El demonio del mediodía

Tentación - Inti García Ibarra

Tentación – Inti García Ibarra

Hago eco de una serie de programas del padre Horacio Bojorje sobre la acedia, un desconocido mal considerado incluso el ‘octavo pecado capital’ y llamado por los padres del desierto el demonio del mediodía. Apenas me he enterado yo también y he quedado sorprendida. La lista de programas se puede ver en su blog ‘el blog del buen amor’, uno de mis favoritos.

La Acedia es confundir el bien con el mal y el mal con el bien, muy común en nuestros tiempos, es contrario a alegrarse con las cosas sencillas de la vida e incapaz también de alegrarse en el vínculo humano. El padre da una explicación profunda y muy detallada sobre este mal y yo aquí sólo haré una reflexión sobre lo que voy entendiendo y lo que más me ha sorprendido.

Por ejemplo, hay muchas personas que critican las riquezas materiales de la Iglesia Católica, contrastándolas con la pobreza en el África o en otros rincones del mundo, dejando entredicho con esto que la Iglesia no hace lo que predica.

Siempre he querido responder con un argumento sólido a esta cuestión, sin embargo, sólo ahora he encontrado la manera. Hay un pasaje bíblico que pinta enteramente este cuadro. Una mujer vierte un perfume caro a los pies de Jesús y Judas Iscariote critica el gesto argumentando que ese perfume debió venderse para luego dar el dinero a los pobres. Me he preguntado muchas veces si aquellos que critican a la Iglesia con ese argumento serían capaces de dar su sueldo entero para disminuir la pobreza en el mundo y si en el fondo realmente consideran que esa sería la solución; y en segunda instancia, ¿quién que ame no gastaría una fortuna y lo daría todo por su amado? Maridos que gastan miles y millones en adornar a sus amadas mujeres, fanáticos de artistas del momento que se endeudan por pagarse una entrada en primera fila para ver a su ídolo. Todo esto muy lícito, muy humano, tanto como querer darle lo mejor a Jesús Sacramentado, verdadero Dios – ¡el mismo Dios! – y verdadero Hombre que  ha venido a quedarse con nosotros en la Tierra hasta el fin de los tiempos.

Qué duda cabe que el Cristianismo no es humanismo puro (un partido político que defiende a los pobres) sino que es divino, pues Cristo vino a redimirnos de una pobreza más honda y seria que la pobreza material. Judas con el comentario que hizo distorsionó la verdadera percepción de la realidad. Confundió bien por mal guiado por la malicia de su corazón.

Esto mismo ocurre en otro orden de cosas. La famosa pregunta ¿qué de malo tiene? Cuando se quiere cruzar las fronteras del bien o cuando queremos justificar una decisión como la del aborto en nombre de algo supuestamente bueno como evitar que haya un niño más sufriendo de pobreza o de hambre en el mundo.  La acedia es un pecado muy moderno y activo, metido en todos lados y probablemente todos hemos caído en él de alguna manera, como cuando se mal aconseja a una mujer para que devuelva mal por mal las injusticias de su marido o cuando con mucha facilidad se le recomienda que se divorcie sin analizar bien los factores, basados en la revancha o en un pragmatismo trivial.

Me pregunto si la acedia no será eso mismo que Hanna Arendt llamó ‘la banalidad del mal’ para referirse a la conducta de los soldados nazis en la II Guerra Mundial. Ellos no sentían culpa por los crímenes que cometían y más bien se sentían muy cumplidores de su trabajo. Considero que no le hago mal a nadie, ¿le  hago mal a alguien?

El padre Bojorje sostiene que acedia también es sentir pena o envidia por las cosas o éxitos que no se han logrado en la vida y que por este motivo la depresión es la enfermedad más característica de nuestra generación. Sentir esa tristeza desmedida por lo que no se logró es quedarse con una mirada chata de la vida, sin contemplar siquiera que hay un sentido que guía el curso y los acontecimientos de nuestra historia personal que explicaría la razón de carencias, derrotas, opulencias o éxitos. Es la no aceptación de la Voluntad de Dios, a la misma que llamó la serpiente a Adán y Eva cuando les plantó la duda a través de una maliciosa reflexión: ¿Para qué obedecer?, ¿por qué no quiere que coman de ese árbol?

Por otro lado, esa incapacidad para celebrar los vínculos; dolerse más por las cosas perdidas que por la pérdida de nuestros amigos o familiares. Valorar más los intereses que los afectos humanos. Todo esto, claro, conduce inevitablemente a una amargura e insatisfacción interior que luego, sólo se busca llenar con fiestas de evasión, celebraciones frenéticas que en realidad no son auténticos festejos humanos.

A lo mejor, vuelvo con el tema pues ésta es apenas la punta de un tremendo témpano de hielo enquistado en nuestra sociedad, pues es la epidemia de nuestros tiempos. Maldito el hombre que llama bien al mal y mal al bien.(Isaías 5, 20 – 21).

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a El demonio del mediodía

  1. lola dijo:

    yo lo entiendo pero en el caso de la iglesia, hay personas que dan ese comentario muy seguido yo soy una de ellas y no le saco razón pero hay muchas que hacen un bien común pequeño pero valioso siendo que el Vaticano puede hacer un bien mucho mas grande y valioso, si pensamos bien hasta en roma hay gente necesitada que acude a sus templos por ayuda y la mayoría de la gente encuentra esos templos cubiertos de oro y túnicas de cristal, pidiendo soporte a dios y llegando a casa con los estómagos vacíos entiendo eso de la adoración y por tanto querer dar todo al creador pero el acaso nos dio todo gracias a lo material? no fue así el nos lo da todo gracias a la fuerza de la espiritualidad un dios que esta en todos lados deberían adorarlo espiritualmente y no hace falta un templo de oro para hacer eso, la iglesia no es la base de la creencia esa es la fe.Por eso algunos se sienten ofendidos hacia la religión y sus perjuicios, Yo creo en dios y no en la religión.

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