No podemos tener hijos

Bruno y sus papás - Manuel Ferreiro Mosqueira

Bruno y sus papás – Manuel Ferreiro Mosqueira

_ Dice el poeta ¡Hay golpes en la vida tan fuertes… yo no sé!, ha caído ese verso sobre mí.  – Este golpe fuerte de la vida puede tener dos atenuantes. Uno muy difícil para muchos, impensable para otros: la adopción; y el otro, negativo y brutal: el divorcio.

Esto último siempre me ha producido desconcierto. No me veo abandonando a mi marido (¡después de lo que me costó conseguirlo!) sólo porque descubrí en el camino que sus semillitas no dan fruto. Para mí esa sería una decisión fría e infame. Claro, pero tal vez él sí lo haría y con alevosía ¿cómo impedírselo?, si se lo ama habrá que dejarlo ir si tanta infelicidad le causa no ser papá; pero entonces ¿Cómo te enteras de que detrás de los para siempre que te perjuró, del amor sin medida que te dijo en versos y canciones vivía escondido el frío condicionante de la realidad que  peluda y lacerante aguardaba en los límites de  su ‘amor’ para devorarte?

La realidad pone fin a los sueños, esta es una ley casi física;  entonces, todo lo que habremos vivido habrá sido sólo un sueño mientras no había sido asestado por algún golpe de la realidad. Dicho así, habría sido bueno enterarse de que el amor, como un producto más en un mundo consumista, también viene con letras chiquitas y advertencias del tipo: “No usar en caso usted sea estéril o su marido se canse”

Por eso estoy convencida de que la autenticidad de nuestros afectos se prueban con el tiempo y en los momentos difíciles de la vida: En la pobreza, en la enfermedad, en el fracaso, etc. Todo lo anterior a esto sólo es sueño y poesía.

Como sea, el amor en sí mismo es fuente de fecundidad, por eso lo otro que me sorprende del problema, más allá del abandono por parte de uno de los implicados, es que no se mire a la adopción como una buena solución a las ansias de paternidad.

Me han dicho que es difícil, que el Estado entorpece y dificulta este proceso porque pide una serie de requisitos antes de dar un niño en adopción, etc. Sí, claro, eso puede resultar justificable y prudente y sin embargo, quizá el Estado lo debería reevaluar porque acaso el único requisito para adoptar no sea la sincera intención que tienen los solicitantes de ser padres. En fin. Pero, más allá de esto, hay un acendrado prejuicio y temor a la adopción. Miedo a que el niño salga asesino o loco, como si uno mismo estuviera seguro de no tener enfermos, raros o  lunáticos entre sus antepasados. ¿Sabe usted algo de su tatarabuelo?, ¿sabe qué clase de persona fue el bisabuelo de su abuelo? Lo más probable es que no y a lo mejor fue un beodo lunático enterrado en el olvido.

Padres Abdel - Paula Trivino Mostaza

Padres Abdel – Paula Trivino Mostaza

No soy abogada, ni psicóloga, salvo un inquieto espíritu soñador continuamente alborotado por encontrar mil caminos con tal de salvar los amores y cumplir los sueños. Por lo mismo, propongo a todo aquel que no puede tener niños plantearse el tema de la adopción, buscar a otras parejas con el mismo problema – son muchas sólo que no se conocen entre ellas – y asociarse, formar una entidad: Una ONG o una organización más sencilla tal vez,  con el único fin de  atraer a ellos a mujeres desesperadas que quieran abortar, para disuadirlas de ello y apoyarlas, ofreciéndoles a cambio, cuidar de ese vástago como un hijo una vez que den a luz.

Las mujeres embarazadas no deseosas de ser madres tendrían entonces como alternativa para salir de su frustración no sólo a las siniestras clínicas abortivas, sino a alguna de esas asociaciones de parejas sin hijos, donde recibirían apoyo, protección y ayuda durante nueve meses y a quienes luego dejarían sus niños para irse y seguir su vida en paz.

Es algo que alguna vez me gustaría poner en marcha. Es una idea como tantas otras, probablemente con miles de aristas que irían apareciendo en el camino, pero qué más da intentarlo.

La gente hoy en día se asocia para miles de cosas ¿por qué no para cumplirse el sueño de ser padres? Siempre he creído que es más fácil encontrar un niño a quien amar como una madre, que encontrar el amor. Esto último es un don, no todo mundo lo encuentra; pero amar sólo depende de nosotros y para eso siempre habrá niños a quienes querer.

Anuncios

Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
Esta entrada fue publicada en Familia/Maternidad y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s