El Jacal de los Pastores

La siesta - Visitación Castillo Eguía

La siesta – Visitación Castillo Eguía

El jacal es ese sitio en el que se refugian los pastores mientras cuidan a sus ovejas. Ahí fue a dar la morena bonita buscando a su amado pero sin encontrarlo, cuenta el Cantar de los Cantares. No lo encontró ahí donde los pastores se protegen del calor, de la lluvia o el frío, el lugar donde ‘se está bien’. ¡Qué cosa es esa de estando tan cerca no poder encontrarlo!

La morena bonita no es otra que el alma nuestra, había dicho, y los jacales los lugares o cosas buenas que ocupamos y hacemos que brindan comodidad,  seguridad y la sensación de que se es bueno y se está bien.

El detalle es que el Novio no está ahí y hay que seguir marchando y seguir buscándolo.  No basta con lo que la chica hace, no basta con cumplir las normas religiosas (ir a misa los domingos, rezar el rosario todos los días, confesarse una vez al mes, dar limosna, etc.) pues ya el Novio había reprendido severamente a los fariseos cuando les dijo ¡Pobres de ustedes fariseos! Ustedes dan para el templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios. Esto es lo que tienen que practicar, sin dejar de hacer lo otro. (Lucas, 11, 42).

A veces se pierde la perspectiva y se piensa que con lo que se hace es suficiente y siempre con el deseo y el pensamiento puestos en estar e ir donde ‘se está bien’.

Por otro lado, están los que no son de seguir normas religiosas conformándose con su bondad natural y sintiéndose hasta mejores que los que las siguen; suelen decir: “Esos van a la iglesia y sin embargo son menos honestos y justos que yo”. No saben que igualmente caen en el fariseísmo como aquél hombre que se presentaba ante Dios como más justo que el pobre humilde que suplicaba perdón a su lado; olvidando también, la última frase de Jesús en Lucas 11, 42: “(…) Esto es lo que tienen que practicar, sin dejar de hacer lo otro”  Es decir, que nunca estará de más seguir los preceptos.

En esas estaba cuando fui consciente de algo. En mi vida me he cruzado con personas bondadosas, a las que he sentido claramente mucho más buenas que yo y algo  me decía dentro: “Mira, sin necesidad de hacer todo lo que tú haces (cumplir tus preceptos) ellas son más buenas que tú. No creen en Dios pero son ejemplares”, ¿con qué cara yo iba a hablarles de la fe si ellas sin necesidad de creer podían darme una cátedra de bondad?

La respuesta a esto me la dio el padre el Villarroel. En muchos casos esa bondad no es más que buena educación o buenos modales. Son gestos y actitudes que sencillamente por cultura las personas han aprendido muy bien, pero no las mueve el amor a Alguien.

Esperando - Ignacio Diez del Corral Martínez

Esperando – Ignacio Diez del Corral Martínez

Una cosa es buscar ser buenos o hacer el bien solamente por ‘sentirnos buenos y sentirnos bien’ o porque ‘así me lo enseñaron’ y otra distinta, por amor a Alguien. (Sin duda, las personas bondadosas de descubrir ese Amor Divino, llegarían a santas).

Y por otro lado, no se viven los preceptos religiosos para ser buenos como quien va al gimnasio para conseguir una apariencia física atractiva. Se viven los preceptos porque son medios para llegar a Alguien, para un Encuentro. No para sentirnos o mirarnos en el espejo diciendo: ¡Oh, qué buena persona soy! La diferencia radical está en el sentido.

En consecuencia, ante mis ojos la luz cayó sobre una realidad, no hay persona en el mundo que no ande buscando desde siempre ese Encuentro, esa ‘re-unión’ (religión  significa re- unir) para alcanzarlo y reunir su alma con su Fuente.

Esta conclusión sirve como indicador para no quedarnos conformes con sentirnos ‘buenitos’ después de encender una vela a un santo o porque al contrario de la vecina que se golpea el pecho todo el día, yo ayudo a los ancianos de un asilo o sencillamente, me porto bien. Los jacales son buenos, pero el Novio no está ahí.

El quid está en encontrar el Sentido que está todavía más allá de toda bondad y perfección. Los que llamamos santos no llegaron a tales por ser simplemente ‘buenos’ sino porque amaron al Novio que no es un Dios ‘energía’ fuente de bondad, sino un Dios – Persona que fue a su encuentro, los llamó por sus nombres y los amó hasta el extremo.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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