Experiencia combi

Rodando por Londres - Christian Zaid

Rodando por Londres – Christian Zaid

No ha estado en Lima quien no se ha subido a una combi (o a su variante ‘custer’) y se entregó a su vertiginoso paseo, surcando temerariamente las calles variopintas de la laberíntica ciudad. Aunque la combi está en cualquier lugar de Perú, recuerdo ahora  las combis en Chiclayo donde había que doblarse para ir parados y apiñados unos con otros, o las del Norte o Sur chicos. Pero la combi no es combi sin su cobrador pregonero ni sin su música cumbiandera, en el que el pregonero boletero se pasa la jornada cual ascensorista sobre ruedas, gritando ¡sube! y ¡baja! Sin apenas parar, subiendo y bajando todos al vuelo.

Esta es Lima, ésta ha sido siempre, aunque ahora va dejando de ser; lo advertí hace unas semanas cuando por la noche caí en la cuenta de que tres veces seguidas había subido a esos nuevos servicios de transporte urbano, microbuses diseñados precisamente para eso, y sin necesidad de que yo los haya elegido o esperado. Entonces estuve segura de que la ciudad estaba cambiando.  Sin embargo, los cobradores siguen siendo los mismos, improvisados, ruidosos y algo rudos y la música igual de estridente.

Ahora contamos también con un tren eléctrico que cruza la ciudad por los aires y el metropolitano, que es un servicio especial para distancias largas, buses de calidad con paradas fijas; y para los buses que experimenté, paraderos formales aunque  todavía no tan bien respetados, pues aún prevalece la mala manía de parar donde no corresponde.

En suma, estoy siendo testigo del proceso de cambio de uno de los rasgos genuinos de nuestra ciudad y por tanto, de nuestra cultura, ese rasgo informal que nos caracteriza como grupo y que se hacía tan concreto y evidente en el uso cotidiano del transporte público.

Paseo en combi - Roc V

Paseo en combi – Roc V

Una informalidad que nos salvó en tiempos del caos y de la desesperación social en que miles de peruanos fugaron al exterior y otros miles quedándose se aferraron a ella para salir adelante, tiempos en los que esperar el cumplimiento de las reglas era quedar retrasado.

Hoy, esa informalidad parece que finalmente ha dado sus frutos, permitiendo a la sociedad alcanzar puntos de progreso, el mismo que  obliga a volver a las buenas formas, hábitos y costumbres. Cuesta como costaría, desde luego, seguir una ruta lineal luego de haber andado cortando camino, por trechos sin asfalto; pero es parte de lo que hoy nos toca y enhorabuena.

La combi es un espacio reducido pero también escenario de inagotables anécdotas cotidianas entre los limeños (y todos los peruanos) – ¡lo que habría dicho y escrito Ricardo Palma si la hubiera experimentado-  que quedará en la memoria de la ciudad el día que desaparezca para siempre; hay quienes piensan que ese día no llegará, pero hay quienes creemos en los imposibles, y esperamos un buen día decirle adiós a la experiencia combi, quedando tan solo como un mal cuento para los niños que no quieren tomar la sopa.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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