Una historia de amor para los novios católicos

Iglesia nacimiento - Raúl Orellana

Iglesia nacimiento – Raúl Orellana

Hace unos meses atrás doblé la última página del libro Roma, Dulce Hogar de Scott y Kimberly Hann, me pareció un libro sencillo y exultante, lleno de vida, capaz de volcar los corazones más fríos, por lo que traigo aquí algunos de sus aspectos relevantes, porque además pienso que es un libro que todo católico debería leer.

El camino de regreso a casa de los esposos Hann se fue dando paso a paso a través de un largo recorrido de estudio, oración y profunda reflexión. He notado que unas de las claves de la conversión en el caso de los creyentes no católicos al Catolicismo, es el amor a Dios.

Es decir, sólo si se tiene una profunda piedad es posible llegar al conocimiento de la verdad. Los esposos Hann amaban a Dios y como tales se habían propuesto con ahínco convencer a los católicos de que su forma de creer no era la apropiada. Lo mismo le pasó a San Pablo cuando perseguía a los cristianos. Él ya amaba a Dios y era tal su celo que viendo al cristianismo como un abandono de la fe judaica luchaba contra ellos a capa y espada. Los esposos Hann como san Pablo ya estaban cerca de Dios, porque tenían Su amor dentro. No eran seres de corazones endurecidos por un fanatismo ciego y sin medida, no. Insisto: Ellos ya amaban a Dios por tal tarde o temprano llegarían a reconocer y ver lo que Dios quería de ellos.

Como dice el mismo Scott Hann: “Por favor, comprendan que mi ardiente anti-catolicismo brotaba de mi amor por Dios y de un deseo caritativo de ayudar a los católicos a convertirse”.

En su libro Roma dulce Hogar los esposos  hacen un recuento de  los puntos importantes que uno a uno tras un profundo análisis los iban acercando a la Iglesia de Roma de manera lenta pero insoslayable y sin que ellos se dieran cuenta.

Uno de esos puntos era el de la justificación por la sola fe. Sobre el respecto dice Scott: “En una ocasión Lutero había declarado desde el púlpito que él podía cometer adulterio cien veces al día y que eso no afectaría su justificación ante Dios. Obviamente, era una figura retórica, pero me impresionó, y la comenté con muchos de mis amigos católicos”. Por supuesto que Cristo dio su sangre por nosotros y sólo Él es justo ante Dios y quien cree en Él  ya está salvado siempre y cuando esa fe sea auténtica ya que de serlo de modo ineludible esa fe se verá reflejada en las obras. En fin, sobre esto habrá que volver.

El otro aspecto interesante que acercó a los esposos Hann a la Iglesia fue el tema de la Alianza, estudiada muy a fondo por Scott quien descubrió que el tema de la Alianza era clave para entender toda la Biblia. En una ocasión, a sus amigos les dijeron que deberían volver a bautizarse porque su bautizo de chicos no servía; pero antes de dejarse llevar decidió investigar y encontró que Dios había establecido una alianza para cada época; durante dos mil años desde Abraham a Cristo Dios había mostrado que quería a los niños en alianza con él. “En el Antiguo Testamento el signo de entrada a la alianza con Dios era la circuncisión. En el Nuevo Testamento, Cristo había sustituido ese signo por el Bautismo. Pero en ningún sitio leí que Cristo dijera que los niños debían ser excluidos de la alianza; de hecho, le encontré diciendo prácticamente lo contrario: «Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo pidáis, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 19, )”, por lo pronto había comprobado que no hacía falta rebautizarse.

Portada del libro

Portada del libro

Otro de los aspectos fundamentales fue el controversial tema de la contracepción ¿por qué la Iglesia Católica se encapricha tanto con este tema? Su esposa Kimberly en una investigación hecha para sus estudios de Teología eligió el tema de la contracepción porque decía que cuando hablaba del aborto muchas personas le preguntaban sobre la contracepción. Entonces encontró que hasta los años de 1930 la anticoncepción era inadmitida para todas las Iglesias unánimemente.

Kimberly también había encontrado un libro sobre el tema: “El control de la natalidad y la alianza matrimonial” de John kippley, que luego fue retitulada como “El sexo y la alianza matrimonial”. Scott lo leyó aunque al principio sintió repulsión porque vio que posiblemente el libro provenía de una editorial católica; sin embargo, a medida que iba leyendo no podía negar la sensatez de lo que ahí estaba escrito. El autor demostraba cómo el matrimonio no es un mero contrato que implica un intercambio de bienes y servicios sino que era una Alianza. “La tesis principal de Kippley era que toda alianza tiene un acto por el cual se lleva a cabo y se renueva; y que el acto sexual de los cónyuges es un acto de alianza. Cuando la alianza matrimonial se renueva, Dios la utiliza para dar vida. Renovar la alianza matrimonial y usar anticonceptivos para evitar una potencial nueva vida equivalía a recibir la Eucaristía para luego escupirla en el suelo”, concluye Scott desencajado.

Fue entonces cuando descubrió para su sorpresa que todos los reformadores Lutero, Calvino, Knox entre otros habían sostenido inicialmente la misma postura que la Iglesia Católica Romana, siendo esta la única iglesia cristiana en todo el mundo que tenía el valor y la integridad para enseñar esta verdad tan impopular.

Continúa Scott: “De modo que cuando «los dos se hacen uno» en la alianza matrimonial, el «uno» se hace tan real que nueve meses después pueden tener que darle nombre. El hijo encarna la unidad de su alianza. Comencé a comprender que cada vez que Kimberly y yo realizábamos el acto conyugal, realizábamos algo sagrado; y que cada vez que frustrábamos con los anticonceptivos el poder de dar vida del amor, hacíamos una profanación (tratar algo sagrado de forma común lo profana por definición)”.

Hasta aquí apenas los primeros pasos que dieron los esposos Scott en su camino de regreso a Casa.  De todo ello también cabe resaltar la necesidad que tenían los Hann de evangelizar a los católicos peor aún viéndolos tan vulnerables y desconocedores de su fe. Este es un defecto que nos caracteriza, los católicos son tales sólo porque “es la religión más fácil”, según escuché una vez por ahí; pero en cuanto se enteran de cómo realmente funciona la critican, se salen de ella o permanecen cometiendo apostasía.

Hoy mismo hay miles de católicos que están de acuerdo con la contracepción porque tienen sus razones: “Me cuido de tener muchos hijos porque hay que ser responsables”, dicen, quedándose en un mero plano humano repleto de sensatez pero carente de fe, sin ese relieve que tiene la existencia de un auténtico creyente. No es fácil, claro; por eso, los verdaderos católicos son pocos, porque en el fondo es llevar una vida heroica y en contracorriente. Más adelante seguiré contando algunas cosas de las conmovedoras páginas de los esposos Hann.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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