Formas de amar

 

Principito – Laura Molina

Hace horas me enteré que el amor es más importante que la felicidad; y es que lo leí en el libro más sagrado, la Biblia. Digo, me enteré porque suena a primera noticia. Qué mal andamos hoy los mortales yendo tan solo detrás de la felicidad y creyendo  encontrarla  en las criaturas o en las cosas. A veces pasa, que la persona o la cosa no son más que el envoltorio que ‘rompemos’ para descubrir esa felicidad perdida y escurridiza que se esconde como las sombras con la lumbre.

No buscamos dar, amar,  ofrecer el corazón, no. Vamos detrás de lo que nos interesa, de eso que nos satisface en los otros y en las cosas no a por ellas mismas, como dicen los españoles. Y encima, esa confusión de felicidad con satisfacción gustativa, olfativa, visual, sensitiva y nada más, nos deja más extraviados que al principio.

En el fondo no buscamos nada que vaya más allá de la piel y todo lo hacemos desde nosotros, con nosotros, por nosotros para nosotros, en nosotros, es decir, en todo nos buscamos a nosotros y sólo a nosotros.

El amor es más importante que la felicidad. La felicidad sólo es una consecuencia del amor y sólo en el amor se encuentra, fuera de él, no está. Un día hace años en una tarde de plática una amiga me dijo: “Cómo extraño estar enamorada… aunque sea de un imposible, ¡es que hasta el sufrimiento por amor es tan exquisito!…” y es que el amor a veces suele ser el más amargo de los dulces y es algo que el alma egoísta no resiste.

A estas alturas sospecho que la mejor forma de amar es haciéndonos nada, sabiendo perder, renunciar, dar el brazo a torcer, ¡es tan difícil! pues lo que nos dice el mundo es que no debemos perder en nada, que en todo debemos ser exitosos. El éxito es un valor muy difundido pero que mal entendido puede llevar a la soberbia. “!Yo no pierdo, yo gano, yo siempre gano… soy abogado es mi trabajo!” grita Kevin –encarnado por Keanu Reeves- en la película “El abogado del diablo”; luego muy divertido e irónico dice Al Pacino en su papel del mismo diablo: “!Vanidad, mi pecado favorito!”.

El amor más de las veces es perder, renunciar, es padecer la generosidad y después de todo esto que duele horrores y que es morir antes de morir, de un momento a otro, el día menos pensado… ¡asoma la felicidad como el sol por la ventana!… pero se trata de una felicidad descabellada y sin sentido porque se piensa: “Pero si perdí… ¿por qué me siento… feliz?”.

¿Qué cuantas formas de amar hay?, pues creo que una, la del propio despojo.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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