Las cinco piedras invencibles

Maria Reina de la Paz

Maria Reina de la Paz

La fe en la vida y en Dios las heredé de mi abuela y el resto de mujeres de mi familia. Mi abuela era un prodigio de mujer hacedora, una madre estratégica, impulsadora de su ambiente. De ella aprendí que el corazón es el motor, que cual un remolino ardiente hace del amor auténtico ilimitable, de los imposibles realidades intensas. Claro, de ellas aprendí, ahora caigo en la cuenta, mi pasión por los imposibles y lo intangible. Ella me heredó la fe; y las otras, me la inculcan cada día.

A mí me hizo mucho bien tener hermanas y hermanas mayores que yo. Las dos ejercieron una influencia fundamental en mí. Delia nunca se cansó de repetirme, por ejemplo, hasta el último momento de su vida con gran entusiasmo y férrea convicción de que ¡Debemos llegar a santas!; ni famosas, ni exitosas, ni ricas, no, ¡santas! De todo lo bueno, lo mejor.

Y he aquí que desde fines del siglo pasado nuestra Poderosa Madre Celestial nos viene pidiendo cinco cosas con sabor a imposible y con gusto a santidad. María nos pide unas cuantas cosas que obrarán prodigios en nuestras vidas si nos atrevemos; y están obrando en la vida de muchos.

Lo que pocos saben y poco se difunde es que algo está pasando en un lugar del mundo que por estos lares puede sonar remoto: Medjugorje. Me he encontrado con más de uno aturdido porque no consigue pronunciar bien el nombre y con quienes se sienten más aliviados si luego escuchan: Fátima o Lourdes.

Esto último suele ser gracioso; pero lo cierto es que hoy Medjugorge (Bosnia Herzegovina /Europa Central) es considerado el centro espiritual del mundo por la inmensa cantidad de conversiones que se están dando. Para mí los milagros de conversión son mucho más significativos que los físicos, y de hecho es así; sin embargo, qué duda cabe que las sanaciones físicas son las que causan más asombro por su evidencia.

El tema de la conversión pareciera ajena a nosotros los que nos llamamos católicos ‘practicantes’ o sencillamente ‘buenos’ aunque ‘no practicantes’.

Creemos que la conversión es eso que necesitan los malhechores, los infames, los terribles; no nosotros ni nuestros vecinos porque somos todos ‘buenos’ y ‘estamos bien’.

Apenas he salido de mi estupor cuando un buen día concluí en que yo también necesitaba conversión, esto es: Más acercamiento, más enamoramiento, más tiempo dedicado a la fe y sus cosas. Sí, más. Aunque de inmediato se escuche la voz sensata de alguien que cual inocente instrumento de la asedia viene y dice: “Oh, no por favor, eso es demasiado, no vayas a parecer fanático”, “!tanto rezas, ¿qué haces rezando ‘todo el día’?!”, “!Qué horror, debiste ser monja!” Como si resultara más chic ser católico ‘a medida’, porque ya lo demás “oh, no por favor”, resulta “… poco decoroso y exagerado”. Como quien es amigo de Dios porque es lo políticamente correcto, sólo de ‘Hola y Chau’ pero por lo demás, mejor procurar cruzar a la vereda de enfrente porque no sea que nos vean frecuentarlo demasiado.

Es más ‘elegante’ decir: “Voy a Misa a veces, cuando puedo”, que decir: “Voy todos los días”. ¡Madre mía!, te quedan mirando de arriba abajo como a un marciano fashion. Es que la persecución del cristiano sigue y también se moderniza y eso, que esto se suele dar en una plática natural entre ‘creyentes’  ¡y gente cercana, porque no es que uno ande contándole su vida espiritual a todo mundo! Esto me recuerda a cuando el Mejor amigo de Jesús le dijo más o menos así cuando se enteró que Él moriría en la Cruz: “!Oh, no por favor Señor, cómo va a pasarte eso, no, de ninguna manera!”

