Un recuento de mi vida sin ellos

Serenata - Valeria Franco

Serenata – Valeria Franco

En unos días más habrán pasado cinco años desde que cumplí los temibles 30 años, los indeseados. A propósito de esto eché un vistazo al blog – diario de mi amiga Vanessa Coral, Hitomi Cumple 30. Vane creó ese blog a partir de sus 30 años, hace también casi cinco: el 2007. En ese tiempo yo creé el blog el Tubérculo, pero pronto lo evaporé y el tubérculo se convirtió en lo que es hoy un archivo en Word de 280 páginas. No es un diario, es un registro de mi vida pero en desorden y entre largos silencios, dedicada a mis hijos y a los hijos de mis hijos, mi vida sin ellos.

Sí, mi vida sin ellos, porque aún no los tengo y tampoco sé si los tendré; a lo mejor mis hijos a la larga serán mis sobrinos, qué sé yo. En todo caso siempre hay una descendencia. Pero esa vida registrada en desorden está en Word, no aquí. Aquí sólo están las cosas que pueden servir a otros a partir de algunas que me suceden a mí.

Dentro de poco, decía, cumpliré 35 años e increíblemente no siento la amarga resistencia que sentí cuando estaba a portas de cumplir los 30. Al contrario, espero los 35 con felicidad. Entre los 30 y los 35 han pasado cosas, miles de situaciones, personas, emociones de todos los colores, ha pasado la vida y trayendo la experiencia.

Abordé los 30 llena de temores y ansiedad, insatisfecha, medio trastornada, con el alma enredada entre deseos y esperanzas vanas, en realidad entre espejismos, pero uno a uno se sucedieron los episodios que hoy agradezco; y beso la Bendita Mano de mi Señor que las ha permitido.

Aquí un somero recuento. En esos cinco años sobre la base tres, tuve ganancias y pérdidas; más ganancias que pérdidas pero sí una gran pérdida, se fue mi mejor amiga en  mi familia: mi hermana Delia. Delia salió de escena a mis 33, sólo pudo acompañarme hasta esa edad y se marchó con sus 45 años muy bien vividos, como sólo ella supo usarlos. Se fue pero sé que aún está conmigo aunque ya no podemos conversar ni hacer planes como antes. Ahora ella sabe más y mejor y ve las cosas de otra manera, ahora me ayuda más y en silencio.

 A los 31 conocí a quien pensé sería el amor de mi vida, la historia fue maravillosa; estoy comenzando a tejerla lentamente hasta convertirla en un proyecto de novela corta. Ese encuentro fue una gran Prueba; y la separación, ahora lo sé, una enorme bendición tanto para él como para mí.

¿Para qué vienen las personas a nuestras vidas?, me he preguntado muchas veces. Vienen para ser amadas, para que las amemos desesperadamente y para aprender el amor y el dolor.

Eva - Valeria Franco

Eva – Valeria Franco

Estoy convencida de que cada alma es como una flor en el huerto de Dios y Él es el Gran Jardinero: Nos poda, corta las cosas que en nuestras vidas trajeron bien y luego ya no tanto, nos limpia y así, con su ayuda, nos vamos convirtiendo en hermosas flores; bueno, si nos dejamos tirar de un lado y del otro porque no resulta fácil.

Nos convierte en eso que Él quiere y que nosotros ni imaginamos. La vida, ¡ah la vida!, no es esa rutina frenética de trabajo y producción, no, es otra cosa.

En estos años aprendí a amar a Dios más que antes, hice un viaje interior muy profundo que me llevó a la espléndida experiencia de entrar en contacto con Él, gracias también a las pruebas que tuve que pasar y a las bendiciones.

Siempre he creído que el verdadero crecimiento se da hacia adentro, por eso lo de El tubérculo, por hacer referencia a una vida interior enriquecida que es posible en todos, en la medida en que todo lo experimentado: gozos y tristezas, entre en nuestro interior, se recicle y transforme  en materia de amor. Porque después de cada gozo y dolor Dios nos vuelve a hacer desde el amor. Nos vuelve a construir.

El crecimiento hacia afuera: títulos, premios, logros, dinero, fama, éxito, todo eso que brilla ante los ojos del mundo es engañoso y pasa pronto. El verdadero crecimiento es hacia adentro porque la vida es un viaje al interior de uno mismo donde nos encontramos con Dios. Y viéndonos hacia adentro se descubren cosas, se descubre un mundo en tinieblas, entre pantanos, con animales feroces, una Narnia sin Aslam; y es que Aslam sólo vuelve o despierta si nosotros lo intentamos.

En fin, puedo decir que fueron unos cinco años espléndidos los de esta primera parte de mis treinta. Sobre todo por lo último: por ese crecimiento hacia adentro; por lo que abordaré los 35 con mucho brío, llena de planes y proyectos ya emprendidos; y he descubierto, apenas lo voy descubriendo en verdad, porque lo que veo con asombro levantarse cada día es todavía apenas la punta de un témpano,  que el centro de mi vida y de toda vida es Dios. No hay escapatoria.

Ayer escuchaba una meditación preciosa que decía “La vida es eso por lo que sufres, por lo que gozas, por lo que luchas, por lo que te apenas”  y pensaba yo, sí, debe ser eso a lo que entregamos el corazón y es nuestro tesoro; es más que el trabajo bien cumplido porque uno puede hacer las cosas bien hechas sin poner el corazón. Lo que somos y hacemos debe brillar desde adentro.

Aquí una canción entre las que me alimentan el alma, con la grandiosa Sara Brightman.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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