Mundo Pequeño

Rutas de la infancia – Inti García Ibarra

Mi sobrino de siete años le dice a mi hermana que de puro nervios parte los borradores en dos cuando la profesora les dice ¡saquen una hoja!, como indicación de que en ese momento darán un tipo de prueba. Este episodio me hizo mucha gracia y pensé en lo tenso que estaría con sus tareas escolares y exámenes y me recordó también las preocupaciones y razonamientos que yo padecía siendo niña y que sin duda hemos tenido todos en la infancia.

Recuerdo, por ejemplo, que en esos tiempos mi mayor preocupación era el fin del mundo; repasaba una y otra vez los días de la semana en el calendario y el ver que nunca terminaban me llenaba de angustia pues sabía que eso un día debía terminar pero ¿cuándo? El día del fin del mundo, sin lugar a dudas, y que probablemente estaría muy cerca según anunciaba la televisión, porque era 1986 y el cometa Halley impactaría con la Tierra en cualquier momento. Viví aterrada durante varias semanas hasta que se me olvidó.

Crecí convencida que de grande sería totalmente diferente a como era entonces, pero hoy descubro que sigo siendo la misma y que tan sólo he cambiado mis ingenuidades infantiles por  ingenuidades adultas; porque los adultos también somos ingenuos en muchos aspectos. Recuerdo lo impresionada que quedé cuando mis tíos compraron el ataúd de mi abuela cuando ésta aún estaba viva. ¡Qué sabía yo de que los médicos habían dicho que sólo le quedaban horas y no había nada qué hacer, salvo prepararse para lo peor!

Las preocupaciones de la niñez, nuestros razonamientos y deducciones hoy causan gracia y hasta ternura. Hace unos días una alumna se me acercó con lágrimas en los ojos preguntándome sobre la dificultad del examen que yo le iba a tomar. Noté de inmediato el drama que vivía y su ansiedad porque ocurriera quizá un milagro que la salvara de desaprobar. Traté de aliviarla sin darle esperanzas, explicándole con serenidad y realismo su situación; insinuándole que todo pasa, que hay cosas peores, pérdidas y carencias más importantes, que no se lo tome como una gran derrota personal, etc. Probablemente no se calmó en seguida pero al verla yo sonreí en mi interior porque me inspiró ternura, era una pequeña asustada de dieciséis años, recién inmersa en el mundo universitario y del estudio intenso. La vi perdida, nerviosa, insegura, reconociendo apenas su presente y su nuevo lugar. ¡Cuántas veces no nos habremos visto en esa situación! Me recordó las veces que pasé por ese transe, no en la universidad, pero sí en el colegio. La angustia y zozobra de que si desapruebas el mundo te caerá encima. No había más drama que ese, ¡qué afortunados!

No es nada, le dije en el camino, esto pasará, asúmelo, te servirá para afrontar otro tipo de dificultades cuando estés más grande, porque ciertamente, ella todavía es pequeña… y de algún modo, todos somos pequeños cuando las adversidades llegan, y cuando pasan, reímos de lo que antes nos hacía llorar y temblar.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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