Luz amarilla del destino

Bosque de fuego - José Piñones Bugueño

Bosque de fuego – José Piñones Bugueño

Reconstrucción, no de un pasado ni de un rostro sino la reconstrucción del ser mismo. Echado sobre la cama mira un punto blanco en el cielo raso. Contempla y apenas pestañea, intenta sentir el continuo movimiento de sus células en su cuerpo y la estancia de la vida en él, que hace posible que esté ahí, aunque estático y callado. Reconstrucción también de la piel herida en el pasado para continuar su tránsito hasta el futuro, pues el presente no es más que ese tránsito, el paradero donde se aguarda siempre el siguiente tren.

Mira ahora hacia atrás, no hay nadie. Nadie ha ido a retenerlo ni a buscarlo. Espera. En realidad, admite que esperó horas, días, siglos, semanas y finalmente esta vez sí aborda el tren, sin querer, arrastrando los pies, volviéndose cada vez más seguido hacia atrás. Sube, busca un asiento junto a la ventana y se instala.

Sigue con la mirada puesta en el techo, ahora con perplejidad y suspira. Sí, murmura, ha llegado la hora. Vuelve al escenario imaginario, retrocede los fotogramas hasta el momento justo en que sube al tren. Se ve subir en cámara lenta, mirando a los lados, ahí va, sin detenerse. Una vez arriba se instala en un asiento junto a la ventana. Desde ahí contempla la estación, a la gente, mira entre la gente y no encuentra a nadie conocido, todos van de un lado a otro, todo transcurre, todos transitan. Se aferra a la descabellada esperanza de que el tren no parta, nunca parta y se inventa minutos de largos segundos de duración, se muda de ahí, desaparece, se esconde en el sueño, en un libro, en algo raro que vio por la ventana, en el recuerdo de uno de esos asuntos pendientes que a nadie le falta.

Se frota los ojos, la barbilla se incorpora y comienza el día, no quiere volver al estación imaginaria donde es el pasajero de un tren. Entre mil actividades huye de sí mismo, la reconstrucción duele. Sin embargo al filo de la noche sobre la almohada lo espera la estación y el tren a punto de partir. Finalmente, asume que debe de partir y parte, siente el ruido de la máquina que se pone en marcha. No habrá nada que lo detenga mientras mira por la ventana escenas de su vida a toda velocidad, abre los ojos, los cierra y los vuelve a abrir, ahora ve la sucesión de noches y días y sigue sin detenerse hasta fundirse con la luz amarilla de su destino, de ese destino impoluto e irrenunciable que lo espera luminoso y cargado de promesas nuevas.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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