Tren a la eternidad

Nostalgia - Antonio Prieto Borrego

Nostalgia – Antonio Prieto Borrego

Como subidos en un ferrocarril al cabo de diecisiete meses arribamos otra vez al campo santo. Ahora para dejar a Rocío a que descanse en paz entre pinos y verdes prados, ya que fue llamada de urgencias a la eternidad hace un par de días, justo cuando se hallaba en la plenitud de su vida, siendo madre desde hace cinco años, esposa desde hace quince y maestra desde hace un poco más.

Mi hermana llama, ¿qué pasa?, le digo, nuestra juventud no supera la barrera de los cincuenta, mientras que nuestros ancianos ya casi son inmortales. Surge en pleno la conmoción. Fue sacada Rocío de entre las filas de ‘los jóvenes sanos’, por un cansancio, una fiebre y una gripe menuda  que sumados llevaron al fatal diagnóstico de una leucemia terminal. Dos meses bastaron para el desenlace de hoy.

La muerte pasea entre nosotros todos los días aunque no queramos verla. Nos atisba, nos estudia, nos espera. Nos acaricia suavemente las cabezas mientras dormimos.

Qué duro tenerla presente, qué difícil asumir que la eternidad no es como la imaginamos sino diferente, no está en este paradero sino en otro o que sencillamente, no sea.

¿Qué tememos de la muerte? sino su color imprevisible o su inefable invitación a la temida inexistencia. La muerte es negrura, desesperación, desprendimiento de lo que amamos y con esfuerzo, decimos, ¡pero también es esperanza!

Sobre las postrimerías san Josemaría dice: “¿Has visto en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad. Un día, la hoja caída serás tú”

De viaje - Francisco García - Valenzuela B. de C.

De viaje – Francisco García – Valenzuela B. de C.

Ahora comienza la convivencia con lo que ella dejó, su aroma eterno de mujer sencilla y reservada, los colores imperecederos de sus ojos dulces, su sonrisa y su suave voz como siempre agradecida y un deseo a mis oídos de hace dos años: “Queremos que seas madrina de bautizo de nuestra hija” Si es lo que querías, Chío, así será.

Al final de esta tarde depositamos su cuerpo en tierra pero no hubo último adiós. Es que el adiós no existe como dijo Gibran. El adiós no existe y menos ante la muerte.

Mi primo dio el grito  “Te amo, esposa. Sólo enséñame a vivir sin ti” Es la nostalgia del futuro, de lo que será a partir de ahora. En el pasado quedaron los momentos, las risas, la respiración, la vida entera y en el presente, el frío viento de su sorpresiva ausencia.

Es difícil entender, por su juventud, que todo estaba consumado, más bien parece que fue arrancada del suelo húmedo y fértil de su jardín en pleno sol de mediodía. Suele pasar, la partida temprana deja ese regusto de inconformidad así como cuando se frustran los mejores planes justo ahí cuando estaban a punto de suceder.

Dejamos la pradera verde, un paraje inusual en la cruda Lima y nos subimos otra vez al ferrocarril del tiempo hasta su próxima parada.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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