Mundos posibles

Solitaria - David Botello Andujar

Solitaria – David Botello Andujar

La familia es el hábitat cálido en el que nos movemos a plenitud, sin necesidad de esconderse ni de mutarse, donde se es libre aunque también prisionero. Es el lugar en donde los silencios largos no son incómodos y donde se ríe de cualquier cosa. Ahí se puede decir todo, hablar demasiado o callar para siempre.

Ayer en un café entré al desolado mundo de Victoria, una fabulosa fémina de veinticinco años, sin embargo, con ganas de explotar, prisionera de sus circunstancias y por ello, lánguida y dolorosa. Lloró a lágrima viva sobre el café. Me dijo: Me voy a internar en un psiquiátrico.

Le dije que los males son como los placeres, rara vez se los puede planificar. Ellos llegan y ya, que si había que internarla el médico no dudaría en planteárselo y  de lo contrario, aunque ruegue por ser internada no sucedería. Victoria en realidad está sana, sanísima, sólo que tiene la pena de la soledad. Esa pena que mata y enloquece.

Su soledad es profunda porque su padre no la quiere, su madre se suicidó, tiene apenas un hermano pequeño y unos primos en cuya compañía aplaca sus pesares. Y por último, apenas se va recuperando del un amor que la abandonó. Trabaja para su sustento y no puede estudiar. Al final, caí en la cuenta que no puede estudiar porque le falta ese brío interno, porque está deprimida, porque la soledad la está matando. Por eso partí pensando en la familia, en mi familia. Nos pueden caer mil calamidades pero la familia es la mano de Dios, su sustento, sin ella sí que nos puede pasar de todo.

Hoy luego de muchos meses platiqué con Gaviota por skype. Mi mejor amiga uruguaya. También sufre de soledad. Sus padres murieron hace muchos años, no tiene hermanos; sólo un tío viudo, amistades. Vive sola, muy sola. El patán con el que embromó su vida durante cuatro años aún la atormenta en el trabajo porque es jefe del área en el que se desempeña. Quizá baste con decir que su vida destila dolor, es constantemente martirizada y oprimida, no en la piel, aunque está enferma también, sino en el alma.

Nuevamente digo: soledad. Es la soledad de dentro de casa la que mata y agobia. Afuera es donde pasan las calamidades: en la calle, en el trabajo, en la vida social; pero mientras ese frío lacerante del odio y todo tipo de desamores no se filtre adentro, al hogar, todo tarde o temprano podrá marchar bien; pero cuando no es así, es que de verdad el techo habrá caído en nuestras cabezas.

La soledad y la familia son dos mundos posibles y contrastantes. La familia es compañía incondicional. Quien tenga una familia puede darse ya por satisfecho aunque se pase la vida entera sufriendo y luchando por conseguir todo lo demás.

Anuncios

Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
Esta entrada fue publicada en Vivencias. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s