Ese acercamiento es tan urgente como nuestra alimentación diaria, sólo que no nos queremos enterar y  lejos de ser la vida de piedad de una sola agrupación católica tildada de “exagerada” o de un movimiento juvenil “fanático”, ¡lo está pidiendo hoy Nuestra Señora en Medjugorje a todos los creyentes y no creyentes!, a ver quién le dice a ella exagerada o fanática.

Se trata de algo más que una receta espiritual porque condensa los pilares de la vida del cristiano y es impresionantemente efectiva; la Virgen las llama piedritas, en alusión a las que tiró David con su honda al gigante Goliat.

La primera piedrita es la oración. Según señaló nuestra misma Madre del Cielo, el cimiento de la paz es la oración y que la paz no es ausencia de problemas, preocupaciones o adversidades sino algo mucho más sencillo: Es estar llenos de Dios.

David y Goliat

David y Goliat

Una embarcación que no ha perdido la brújula, es decir, que tiene claro cuál es su horizonte, difícilmente se hundirá con las tempestades y adversidades de la vida.  Esa brújula para un cristiano es la oración, la amistad íntima y simbiótica con Dios. De esto se puede deducir que un hombre de oración es un guerrero pacífico. Va al campo de batalla y combate pero nunca pierde la paz: ese sentido de su vida.

Un buen día aprendí que, pase lo que me pase, si no dejo de contemplarme en los ojos de mi Dios, todo estará bien. Esa mirada infinita e indescriptible que sólo es posible entre los que se aman y tienen secretos, intimidad y un solo corazón. Ese tú eres yo y yo soy tú, en el que las palabras fenecen. Recuerdo la escena aquella de la Pasión de Cristo en la que en el momento preciso en que Pedro negaba a Jesús, Él pasaba por ahí arrestado entre los soldados y lo miró largamente a los ojos. Así, del mismo modo, he de buscar de modo insistente esa mirada esté donde esté, entre mis actos ruines, en mis despojos o en mis épocas de bonanza.

La segunda petición de María es el ayuno. En un mundo terriblemente consumista el ayudo puede resultar inconcebible. Entiéndase aquí el ayuno de alimentos, porque también puede haber otro tipo de ayunos o renuncias momentáneas como ofrenda a Dios. Nuestra Señora nos pide los miércoles y viernes ayuno a pan y agua.  En las religiones orientales suelen ayudar frecuentemente; los cristianos estamos llamados a poner más empeño al respecto en estos tiempos.

La tercera piedra es la Eucaristía, asistir a Misa los domingos y si es posible diario. La Renovación del Sacrificio de Jesús es el centro de toda nuestra Fe, el eje de nuestro día a día.

La cuarta piedrita es la lectura de la Biblia todos los días. Ahí están las respuestas y la guía para entender el sentido de nuestras vidas y encontrar las salidas a nuestros interrogantes.

La quinta piedra es la confesión. A lo mejor el más impopular de todos los sacramentos, porque me he encontrado frecuentemente con personas buenas que se rehúsan o no sienten necesidad de la reconciliación. “!El padre saldrá corriendo si me escucha!” comentan entre bromas. “!No, no me arrodillaré ante un hombre más pecador que yo!”, dicen los más rebeldes; sin recordar que el primero en dejarse abofetear y crucificar por un hombre fue el propio Jesús. La otra respuesta es: “No siento la necesidad, yo  estoy bien con Dios, él sabe que me porto bien, no le hago ni le he hecho mal a nadie”. No sé cuál de todas las respuestas es la más atroz.

Nuestra Madre con todo su inmenso Amor nos está ofreciendo hacer uso de estas piedritas para vencer al enemigo. Si Ella lo propone es porque así será, haremos posible los imposibles. ¿No es esto una maravilla?

Que jamás nos parezca exagerado el amor, ni fanática la fe si lo que se hace es desde las profundidades del corazón. La vital existencia de mi abuela y la ambición de mi hermana – ¡debemos ser santas! – hayan justificación con la propuesta de Nuestra Madre hoy día: Amemos hasta que duela, hasta hacer posible lo imposible porque la humanidad lo necesita de urgencia.

www.centromedjugorje.org

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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