Un espíritu de duelo blanco

La Bella Durmiente - Laura (taratela) Boj Pérez

La Bella Durmiente – Laura (taratela) Boj Pérez

Estoy llevando un duelo blanco y liviano, que a ratos pesa mucho. No sé si así pasaré la existencia entera, sólo sé que quizá ésta sea una de las formas de la eternidad.

El duelo blanco trasmuta lo bello de lo triste, lo hace más bello aún, como hace la fotografía artística con un paisaje lluvioso, reconstruyendo sus sombras en poesía. Llevo semanas enteras así, habituándome a esa nostalgia, acariciando su humedad sin pesadillas y asiéndome sin quebrantos del lomo coriáceo de la ausencia.

Después de todo, no está mal un lugar así, instalado  entre los grises muros de un mundo invernal y austero, donde hay vacío pero también sosiego. Resulta mejor, a fin de cuentas, que aquellas últimas veces vividas en zozobra con la tentación de la esperanza y el terror a la pérdida absoluta.

Esos últimos días me resistía a morir aún cuando la enfermedad anegaba venenosamente mi cuerpo entero; yo luchaba por resarcir mis fuerzas pero fue inútil y como a todos, natura me venció y heme aquí ahora, en el pabellón de los muertos, turbado aún, porque pronto me encontré con que el corazón de la temible Nada, era el ansiado Todo.

Entonces la vi, jamás sintió pena por mí. Su ardoroso rencor había amargado las fuentes cálidas de sus afectos y consiguió sin sobresaltos hacer añicos de todo cuanto  era mío, me pertenecía y era yo. En vano me pregunto qué será de ella, si me recordará, cuando desde aquí, inmerso en este mundo trasparente, la veo feliz, recordándome pánfila y displicente, alzándose de hombros tras mi muerte y habiéndole dado vuelta a la página del capítulo más indeseado de su vida.

El Durmiente - María José Pozo Cantador

El Durmiente – María José Pozo Cantador

Lo que siempre me sobrecogerá es la facilidad con que el huracán de los malos tiempos desmoronó ese universo de arena que, como una niña,  había creado para mí sin que yo se lo pida. ¿Cómo si hasta me había hablado de amor eterno?, ¿cómo si un medio día de verano  me pidió llorando que nunca la dejara?

Sudado y entre espasmos en mi lecho de muerte, se lo pregunté y todo lo que dijo fue: “Es que yo en ese momento estaba necesitada de afecto”

A veces pienso si el eco de todo lo que decimos, lloramos y reímos no quedará impregnado entre las cumbres de alguna dimensión. Lo cierto es que tras la insignificancia de sus palabras, me dejé morir y ahora estoy aquí, más allá de todo dolor y melancolía, en el país de la tranquilidad eterna, en el tránsito, porque morí joven y morí con ganas de seguir viviendo. Este estadio pasajero conlleva otras formas de padecimiento, más agudos, pero preferibles a todo lo ya vivido. Como ese duelo blanco, suave, cuyo corazón nostálgico aprisiona el fulgor de una estancia plena y grandiosa, sustancial e imperecedera.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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