Ven del Líbano

Oración de Ángel - Maugdo Vásquez López

Oración de Ángel – Maugdo Vásquez López

Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente, deja lo alto del Amaná, las cumbres del Samir y del Hermón, moradas de leones, guaridas de leopardos (Cantar, 4,8).  Deja todo atrás, ven, así descalza, así como estás, ven. Deja de otear el mundo desde esa cima y ven. Con esto el Novio llama al alma a una profunda intimidad con Él, a dejar en los umbrales la oración vocal y mental y entrar más adentro.

Gracias al Concilio Vaticano II, se recordó a la Humanidad que todos estamos llamados a la perfección en el Amor, a la Santidad. Tengo una flor en mis labios que es para adornar los labios de mi Amado, esa flor se la daré en la estrechez de nuestro abrazo interior. La contemplación  es  un viaje hacia la propia interioridad donde se encuentra Jesucristo.

El cuerpo es un barco, el alma son los marineros del barco y el capitán del barco es el Espíritu, explica el Padre Villarroel. El Espíritu es el que propicia la contemplación, la oración  más perfecta. Las oraciones secretas (o privadas) son las que nos encaminan en la contemplación.

Hay mucha gente que piensa que sus oraciones cortas y alguna cosa más son suficientes y que ya no debe aspirar a más, cuando la dimensión contemplativa no se puede ladear oponiéndonos a subir más arriba. Ese sentir espiritual es un ardor interior, como un fuego que estalla en el corazón, que está más allá de las palabras y la razón. Nos puede sobrecoger en cualquier momento, cualquiera sea nuestra actividad, es un arrebato sublime que mira con ojos nuevos, con mayor delicadeza, cuidado y sorpresa. Nos cuesta dejarnos meter en las cosas de Dios, porque la Contemplación es Gracia, total Gratuidad. Si somos sencillos y nos dejamos llevar, el Señor obrará en nosotros.

San Juan de la Cruz decía: En la interior bodega de mi Amado bebí y cuando salía por toda aquesta vega, ya cosa no sabía y el ganado perdí que antes seguía.

Ebria de Dios no sigo más las cosas que antes me preocupaba y por las cuales lloraba, ya nada me importa. Es en el interior donde se Encuentra a Jesús, no en el exterior.

La Contemplación es una llamada hacia adentro y entonces el alma podrá decir con San Agustín de Hipona:

¡Oh Hermosura, tan nueva y tan antigua, tarde te conocí, estabas dentro de mí y yo te buscaba por fuera… me lanzaba como una bestia sobre las cosas hermosas que habías creado. Estabas a mi lado pero yo estaba muy lejos de Ti!

El problema de san Agustín fue que buscaba el Amor fuera cuando estaba dentro, lo buscaba en las cosas, en las obras, cuando Él estaba en su interior. Eso mismo se repite en nosotros, lo buscamos en los vestigios, en las creaturas de la vida cuando lo llevamos en las entrañas.

No hay que temer  profundizar en lo más íntimo que no conduce a los abismos, sino que empuja a caer en los brazos cálidos del Amor.

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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