Me robaste el corazón

Cupido de Rafael - Lúa - Ana M. Campos Gómez

Cupido de Rafael – Lúa – Ana M. Campos Gómez

Sucede muy a menudo que nos roban el corazón y el ladrón sale volando de nuestra vida dejándola quebrada. Pensaba en esta realidad tan frecuente en nuestros días, cuando una mañana me vino la siguiente sentencia: No te ocupes de tu felicidad, ocúpate de Mí; y luego, horas más tarde escuché el comentario de alguien: “No puedes poner tu vida por encima del Amor”.

Para mí, que soy creyente, el Amor es una Persona: Cristo. No tengo opción, y es la Mejor Persona. Con esto quiero decir que para solucionar los problemas del corazón el mejor camino es el de la Fe; para mí el amor es cuestión de fe. O se cree en él o no, y si se puede creer que el amor es perfecto se tiene que ajustar la voluntad a esa perfección aunque dé grima.

Es impresionante descubrir que cada relación humana es propicia para el encuentro con el Amor divino.

En casos de abandono en el amor es la hora del sacrificio o mejor aún, de aprender el  amor incondicional. Pocas veces en la vida se tiene tan clara y precisa oportunidad para aprender a ser valientes de ese modo, aún cuando todos los días siempre existe al menos una ocasión para salir del propio egoísmo y amar no desde la inspiración sino desde la transpiración.

Por todos lados se insinúa que el amor es recibir, sentir y si ya no se siente ni recibe nada es que se acabó todo, pero pocas veces se llega al final del camino, que amar es dar y muy a menudo no sentir nada agradable sino padecer.  En los casos en que hay que renunciar suele ocurrir un terremoto interior en el que hay que decidir si se asume el reto o se endurece el corazón. No se pasa nada bien, pero vale la pena entenderlo así, como una difícil y maravillosa oportunidad.

Si la persona amada se aleja y deja sola a la otra con su amor, es la hora de concentrarse en ese amor que el abandonado siente, y se  dará con que ese amor es una Persona.

Lo que sigue lo digo basada en la reflexión que hizo el sacerdote Jesús Villarroel en ejercicios espirituales sobre el Cantar de los Cantares, en este caso del Cantar 4,9, cuyo hermoso verso dice:

“Me robaste el corazón, hermana mía, novia mía, me robaste el corazón con una sola mirada tuya”

Cuando el Amor mira, su divina gracia se imprime en nuestro corazón y esa gracia es la Caridad y es Fuerza para servir a los demás, es solidaridad y por lo tanto, capacidad de abnegación. El problema se presenta cuando se ama desde uno mismo, es decir con las propias fuerzas y desde el propio ego, ahí es cuando se arrastra cansancio, se comienza a medir y a calcular “Que ya hice lo suficiente, que di dos veces que ahora dé él”, etc.  Se piensa que uno ya hizo demasiado y viene la tentación del orgullo herido, el rencor, se busca ver sólo los defectos de quien abandonó, pero eso  envenena el alma y la oscurece, aunque suele ser el consejo más corriente del entorno: “Ojo por ojo, diente por diente”. Es verdad que el que se fue y nosotros tenemos miserias, pero esto es sólo posible perdonar desde el Amor que en el abandono también nos salva.

La clave es amar desde ese Amor que nos habita,  el mismo que nos impulsará a perdonar y seguir siendo felices a pesar de la soledad, el olvido o la ingratitud; porque finalmente, sólo el Amor basta.

Por lo tanto la Hora del Gran Amor es la hora de la renuncia absoluta a favor del que se fue y de uno mismo; porque si se ama se deseará la felicidad del amado y ya Dios se encargará de encontrar caminos de felicidad para uno.

Asimismo, si se es valiente se caerá en la cuenta de que esa dura experiencia fue una oportunidad para sanar y elevar los afectos a un plano mucho más limpio; e incluso, se admitirá que se ha recibido mucho más de lo que se ha dado, porque se habrá conseguido salir de uno mismo, crecer.

Esto en realidad es una forma de morir antes de la muerte misma, no resulta fácil, pero ahí es cuando Dios da la Gracia y la valiosa oportunidad de renunciar  a favor del otro y es que ese Otro es el propio Amor; entonces este Amor, satisfecho en nuestra renuncia dirá como el Novio del Cantar: ¡Me robaste el corazón, hermana mía, novia mía!

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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