Tu sola Presencia

Confianza – Gudea de Lagash

Más que nuestras palabras, comunica nuestra presencia y ésta trasmite lo que somos en esencia y nuestra manera de amar la vida; sobre esto y otros aspectos importantes reflexiona la teóloga alemana Jutta Burggraf  en un artículo titulado Comunicar la Identidad Cristina en una Sociedad Postmoderna, donde hace un análisis sobre la comunicación y lo que trasmitimos los cristianos.

En un momento dado cita a D. Bonhoeffer “Quien huye del momento presente huye de la hora de Dios”, para referir que así como en toda comunicación es importante el entorno, para un creyente es importante contar con la realidad, criticarla, desafiarla, pero también amarla para a partir de ella hablar de Dios. Amar el mundo caótico en el que vivimos es la clave si lo que queremos es cambiarlo para y por amor de Dios; hacer lo contrario sería huir de Dios, pues el único lugar del tiempo en el que Él se manifiesta vívidamente es el  Presente.

Explica el Postmodernismo como el final de la Modernidad y la antesala del comienzo de una etapa nueva de la historia, la misma que puede ser oportuna para llevar a las personas al encuentro de Dios y esto, afirma, implica tener en cuenta los deseos y necesidades humanos manifestados en el presente: “Podemos preguntarnos, ¿por qué esta o aquella ideología atrae a tanta gente? Ordinariamente, muestran los deseos y necesidades más hondas de nuestros contemporáneos (que son nuestros propios deseos y necesidades). La teoría de la reencarnación, por ejemplo, manifiesta nuestra esperanza en otra vida. La meditación trascendental enseña cómo uno puede apartarse de los ruidos interiores y exteriores; y los grupos skinhead o cabezas rapadas, al igual que los punks de los 80 (y 90), los góticos de los 90 (y 2000) y los raperos de hoy ofrecen una solidaridad –un sentido de pertenencia- que muchos jóvenes no encuentran en sus familias”.

Me gustó, también, su profundización sobre el quién del proceso comunicativo cristiano. ¿Quién dice?, el emisor. Que no es otro que el portador del mensaje pero que no sólo lo lleva en su lengua sino en su personalidad; se pregunta ¿qué destila esa personalidad?, porque sabemos que el ser humano apenas comunica con las palabras mientras que el 80% lo dice de modo no verbal. “La presencia de una persona madura y amante imparte la enseñanza más importante. No se tiene que ser perfecto, pero sí auténtico”, sostiene Burggraf y esto me lleva a recordar a Ignace Leep cuando habla de las influencias que esclavizan y liberan. Siempre me ha dejado impresionada esa realidad en la que la tan sola presencia – ni siquiera actitudes, apenas un gesto, quizá – puede influir tanto en un ambiente y transformarlo.

Para llegar a semejante trascendencia que suele ser inconsciente e involuntaria, esa personalidad tiene que haberse cuajado en las distintas experiencias que se atraviesan en la vida. “Ninguna experiencia de la vida es en vano, nos sirven para comprender  y consolar a otros. ¿Cómo puede comprender y consolar quien no ha sido nunca destrozado por la tristeza?”, sostiene convencida de que los errores cometidos, los dolores sufridos y todo lo favorable o adverso que nos pueda suceder nos ayudan a ser más útiles para Dios y para los demás. Cita a Gerturd von Le Fort “Hay ciertas flores que sólo florecen en el desierto, estrellas que sólo se pueden ver al borde del despoblado. Existen algunas experiencias del amor de Dios que sólo se viven cuando nos encontramos en el más completo abandono, casi al borde de la desesperación”.

Pero la clave de todo esto es haber crecido en un ambiente de amor y de aceptación, de lo contrario, en el futuro, esa persona no será capaz de establecer relaciones duraderas ni de trabajar con seriedad, dice la autora.  Por esto, se debe procurar que todo niño sienta el amor de Dios a través de sus padres y se cumpla lo dicho en Isaías: Eres precioso a mis ojos, de gran estima, yo te quiero… en la Palma de mis manos estás tatuado (Isaías 43,1 -4 y 49,15-16).

“Cuánto puede transformarse una persona si se le da confianza. Animar al otro a ser mejor a través de una admiración secreta y silenciosa”, sostiene Burggraf,  es la clave para que aquella extraiga toda su esencia valiosa y sea feliz y haga feliz a los demás.

Por otro lado, dice, los cristianos no debemos hablar de la verdad desde afuera, como quien se impone o se siente encima del resto, sino buscar la verdad junto al otro ya que la sinceridad puede más que la seguridad. Es decir, más que mostrarnos seguros y autosuficientes, se debe buscar ser auténticos y sinceros dando a conocer nuestra vulnerabilidad para que el otro corresponda en la misma media y se dé el milagro de una comunicación – puesta en común – auténtica.

Para todo esto, es importante tener siempre presente que la verdad sólo procede de Dios y está en todas partes, tal como decía santo Tomás “lo bueno puede existir sin mezcla de lo malo; pero no existe lo malo sin mezcla de lo bueno”, pues aún las personas con ideas diferentes pueden aportar algo de la verdad, porque la verdad es una Persona, la verdad es Cristo y en todos está su Presencia.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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