. Más de una vez me he enfadado como aquella mujer con sujetos que son incapaces de ceder el asiento, pero éste no me despertó ese sentimiento, más bien me dejó perpleja su propia perplejidad; su rostro daba a entender que apenas entendía la realidad, parecía decir ¡ah, no sabía que una barriga grande en una mujer es señal de que está embarazada!, ¡ah, no sabía que había que ceder el asiento!

Sin duda alguna no era ni malo, ni patán ni tonto, era un perfecto distraído.

Ni bien terminó de sentarse la embarazada subió una mujer morena y regordeta al bus. Tenía una nariz ñata que se pronunciaba por la inmensa sonrisa con la que saludó al conductor; delante de ella, avanzaba zigzageando y medio adormilado un joven de unos 16 años, moreno como ella. Casi el mismo rostro, era su hijo. Entonces la mujer se sentó en un asiento vacío y comenzó a hablar:

_ Soy bipolar y sufro de depresión crónica, mi hijo es esquizofrénico y es retrasado mental. Mi hija es como yo, bipolar y también sufre de depresión crónica. Nos estamos tratando en el hospital Larco Herrera. A mi hijo no lo puedo internar porque no cuento con el dinero; pero yo y mi hija trabajamos para salir adelante vendiendo estos caramelos… con esto yo les puedo comprar su champú y darles su almuerzo… Mi hija y yo trabajamos, mi hijo no… es que a él sí le falta un tornillo. – Añadió tocándose la sien.

El discurso siguió mientras yo caía en la cuenta que Llevaba alrededor de 34 años viviendo en Lima y nunca había visto subir a una familia de locos a un microbús para pedir dinero o vender algo. Me hizo gracia cuando lo pensé ¡familia de locos! Y casi comencé a reír, entonces tomé conciencia que mucho se bromea con la locura, que estás loco, que estoy loca, pero en ese momento pude ver el rostro de la enfermedad. Me turbó.

La mujer sonreía como si vendiera dichas. Se incorporó y avanzó como pudo para ofrecernos unos caramelos verdes. Nadie le compró pero la mayoría le dimos monedas.

El joven caminaba mareado en el pasillo del bus, con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido. Recordé, entonces, a un profesor de Psicología de la universidad, cuando nos dijo que cada vez que subía a un microbús por el hospital Larco Herrera él y sus colegas se reían cuando veían subir a algún paciente que salía de libre y se sentaba a lado de la gente; entre ellos se decían: ¿Si supiera esa señora que el hombre que está a su lado está loco? En este caso podía haber provocado la risa interior a más de uno, pero también la cosa era seria… si era verdad lo que decía la señora, que su hijo era esquizofrénico podía ser un peligro inminente entre tanta gente; pero si no hubo quien rió tampoco hubo quien se alarmara.

Pasaron por entre la gente hasta el final del bus y bajaron. Los vi cuando bajaron. Eran casi idénticos.

Son casos extremos de la vida como el que acabo de leer, un fascinante y conmovedor testimonio de conversión en Medjugorje. El de una mujer que creció sin hogar, lejos de la Fe y que para encontrarla antes tuvo que pasar hasta por una secta satánica. Llegó a Dios gracias a un novio católico que encontró en su camino pero que se le murió poco tiempo antes de la boda. Luego, enfadada con Dios por lo que había pasado llegó a una secta satánica donde le encomendaron la feroz misión de matar a una mujer santa en Roma, donde era líder de una agrupación católica. Ella va pero no consigue matarla, porque Chiara, la víctima, al abrirle la puerta le dice: ¡Bienvenida a casa! Milagrosamente la buena mujer había recibió un mensaje de la Virgen en el corazón avisándole que una hija suya que se había perdido estaba de vuelta.

Con el tiempo Ángela –que es el nombre de la protagonista – se convierte y hace votos de castidad, pobreza y obediencia. Recupera enteramente su vida e intenta buscar a su madre, la que la abandonó cuando era pequeña pero grande fue su desolación cuando su madre al encontrarla le dice: “tú para mí no has existido hasta ahora, no existes hoy, sal de mi vida”. Ángela afirma que no sabe qué se siente cuando un hijo le dice no al amor, pero sí puede decir lo que se siente cuando una madre le dice no al amor.

La historia de amor y dolor de Ángela, concluye con su presencia en una de las apariciones de María en Medjugorje, donde la Virgen le dice a través de la vidente, que Ella hace suyo el dolor que lleva pero a partir de ahora, sólo Ella será su Madre.

Ángela se despide haciendo un llamado a los jóvenes, les dice que ella no tiene nada, que todo se lo debe a la Providencia; que no se tema al dolor ni al sufrimiento porque éste se transformará en amor; pues como me dijo una amiga ayer, el amor nace del dolor como de un parto. Todos en algún momento, necesitamos ser vueltos a hacer pero desde el amor.

http://www.virgendemedjugorje.org/testimonio-de-angela-de-la-comunidad/

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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