Dios nunca pierde batallas

El último deseo – Filiberto Montesinos

Siempre me hice lío con el tema de la voluntad de Dios, a pesar de que desde chiquita tuve afinidad con Él. A los doce años mi hermana Delia me puso en las manos la estampa de un sacerdote en proceso de canonización  y me dijo: Si tu rezas esta estampa con mucha fe, él te concederá lo que le pidas. Pero ojo: Con mucha fe.

Recuerdo que tomé a pie juntillas su recomendación y rogué con tal intensidad al siervo de Dios para aprobar Química y aprobé, para aprobar  Computación y aprobé y así, me supo sacar de todas mis dificultades académicas. El padre era milagroso y noté que su mirada en la foto era cariñosa.

Con el tiempo crecí, mi fe maduró y ya no sólo pedía a Dios por aprobar cursos sino por asuntos más complicados y vi cómo algunas cosas ocurrían como las quería y otras no; desde entonces comenzaba ya a formularse la pregunta en mi interior: ¿Qué es lo que quiere Dios?

Me he pasado escuchando una docena de veces a una monjita de Medjugorje instándonos a aplicar la segunda parte de Marcos 11, 24: Por eso les digo, todo lo que pidan en la oración crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. Sor Vicky en Barcelona dice que la mayoría nos la pasamos rogando y rogando pero sin creer que ya hemos recibido lo que pedimos. “¡Comiencen agradeciendo lo que van a pedir, como Santa Teresita, porque si creen ya lo habrán recibido!” y así, al final de su discurso recomienda practicar la segunda parte, creer que ya hemos recibido nuestro pedido. Lo he intentado y sí que es difícil.

Nunca olvidaré un tierno reproche de mi hermana Delia en medio de la tensión y dolor en la familia por su enfermedad: “!Me pregunto si hay alguien que esté rezando por mi curación…!” Recuerdo que quedé pensativa en ese instante, por supuesto nadie respondió. Todos dábamos por perdido el caso, los médicos habían dicho que era irremediable y frente a la crudeza y al peso de la realidad todo parecía indicar que la voluntad de Dios era esa y nada más, y enseguida fui consciente que generalmente cuando las cosas son adversas el comentario de resignación siempre es “Que sea la Voluntad de Dios”, cual si Él se propusiera a menudo llevarnos la contraria. Un día vino a mí una posible respuesta: No sabrás cuál es la voluntad de Dios en este caso pero sí sabes que su voluntad es que reces y reces y no pares de pedir y rogar. En eso no hay lugar a duda. Entonces me puse a pedir mis intenciones confiadamente.

No hace mucho encontré en la Imitación de Cristo la explicación más completa al respecto: 14 junio. Hijo en toda circunstancia di así: Señor, si esta es tu voluntad, que así se haga. Señor, si es para honra tuya, que esto se cumpla en tu nombre. Señor, si es que me conviene y conoces que me es provechoso… La oración continúa: Señor, tú sabes lo que es mejor; que se haga esto o aquello, como tú quieras. Da lo que quieres, cuanto quieres y cuando quieres. Ponme donde quieras y libremente has conmigo lo que deseas. Estoy en tus manos: vuélveme y revuélveme a tu antojo, porque no aspiro a vivir para mí (…).

Alguna vez escribí un post en el que decía que Dios no está para llenar vacíos y ahora añado, que no está tampoco para concedernos nuestros caprichos temporales aunque parezcan buenos. Aparentemente la oración de la Imitación parece contradecir a sor Vicky y  al evangelio de San Marcos, pero no es así. Sólo hay un camino para llegar a la oración y petición confiada y ese es el de la fe. Cuanto más confiados en Dios estemos, cuanto más amemos a Dios, tanto menos nos importarán los resultados de lo que pidamos y habrá entrega, y aún cuando veamos contradicción en las circunstancias frente a lo que pedimos, en alguna dimensión Dios siempre cumple lo de Marcos 11, 24. Siempre da una respuesta, y con el tiempo, aunque nos parezca que nos negó lo pedido, veremos que no sólo nos dio sino que dio en abundancia. Es cuando tiene lugar lo impensado y es cuando decimos: !Nunca lo había deseado!, !nunca lo hubiera imaginado!…!nunca se me había ocurrido!La providencia de Dios siempre da a manos llenas.

Un día Jesús dijo a los fariseos que podrían destruir el templo de Jerusalén pero que  Él lo reconstruiría en tres días. Ellos se escandalizaron, pues les pareció una locura, ¡cómo en tres días! Y sin embargo, lo hizo. Era el diálogo insalvable entre los materialistas que sólo ven con los ojos de sus cuerpos y los espirituales, que siempre ven más allá.

Dios nunca pierde batallas y todo abunda en bien de los que le aman y creen confiadamente en Él. San Josemaría solía decir: “Sueñen y quedarán cortos”. Por eso no hay que dejar nunca de rezar, intentar, insistir, confiar, esperar porque la alegría en Cristo nadie nos la quitará. Felices los que lloran porque reirán.

http://www.virgendemedjugorje.org/?post_type=video&p=3818

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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