Mujeres solas

Donna allo specchio - Iván Pignato

Donna allo specchio – Iván Pignato

La soledad en los otros suele ser una molestia y una preocupación que se manifiesta cada vez que se puede, sobre todo si las solitarias son mujeres. Entiéndase soledad por: no contar con la compañía ‘sentimental’ de un hombre, ni más ni menos.

Sospecho que se ha achicado tanto el concepto de soledad como el concepto de amor, al punto de creer que no hay soledad más amarga que la de no contar con un hombre que diga ‘te amo’ (ojo: que sólo lo diga, no se pide más) y que no hay amor más grande que la de un hombre que… diga ‘te amo’.

Falso, nada más falso y simplista; estoy convencida de que aunque los sufrimientos por el amor de un hombre– o mejor dicho, por desamor- sean en ocasiones terribles y amargos y sí que lo son, no es el único ni el peor de los dolores. De la misma manera pasa con la soledad. Hay soledades más amargas y duraderas.

Una amiga me cuenta con una sonrisa de oreja a oreja, que lo que padece no es su soledad hecha a medida, sino la preocupación que ésta despierta en los demás, por lo que cada día tiene que librar una sutil batalla con aquellos que la hostilizan con frases como “cuándo te casas, Elvirita”, “no creo que quieras quedarte sola, ¿por qué no sales y conoces gente nueva?”. Me lo dice sonriente porque se ha acostumbrado con paciencia granítica a explicar a sus amados amigos y familiares que ella es feliz como está.

En su mundo - Rossana Spalazzi

En su mundo – Rossana Spalazzi

Tiene alegría para derrochar, hombres que la afanan y a los que no se cansa de decir ‘no’ con la misma paciencia con la explica su soledad a sus amigos;  un trabajo que ama, salud y belleza y por encima de todo una fe activa puesta al servicio de quienes necesitan. Sus actividades solidarias y laborales, sus amistades en estos ambientes, son los que llenan su vida.  “!No soy un bicho raro por no querer casarme!” dice con voz lastimera, la misma voz que defiende el matrimonio, a la familia y al no nacido quizá mucho más que cualquiera de las mujeres que dicen querer casarse. Será que convencer de esto a una sociedad malévola y erotizada es tan difícil como querer convencerle de existencias que no se ven.

Es mi amiga, yo sí quiero casarme y sin embargo, no me cuesta entenderla, no me molesta su soledad ni me parece un ser asexuado o traumado porque haya elegido quedarse sola por vivir un tipo de generosidad diferente al que se vive en el matrimonio o en la vida consagrada.

Por supuesto, su soledad sí es diferente de la de aquellos que eligen permanecer solteros por evitar compromisos que exijan más de ellos. Solteros pero nunca solos.

Ella no sólo es soltera sino que es una auténtica soltera porque no es casada ni es conviviente, y está verdaderamente sola, si de amores se trata.

En suma, será que lleva una vida demasiado ordenada y sencilla como para que una sociedad como ésta la entienda y acepte, en la que existen compromisos de todos los matices, solterías de todos los tonos y en el que la soledad es confundida con el infierno o se duda de ella (¡no creo que estés sola, no lo creo!) como de la misma existencia  del demonio.

Fanciulla all'ombra - Iván Pignato

Fanciulla all’ombra – Iván Pignato

He dicho yo sí quiero casarme y voy por ese camino y es el mismo deseo de otras tantas amigas y conocidas  pero que sin embargo, aún están solas y por ello, a expensas de esos tortuosos comentarios que en muchos casos presionan tanto que han llevado a más de una  a casarse con cualquiera, solo por librarse de esa espantosa presión social.

Se estigmatiza la soledad burdamente, sin pensar en sus beneficios ni en que, como una etapa más de la vida, sirve para profundizar en el propio conocimiento y en la preparación para el camino que se quiera tomar. Sería muy lamentable y erróneo correr al compromiso con otra persona, sólo por huir de la soledad que tanto condenan los otros, pues a caso al evitar la soledad a toda costa se está evitando también el tiempo en el que se puede descubrir que las mujeres – y también los hombres, por supuesto– estamos destinadas a ser felices más allá de contar con el amor de un hombre o no. No hay escapatoria, porque al mismo tiempo, sólo se puede ser auténticamente feliz viviendo la generosidad en cualquiera de los estados de vida.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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