El alma de las cosas

La cocina de la abuela - María Antonia Gómez Pineda

La cocina de la abuela – María Antonia Gómez Pineda

¿Qué dice de cada quien el lugar que se habita? Los detectives o los hombres de criminalística saben de esto. Entran a una casa o una oficina y comienzan a observar las superficies  y a escudriñar los rincones. Todo les dice algo. Un chicle tirado desde hace meses en una esquina, la colilla de cigarrillos de dos días antes,  la forma en que está doblada la ropa y hasta el grosor del jabón en la ducha.

Ayer en una interesante charla escuché decir “la presencia de tu marido habla de ti” y que más allá de cómo deberían ser las cosas, la realidad es que, según se dijo, el hijo mayor de una mujer es su propio marido y que con él ha de aplicar mucho de nutrición y pedagogía.

Se sabe que los hombres son un universo complicado; pero aún así me causó asombro lo dicho. ¿Cuáles son las cosas que hablan de uno y cuánto?  Pensé en los objetos de casa, en los adornos, los cuadros, en los libros, en la distribución de los muebles, en el polvo sobre las repisas y hasta en los insectos del jardín. Todo eso y más habla de la dueña de esa casa, de su vida, sueños y temores  y también, qué duda cabe, la cara limpia y bien lavada de sus hijos, su ropa bien cuidada y la sonrisa o el semblante sombrío en sus rostros. El hogar y sus miembros hablan de la mujer, de la madre, el centro y la órbita de ese mundo aún cuando cada cosa en esa casa y cada ambiente hablen también de los demás.

El hermano de García Márquez ha declarado que éste sufre de demencia senil; sin embargo, el docto Huertas afirma que no hay enfermedad neurológica con ese nombre, que es una referencia antigua a uno de los tantos tipos de demencia que existe y que se presenta generalmente en la vejez. Lo cierto es que, por lo que fuere, el prodigioso autor del Coronel no tiene quien le escriba está comenzando a olvidar, a no reconocer espacios ni tiempo, a desentender el significado de los olores de su hogar y otros perfumes; y a lo mejor, hasta el orden de sus cosas, que le hablaba de su pasado y presente, ha enmudecido.

Hace unos días comentaba sobre mis ‘inmortales’, pero es que en verdad, ¿cuándo empieza la muerte si no es con el olvido? Recuerdo una de las últimas miradas de mi hermana en su lecho de muerte. Me miró, me movió las cejas, paseó sus pupilas por mi rostro y no dijo nada, no hizo nada. El atroz efecto de la morfina le había rasgado la memoria, la despojó del ser y el estar. Los verbos cardinales.

Me miró un minuto eterno, serenamente, hasta cuando me acerqué a su oído a decirle cosas antes de depositarle un beso en la frente.

Pero es verdad que tras la muerte o la ausencia, las cosas nuestras hablan de nosotros aunque ya no a nosotros mismos, porque nos habremos ido.

“La presencia de tu marido habla de ti”, porque la mujer está en el detalle, porque es el sostén, el alma de la vida, porque es ella el núcleo del amor que lo mueve todo. Los hombres tienen otros encantos.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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