Fórmulas para lo inexplicable

Conversaciones sobre el futuro - Xenia del Águila Albacete

Conversaciones sobre el futuro – Xenia del Águila Albacete

Una amiga me cuenta las sinrazones de sus enfermedades. Ahora resulta, me dice, que tengo calcificación de los pulmones y eso sólo da a los que han tenido tuberculosis y yo nunca he sufrido esa enfermedad.

Entonces como pensando en alto le pregunto ¿te has puesto a pensar en cuántas personas habrá en el mundo, ahora mismo, pasando por lo que tú estás pasando?

El silencio me ayudó con la pregunta, el silencio que desbordaba mi entorno y me llevó a pensar en todos los que viven en la misma franja horaria que yo, en todos los que atraviesan por lo mismo que yo, en todos los que compartimos el mismo idioma, el mismo cielo de esta tarde limeña, el mismo clima… la misma estación, y también, en los que compartimos la misma esperanza.

No estamos solos aún cuando nos sentimos solos; pero es que no sólo de soledad sufre el hombre, sino también de cosas extrañas como en el caso de mi amiga. Sus achaques que son más que eso y no tienen explicación. Así es como todos vamos por la misma ruta, haciendo las mismas pisadas, compartiendo las mismas melancolías y hasta los mismos temores.

¿A cuántas más les sucede lo que a mi amiga Inés?, hay enfermedades hereditarias pero ese no parece ser su caso. Mi hermana sufrió un tipo de cáncer no hereditario que toca a uno en un millón y hace dos noches vi en la televisión el caso de una niña de trece años que sufre de progeria, envejecimiento precoz, una extraña enfermedad que ataca a un niño entre ocho millones aproximadamente, aunque apenas se tienen datos exactos.

Aún en esas circunstancias no estamos solos ni somos los únicos y es que todo debe tener una explicación aunque todavía oculta como en el caso de Inés, que por razones obvias ya casi lo atribuimos a ‘seres de otros lados’ que desean acabarla porque ya hace rato que ella llena de mucho bien la esquina del mundo que habita.

Un dato curioso me dio mi peluquera hoy.  Me decía que el limón es bueno para la caída del cabello y de ahí, quizá por libre asociación, pasó a contarme de cómo hace muchos años se curó de una verruga en la mano con diez granos de trigo. “Pero los granos tenían que ser robados”, dijo, así que los robó. Pensé en la sabiduría de la medicina de nuestros ancestros, pero también dicha condición me alertó que de ahí a la magia, sólo había un paso, ¿por qué debían de ser robados?, ¿Por qué justamente… robados? No, dije, eso no me gusta. Pero es que así son algunas soluciones caprichosas de la vida. No hay ciencia que las explique pero sí quizá, un temor de Dios que las detenga.

Le conté, yo también, una receta de esas que otra mujer, años atrás me dio para dejar de ser miope. Me había dicho que la primera orina de la mañana era buena para enjuagarse los ojos mientras se le rogaba a santa Lucía para recuperar la visión, que ella lo había hecho durante ocho meses y le había dado resultados.

Mi peluquera quedó asombrada y me preguntó: ¿Qué virgen dices que es? Le dije que era santa Lucía y preguntó otra vez: Pero, ¿qué hay que rezarle, acaso algún Padrenuestro o un avemaría?

Noté que ella quería la fórmula exacta y hasta dijo que se compraría la imagen de esa “virgen”. Entonces me acordé de un escritor al que le ocurrió algo parecido con su peluquero, cuando hablando de santos, descubrió que aquél llamaba ‘virgen’ a todas las santas.

El caso es que de inmediato fui consciente de cómo la gente busca fórmulas para solucionar sus problemas, para llenar sus necesidades, y que están muy abiertas a aprenderlas paso a paso si con eso van a conseguir lo que quieren. No importa si vienen del Bien o del Mal, la cosa es que funcione. Qué impresionada quedé de lo infantiles que somos y de cómo nuestra naturaleza humana busca constantemente creer en algo, tal como me contaron de aquel bebé recién nacido que en cuanto se sintió inclinado al pecho de su tía, buscó instintivamente su seno para lactarlo. Del mismo modo, estamos diseñados para creer.

Nacemos con hambre para aprehender no sólo alimentos sino conocimientos para dar soluciones y respuestas a los problemas de la existencia, ese es el instinto que nos mueve; pero por suerte, la realidad nos desafía constantemente. Las fórmulas no lo son todo, no siempre dan resultados los trueques o chantajes que encierran, será porque la vida se empeña en demostrar que es mucho más profunda y misteriosa que nuestra perspicacia.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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