¿Con qué ojos vemos la vida?

Milagro - Jean Pierre Lavidallie

Milagro – Jean Pierre Lavidallie

A menudo llevamos una vida cotidiana tan corta y sencilla y somos tan pequeños en el mundo entre miles de millones de seres como nosotros que a su vez también tienen vidas pequeñas, que somos poco conscientes de ello porque en mucho nos sentimos agrandados por una confusión que se da de continuo en el contexto en que habitamos.

A mis alumnos de facultad les he dicho que todos los días nos movemos en algo parecido a una ‘feria de espejos’, esos espejos que nos cambian la figura, en los que nos vemos ya patilargos, ya narigudos, enanos, gigantes, etc. Ese contexto es lo que llaman ‘la sociedad de la imagen’ y esos espejos son los medios de comunicación: Internet, los celulares, los paneles publicitarios en las calles, los anuncios en los microbuses, en las veredas, las portadas de los diarios, etc.  donde  pareciera que ‘nos vemos’ en la cara de ese modelo, en la sonrisa de esa ama de casa que nos mira desde una vitrina; y que la única forma de evitar el desaliño interior y la alienación es que no olvidemos nunca que somos algo más que apariencias: imágenes y espejos.

Somos pequeños pero vamos por ahí adornados con la misma  insensibilidad que tiene un elefante cuando pisa la pata de una hormiguita; la misma ceguera e inconsciencia cuando no vemos el valor de las cosas pequeñas porque nos sentimos grandes.

Hay quienes esperan a morir para creer en Dios. Es decir, si mueren y luego ven a Dios creerán; pero supongo que ni siquiera necesitarán verlo, el sólo hecho de encontrarse vivos ya le debe dar a Dios cierto crédito, pienso.

Y entre los que creen hay quienes piensan que al morir todos nos vamos a salvar porque de sólo ver a Dios nos iremos con Él.

Pero ¿con qué ojos?, ¿con qué ojos lo podrá ver quien murió de súbito luego de llevar una vida de odios y extravíos? Cuando Jesús resucitó nadie lo reconoció hasta que se les abrieron los ojos. De hecho, sólo es posible ver lo que tenemos cerca o aquello a lo que nos hemos acercado.

Del mismo modo ¿con qué ojos veremos lo pequeño en el día a día si casi siempre nos sentimos elefantes o gigantes según el espejo en el que nos reflejamos?

Pienso en el aborto, en la incapacidad de muchos de no ver que hay vida desde la concepción y ese relativismo moral que afirma que cada quien haga lo que le parezca; si cree que hay vida en el feto entonces no abortes, si no lo cree, aborta y punto. Eso es incomunicación y ahí donde no hay comunicación no hay comunión y mucho menos está la verdad. No es posible partir en dos la verdad. Es como decir que quien hable chino que converse con los chinos y quien hable inglés con los ingleses. Ese relativismo moral cae desplomado en cuanto miramos a los clásicos, ¿por qué luego de cientos de años y en culturas tan distintas sigue produciendo el mismo estupor y estremecimiento la Ilíada, la Odisea, Don Quijote de la Mancha y toda la maravilla Shakesperiana, que aunque nunca la leeré en inglés cada vez que lo hago en español me traspasa el alma?

Pienso que hay principios innegociables, indivisibles, universales, que obedecen a una sola ley de la naturaleza humana, por la que todos somos iguales y en la que se basó la Declaración de los Derechos Humanos.

C.S. Lewis  explica desde las primeras páginas de su ensayo Mero Cristianismo qué es eso de ‘ley natural’, no aquella que refiere a las reglas de la naturaleza o la física, sino a una ‘ley de la naturaleza humana’, una cierta norma de ‘conducta decente’ que todos los humanos portamos, todos; pero que de todas las leyes naturales a las que involuntaria e irrenunciablemente obedecemos, como por ejemplo la ley de la gravedad: a esa nadie puede renunciar; a  la ley de la naturaleza humana, sí la podemos desobedecer.

Esa norma del juego por la que la conciencia de uno y otro, en una discusión cotidiana, reclama; incluso, les pasa a aquellos que no creen en el bien ni en el mal, o creen que son relativos, pero que ante una promesa que les incumplieron no tardarán en reclamar aduciendo que  “no es justo”.

“¿Qué sentido tenía decir que el enemigo estaba en el error, a no ser que el Bien sea algo real que, en el fondo, los nazis conocían tan bien como nosotros y debieron haber practicado? Si no hubieran tenido idea alguna acerca de lo que llamamos el bien, entonces, aunque quizá igual hubiéramos tenido que luchar en su contra, no podríamos haberlos culpado por ello con más razón que por el color de sus cabellos.” concluye C.S. Lewis.

En ese mismo sentido, afirma que no es verdad que la existencia de culturas destruya una  única concepción de Bien. “Ha habido diferencias entre sus sistemas morales, pero nunca se ha llegado a una diferencia total. Si alguien se tomara la molestia de comparar las enseñanzas morales de, por ejemplo, los antiguos egipcios, hindúes, babilonios, chinos, griegos y romanos, lo que realmente le sorprendería es constatar cuán semejantes son entre sí y con las nuestras.”

No es precisamente instintivo ese afán que tenemos por comportarnos bien (aunque a veces no lo logremos), porque de ser así, sólo nos comportaríamos bien cuando nos produce alguna satisfacción o de forma mecánica como el pestañeo. (La ley natural está muy ligada a nuestra libertad) En tal caso nada costaría ceder el asiento o hacerlo sólo cuando tenemos ganas, etc.; pero en muchos casos más que sentir ganas, ‘sentimos el deber’ Si una persona pide auxilio una voz nos dirá que no nos metamos  y otra nos dirá que corramos a auxiliarlo; y encontraremos en nuestro interior que el Bien siempre está de lado del más débil.

Es preciso estar cerca del Bien para encontrar la Verdad; es preciso buscar con el corazón abierto el Bien para poder ver las cosas pequeñas, nuestra pequeñez y la raíz de la vida creciendo en nuestras entrañas.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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