Recuerdos de olvidos pasados

La Princesa y el Guisante - Laura (taratela) Boj Pérez

La Princesa y el Guisante – Laura (taratela) Boj Pérez

Hoy quería hablar sobre la memoria. El otro día en medio de un dorado barullo con sabor a fiesta intentaba leer un interesante reportaje sobre la memoria, pero tal era el barullo y tal el interés de hablarme de quien estaba a mi lado que apenas pude retener algo y ni qué decir que no terminé de leer el reportaje. Lo dejé para después y mientras el después no llega me urge decir algo, sí, algo sobre mi memoria a propósito de la memoria. Me urge trasmitir que tengo la peor memoria – oscura y en tinieblas – que alguien a mi edad haya tenido, al punto de querer llamar a la ambulancia para que me lleve de emergencia al lugar donde cosen y curan las memorias.

Hace un tiempo ya, platicaba con mi mejor amiga sobre mis olvidos, la plática era por ‘mensaje privado’ de facebook y me divertía contándole todos las cosas que había olvidado en mi vida y que me habían puesto en apuros. De pronto, recordaba una tras otra para contarle con todo detalle; pero hoy enmudecí, porque me llevó media hora recordar todo lo que le conté. Memoria oscura y laberíntica.

Si embargo, hago el esfuerzo e intento una vez más: entre los olvidos terribles que tuve un día fue el de dejar la tetera (‘pava’, dado el contexto) en el fogón más de la cuenta. Cuando me acordé la pobre teterita estaba vacía y más oscura que de costumbre. En broma dije a mi amiga: Entonces descubrí que cuando el agua se quema no queda nada adentro y tampoco huele a quemado.

Otra cosa importante que olvidé fue el cumpleaños de mi nana, en ese tiempo yo iba a la academia pre universitaria y cuando íbamos camino al paradero le  pregunté con tal inocencia  ¿por qué habrá un almuerzo especial hoy?, ella sólo se rió y no me dijo nada. A mi regreso me acordé de súbito. Dios mío.

Uno de mis olvidos recientes fue el de equivocarme de horario de trabajo. Me fui a trabajar la noche que no me tocaba. Todo fue que no encontré mi nombre en la lista de asistencia del sistema. ¿Qué día es hoy?, me pregunté y entonces saqué conclusiones.  Sin decir nada ni hacerme notar salí con una sonrisa de oreja a oreja despidiéndome de todos.

A lo mejor esto sí le pasó a  mucha gente, dejé olvidada la cartera dentro del taxi sólo que yo me di cuenta mucho tiempo después y como el taxi me dejó en casa de mi prima di vuelta su sala y puse en apuros a los invitados instándolos a que me ayuden a buscar mi cartera. Qué bochornoso fue cuando tuve que admitir que la cartera nunca entró a la casa de Merce (mi tocaya), sino que se había quedado en el taxi.

Ni qué decir que olvido siempre dar los recados y los saludos, pero estos son olvidos menores; aún no he olvidado recados importantes; ahora bien, mis olvidos más frecuentes son no saber no dónde he dejado los anteojos, más de uno se ríe cuando los busco como una ciega dando palmadas sobre las superficies, siempre es ocasión para reírme de mí misma. Y no hace mucho olvidé mi USB en una tienda de impresiones. Cuando me di cuenta ya estaba muy lejos de ahí; pero debía volver porque en ese USB está toda mi información más importante. Retomé el camino pero no recordaba bien en qué tienda había estado, pero con ayuda de mi ángel de la Guarda casi instintivamente entre al lugar, reconocí el color de chompa de la persona que me había atendido y en cuanto  me vio dijo sonriente: “!ah sí, su USB!”; cómo agradecí a Dios.

En fin y como diría Ángeles Mastretta cada quien su milagro y sus pasiones, y estos son algunos de mis olvidos inolvidables -aunque conmigo nunca se sabe- que me han ocurrido a lo largo de la vida. En la revista decía que para recordar dónde se ponen las cosas es bueno prestar atención al entorno de tal modo que la memoria captará como una cámara fotográfica el lugar y luego, será fácil recordar; otra técnica es la técnica de asociación, esa la aprendí de chiquita y me ha servido para recordar  números, códigos, etc. Es decir, asociar los números a fechas de cumpleaños, por ejemplo; o asociar el nombre de una persona que recién conocemos a alguna característica de su aspecto, por ejemplo: “Ana la de los ojos grandes” o “Andrés el de cabello largo”, etc. También decía el reportaje que los científicos están tras la pista de un medicamento que posibilite el olvido de situaciones traumáticas, bueno, en realidad esto es controversial, pues en casos de crímenes siempre será mejor recordar para encontrar a los culpables; de lo contrario sería muy peligroso que buena parte de lo vivido sea posible borrarlo con sólo ingerir una sustancia. Siempre será mejor vivir para recordar.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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