A Ximena y la danza

Mujer árabe con velo - Eusebio Vidal

Mujer árabe con velo – Eusebio V

Hoy es cumpleaños de  Ximena.

Ximena era mi maestra de danza árabe allá por el año 2003. Una preciosa jovencita de apenas diecinueve años que bailaba como un ángel. Tenía el talento de las elegidas, llevaba la música árabe en las venas y en el alma, así como le pasa a cada mortal con el don que Dios le ha dado. Era única, maestra innata.

Con la estatura y la contextura perfectas, los brazos largos y las caderas lo suficientemente hábiles para hacer los movimientos contorneados que exige esa sensual y mística danza arrobaba a sus empeñosas aprendices. ¡Una artista, decía yo, es una artista! que había nacido entendiendo el mensaje subrepticio de la mística y sensualidad árabe consumadas en esa danza. Sí, porque la danza árabe y su música tienen la primorosa cualidad de armonizar el alma y el cuerpo y por ende, elevar el ser entero a un plano superior, quizá a esa dimensión en la que habitan los transfigurados.

Estudié junto a ella y a mi hermana, entusiasta aprendiz como yo, durante todo ese año. Jamás olvidé los pasos ni las coreografías aunque nunca dancé con la perfección de Ximena, aún cuando dejé admirada a una amiga  una tarde limeña en que me animé a bailar para ella ¡pero es que Lou no había visto a Ximena!

A Ximena tampoco le gustaba bailar delante de la gente y con esfuerzo lo hacía para nosotras, sus alumnas. Yo quedaba embelesada cada vez que la veía, queriendo entender el misterio de esa danza que transportaba a Ximena y a mi alma a otra dimensión.

Debo decir que mi maestra es argentina y las clases me las dio en mis años bonaerenses en el centro cultural de la maravillosa y cálida actriz Cecilia Maresca. Nunca volví a saber de ella – ni de Cecilia- supongo que seguirá ahí danzando como una diosa, entregada a ese ritmo hipnotizador y cautivante, sólo comparable con la espléndida Giovanna Antonelli en la telenovela brasilera O Clone.  Durante ese tiempo siendo amigas recuerdo que nos dijo que su cumpleaños era el trece de septiembre. ¡Feliz cumpleaños Ximena!

Una razón más para no haber olvidado a mi querida maestra danzarina es su nombre. Ximena –aunque lo prefiero con J – es el nombre que junto a María, me sonaron a música una noche en Tarma cuando yo tenía apenas trece años. María Jimena, ningún otro nombre aún el mío, me gustaron tanto a partir de aquél día. Se lo puse a mi Ángel de la Guarda y será el nombre que llevará mi hija si un día viene a este mundo. Jimena es de origen hebreo y viene de Simeón – o sea que su santo patrón será san Simeón el que vio a Jesús pequeño antes de morir -. Significa: La obediente.

Anuncios

Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
Esta entrada fue publicada en Vivencias. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s