Una sola es la llave

Llaves - Ricardo Renedo

Llaves – Ricardo Renedo

Una mujer grita histérica a un hombre, debe ser su marido, le increpa en plena esquina porque no fue a buscarla a tiempo, avanza unos pasos, luego retrocede, siempre con las manos en la cintura y los ojos desorbitados. Al cabo de unos minutos, el hombre dice:

_ Sólo quería decirte que el médico llamó para avisar que mañana nos espera, dado que hoy tiene algo pendiente que hacer.

La mujer que habló y gritó y pataleó durante tanto tiempo no se esperó nada mejor que eso en la poca tregua que le dio a su marido para hablar. Se tapó la boca con las manos y se dejó caer en el asiento delantero de su auto. Fin del primer acto.

Una chica llevaba mucho tiempo luchando por encontrar el amor y casarse y en nombre de esa misión, ha estado empeñada en sacar adelante una relación problemática. Pasó por alto ofensas, olvidos, indiferencias, egoísmos, mezquindades; en nombre del amor obvió reglas y hasta faltó a principios. A pesar de todo, el chico se fue con otra y la dejó. Fin del segundo acto.

Un hombre de cuarenta años, casado y sin hijos, lleva ocho años empeñado en sacar adelante un negocio que no da frutos. Todo mundo le dice que renuncie, que se reinvente, que cambie de rubro, no. Su lema es “retroceder nunca, rendirse, jamás”. Fin del tercer acto.

Una mujer de 35 años, casada, está al borde de la depresión y la locura. Ha intentado infructuosamente tener hijos durante cinco años y no ha podido; tres veces vio frustrarse sus fecundaciones in vitro. Fin del cuarto acto.

Un hombre santo, con ardoroso amor a Cristo, establece con rigor una serie de reglas para la Orden que ha creado, a pesar de eso, muchos jóvenes desertan y se van. Fin del quinto acto.

Muchas veces estamos muy auto convencidos de lo que la vida espera de nosotros, de nuestro destino y de lo que queremos. No la dejamos hablar, como le ocurrió a la mujer del primer acto. El mundo de hoy ha impreso en nuestros corazones y mentes la necesidad de actuar, de ser hacedores e ir y venir de prisa sin detenernos, de adelantarnos a la respuesta, a ser productivos, porque también se dice que a “Dios rogando y con el mazo dando”, pero cuando a pesar de todo, las cosas salen mal surge la pregunta: ¿Qué hice mal, si cumplí con todos los requisitos, si seguí las indicaciones a pie juntillas?; surge el reproche: Dios no me escucha; viene el lamento: Tengo mala suerte.

Un hombre muy sensato y justo da una respuesta sencilla y cauta a la chica del segundo acto:

_ Oye, a lo mejor tanto insistir con lo del matrimonio es superstición, ¿eh?  La chica ríe a carcajadas, y ríe como quien encuentra algo que desde hace mucho estaba buscando y dice asombradísima:

_ ¡¿Sabe que nunca se me había ocurrido?… es que yo estaba tan segura de que mi destino era ese, la boda feliz con final de perdiz!

Bodegón - Patri Velasco Navarrete

Bodegón – Patri Velasco Navarrete

El mismo señor sensato y justo dice a la mujer que quiere ser mamá:

_ ¿Has contado con la posibilidad de no ser madre o serlo por adopción? Al hombre del tercer acto, sólo le plantea la opción de buscar ser papá y olvidarse un poco del negocio infructuoso, es decir, un cambio de prioridades.

Al hombre febril de la nueva orden, Cristo le dijo que todo lo estaba haciendo desde él, es decir, a su manera, pero no de la forma y manera que quería Dios. Obedeció, cambió de estrategia y con el tiempo Jesús se encargó de convertirlo en San Bernardo.

Me gustó la traviesa idea de juntar todas estas páginas de la vida para encontrar que hay una sola llave que abre todas las puertas, que no es otra que la sencillísima llave de la contemplación o de la simple actitud de tornarse pasivos y receptivos por unos instantes; la de escuchar.

A eso se referiría, seguramente, Jesús en aquel pasaje bíblico en el que dijo a Marta que a María nadie le quitaría lo que le había sido dado . Ella sólo contemplaba, lo demás le fue dado por añadidura.

Todo parece indicar que la vida espera de nosotros que seamos activos, sí… pero sobre todo espera que permanezcamos con los oídos interiores abiertos para que escuchemos qué quiere de nosotros y de qué manera.

_ ¡Corten! – Grita el director de escena y más de un actor sordo sigue actuando.

La mayoría de las veces nos resulta fácil saber lo que Dios quiere de nosotros, es eso que comúnmente llamamos vocación o talento, pero nos embrollamos mucho con las formas de conseguirlo y el camino.

Puerta vieja del abuelo - Rocío Hernández Jiménez

Puerta vieja del abuelo – Rocío Hernández Jiménez

La chica del segundo acto ahora piensa en la opción de la soltería, “¿y si es lo que quiere Dios?, ¿por qué, no?”, Se dice, como probándose un vestido que jamás pensó en ponerse y así como es la vida, más traviesa que este post, hace unas semanas sale con un compañero de clase de la facultad, que volvió hace poco de Estados Unidos y a quien apenas comienza a verlo interesante.

El hombre casado, sin hijos y empecinado en el negocio infructuoso, sigue así. Tiempo al tiempo.

La mujer de fecundaciones infructuosas, evalúa la opción de la adopción, “¿por qué no?, se dice, ¿si Dios lo quiere? Y si no ocurre así, ¿por qué he de llorar toda la vida por no ser mamá?”

No hay dos voluntades. No es la de Dios (o el destino, la suerte, para los que no creen) versus la nuestra. Hay una sola, si dejamos que el Director de la gran película de la vida, dirija y actúe en nosotros. A lo mejor su nombre también es eso que me enseñaron en las clases de Publicidad, pensamiento lateral.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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