Cóctel de sentimientos

El azul de la ilusión - Rosa María Vega

El azul de la ilusión – Rosa María Vega

El amor se acaba, dice una canción, no creo en este hecho; pienso que el amor no se acaba sino que eso a lo que se creía amor no era tal, sino simplemente deseo, ilusión o cariño.

El deseo es siempre destructor, porque es posesivo y tiende a despersonalizar al otro y aunque se pinte de caricias y ternura, tarde o temprano termina mostrándose. El deseo sólo funciona con el amor, de otro modo es letal.

La ilusión es ensoñación, soñar con los ojos abiertos; ver en el otro lo que no es y amar en el otro al amor mismo, pero no al otro por ser quien es. Lo terrible se da cuando el ilusionado despierta como de una borrachera y a su paso  encuentra los destrozos que ha ocasionado con su embriaguez. Ahora bien, la mezcla de deseo con ilusión es amarga y letal.

El cariño es un tipo de amor sereno, ese afecto que entre enamorados no alcanza; es menos eufórico (la ilusión es eufórica y apasionada),  pero evidentemente no alcanza para hacer un plan de vida juntos; pero el cariño permite ver la verdad de las cosas, no admite reveces y es una linda manifestación de afecto. Por tal razón, respeta y jamás lastima. (Es buen camino para llegar al Amor).

El lío está cuando se mezclan cariño y deseo, que aunque no sea veneno sabe rancio como la leche fermentada.

¿Qué decir de la fórmula cariño e ilusión?, es una trampa, esa misma en la que cayó la Caperucita Roja. Es una trampa acaramelada para los seres románticos. Esta es la que más se parece a eso que se busca llamar el más verdadero y auténtico amor. Propio del amor platónico.

Pero aquí vienen los componentes de la bomba nuclear afectiva: cariño más deseo e ilusión. Es terrible porque el delirante siente deseo y cariño por alguien que no existe en verdad, por un espejismo que condensa todos los componentes de su caprichosa fantasía.

Todos estos son cocteles cuyos componentes, incluso, reciben nombre científicos. Es más, dicen que la ilusión combinada ya con deseo o cariño, dura tres años. Es matemático.

Lo triste es que hay gente que se casa o peor aún, tiene hijos, en ese estado.

Entonces, la pregunta es ¿por dónde comienza la ruta para llegar al amor? Los componentes del amor auténtico pienso que son la madurez y el tiempo. “El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe a dónde va”. Saint Exùpery.

La ruta diría que comienza en la concepción del sujeto y continúa en la crianza; una persona bien querida jamás amará mal porque lo primero que habrá aprendido –incluso antes de aprender a hablar- es el amor. Esta es la clave del equilibrio interior y por lo tanto, de la madurez. (Madurez, claro, no infalibilidad; que aún maduros hay riesgo de equivocarse, pero el riesgo es mínimo y los errores no ocasionan destrozos).

Por eso estoy convencida de que hay que amar a los niños aunque no sean nuestros, amarlos, amarlos, amarlos, lo que no es lo mismo a engreírlos o malcriarlos; y amarlos desde antes que nazcan, dejarlos vivir. Amarlos hasta el sacrificio.

En todo caso, cualquiera que haya sido nuestra crianza, será necesario alcanzar la madurez, algo así como ejercitarse para fortalecer los músculos y conseguir una figura esbelta. Ya después viene el segundo componente, el tiempo. Puedo creer en el amor a primera vista, pero entre dos personas maduras.

Drogas - Alma Gonzales

Drogas – Alma Gonzales

El tiempo es  para conocerse, así el cariño será amor creciente (o no) y la ilusión y el deseo se ceñirán a la silueta de ese amor (o desaparecerán).

El amor no termina, sólo atraviesa estaciones como estadios, propios de los avatares de la vida. Está por encima de las sensaciones: ganas, ilusiones, deseos. Es apenas un uno por ciento de todo esto último y  noventa y nueve por ciento de voluntad y la voluntad sólo es sostenida por corazones maduros y fuertes. El amor es también un arte, que exige talento e inspiración, pero también mucha disciplina y entrega.

No creo que San Pablo haya descrito el amor en Primera de Corintios 13 sólo desbordado por su vena literaria. Pienso que el amor es todo eso que dice allí, un canto al corazón de la vida misma, claro que, qué duda cabe, que ese amor que describe Pablo es el mismo Jesús, por eso nos sabe rabiosamente frustrante no poder alcanzarlo, porque es la perfección plena; pero la clave es dejarse habitar por ese Cristo  -con un  ¡hágase en mí!– y así, una vez que ese Amor viva y arda dentro nuestro, entonces, sólo entonces conoceremos lo que es el tan ansiado y febrilmente buscado Amor.

Sin embargo, lo cierto también es que no todos aspiran a ese Encuentro, ni todos han sido queridos de chicos, ni todos son maduros, incluso, hay quienes están convencidos de que el amor es finito. Frente a esto sólo queda tratar de encontrar a quien sepa, desee, aspire y crea lo mismo que uno. Como diría Saint Exùpery: “Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección”

En el caso de que uno de los dos dejó de amar (es decir, despertó de su ilusión ya que entonces nunca ha amado), al que amó sólo le queda no frenar ni matar ese amor, sino dejar que ese mismo sentimiento, por obra del tiempo, se auto regenere y transforme en la expresión del más sano y liberador cariño.

Muchos juran que han amado pero que los defectos de su alter ego, mató ese amor; lo más probable es que ese amor que murió nunca fue elevado a Caridad, es decir, no terminó de crecer debido a miles de razones, pues como dice esta vez Saint Exúpery: “Si al franquear una montaña en dirección de una estrella el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía”.

Enlazados - María Victoria Ramírez Castillo

Enlazados – María Victoria Ramírez Castillo

El gran dilema se presenta en que la sociedad de hoy no es receptiva de este planteamiento, sino más bien, escéptica y maliciosa; y que se instala en el principio de que todas las cosas y sentimientos solo van camino a la decadencia absoluta, que no hay luz al final del camino; y por supuesto, si se basa el amor en síntomas fisiológicos, éste será finito y cada día se deteriorará como nuestro propio organismo.

Por otro lado, y como lamentable complemento de lo dicho, el consumismo ofrece la fugacidad de las cosas y alienta a ir tras las huellas de la más utópica comodidad, por lo que siempre será más cómodo cambiar de marido en vez de comenzar y recomenzar y aplicar la inteligencia a favor del amor como dice el querido Saint Exùpery: “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.

Porque si bien somos humanos y errar es humano, es extraño, inquietante y sintomático que nos equivoquemos tanto en el amor, cuando en realidad, sólo hemos nacido para eso, para amar y aprender a amar incondicionalmente.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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