Dar vida, dar la vida

Esperando nacer - Marco Ortolán

Esperando nacer – Marco Ortolán

Ayer dije algo que me gustó. Estaba en una reunión cuando hablando de pasiones dije “Adoro escribir; claro, no se puede vivir de eso… pero sí se vive para eso” y hoy me encontré con la sagrada frase de una mujer italiana que retrasó sus tratamientos para combatir un cáncer con el fin de proteger la vida de su neonato, ella dijo: “No quiero morir por Francisco, sino dar mi vida a Francisco” La historia de Chiara la encontré completa en el blog del Buen Amor, pero esa frase me la describió de un tirón.

También quedé complacida con el sabor de lo que dije, es bueno saber para lo que se vive, es bueno saber si vivimos para eso que nos conecta con nuestra quintaesencia. En mi caso, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la pobreza y en la riqueza escribir me salva; tejer con palabras y sílabas la historia, el anécdota, el sentimiento y  todo siempre desde una inequívoca fuente -ya una  mirada en la calle, ya el Canon de J. Pachelbel en el oído-  me conduce al mejor consuelo y el mejor aliento para seguir existiendo.

Se vive para las pasiones íntimas, para ir a su encuentro y abrazo cada día, porque esas actividades apasionantes son los pequeños trechos por donde se atisba mejor el Paraíso.

No se trata de morir por nada ni por nadie, sino de dar vida y darla en abundancia a través de lo que amamos y de lo que hacemos, como lo enseña la heroica Chiara Corbella. Ella dio la vida por su hijo, mejor decir: ella dio la vida a su hijo y cambió su mejoría por su niño aún no nacido.

¿A caso no es lo que toda madre haría?, ¿qué madre no renunciaría a su vida y bienestar por el bien de su hijo? Fue la actitud más natural y al mismo tiempo, la más heroica para los tiempos en que vivimos, en los que se está lejos de obedecer a la ley de la naturaleza humana.

¿La muerte?, ¿el dolor?, no son nada para quien ha encontrado un sentido y ocupa el tiempo haciendo la actividad para la que fue llamado. Quizá esas ocupaciones diarias sean los instantes en los que nos preparamos para, si llegara el caso, darlo todo si se nos necesita. Estoy segura que el heroísmo de Chiara no fue producto de la inspiración azarosa de un instante, sino el resultado de una existencia consagrada a la alegría y al arte de amar; porque sólo así, de modo inexorable, se puede explicar ese amor que desembocó en una enorme catarata de generosidad, tras haber renunciado durante todas las horas de su vida a recorrer un camino de egoísmo.

Chiara inspira a vivir para lo que hacemos, para los que amamos, Chiara inspira a abrazar con amor maternal nuestra existencia entera. Ahora que lo pienso, quizá el amor de madre sea el único modelo de incondicionalidad para todos los demás amores.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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