Influencias: la verdad en los medios

Existe una complicidad entre medios y receptores. Ya en sus investigaciones sobre la influencia de los medios de Comunicación en las audiencias, en los años sesenta, Joseph Klapper, había encontrado que los medios refuerzan las conductas o conceptos previamente aprendidos; es decir, que un espectador busca programas que refuercen su apreciación sobre la vida, su entorno, etc. Rara vez un contenido mediático va a producir ‘conversiones’, deducía Klapper de sus estudios.

A partir de ese postulado resulta inquietante descubrir qué tipo de experiencias previas tiene el espectador peruano para buscar  reforzarlas con programas como el “Valor de la verdad” o los talk shows, entre otros formatos polémicos que denigran la dignidad humana.

¿Qué busca el peruano en la televisión?, una analista en la última edición de la revista SOMOS del diario el comercio, del sábado 29 de septiembre, decía que las personas están tan solas y tristes que buscan a gente igualmente triste en los medios; dramas más graves o tan parecidos a los suyos,  y sólo para solazarse. O a lo mejor, buscan a personas más miserables que ellas para aquietar remordimientos.

Lo cierto es que existe una complicidad demostrada entre receptor y emisor; porque las personas que ven y participan en dichos formatos van al encuentro de sus propias aspiraciones y deseos. ¿Cuál será el perfil del espectador del programa “el valor de la verdad”? A lo mejor depende del tipo de participantes que tiene cada semana y del tipo de preguntas que maneja. Porque no hay que perder de vista que de acuerdo a estos aspectos sus espectadores pueden ser hasta potenciales asesinos o sicópatas.

El conductor del programa dijo que éste continuaría saliendo al aire dado que “nadie aquí es culpable de lo ocurrido”, del mismo modo opinaron los directivos del canal que lo emite: “el programa no tiene nada que ver con la muerte de Ruth Thalía”.

Por el contrario, considero que todos tienen algo que ver con ese fatídico final y que por lo tanto, hay una responsabilidad compartida; porque aunque no hubiera habido ningún asesinato, el sólo hecho de descubrir verdades degradantes  por dinero, que dejen en ridículo a terceros ante miles de espectadores, ya es censurable.

El detonante del asesinato fue la exposición mediática de aspectos de la vida privada de la víctima que involucraba a su asesino. Para que haya exposición mediática es necesario que exista la pista, es decir, el formato que dé lugar a semejante ‘hiperventilación’ de la intimidad.

Está claro que, de ser sólo por dinero, el asesinato se pudo perpetrar ya si el premio venía de un programa televisivo o de la lotería; pero en este caso es evidente que otro de los fuertes móviles también fue la agitación de emociones que despertó el escándalo producido a partir de lo expuesto en el programa, ya que comprendía una historia personal escabrosa. Con preguntas que provocan morbosidades de ese tipo más de un loco puede escapar del psiquiátrico, por decir lo menos; y peor aún si se prescindió de un serio estudio psicológico de acompañantes y participantes, que según el poligrafista del programa, José Fernández de Landa, se requería sin lugar a demoras.

Porque si el conductor sabe que va a hacer preguntas comprometedoras a gente cuyo perfil de vida tiene antecedentes ‘gravosos’, debe tomar precauciones. Es que pareciera que el programa no trata sólo sobre la verdad, cualquier verdad, sino sobre ciertas miserias humanas expuestas a la luz. A caso sería mejor llamarlo el valor de tu miseria, porque los protagonistas van allí a ponerle un precio a su vida y a sus actos deshonrosos.

Si no existieran programas como estos, por lo menos, no existirían crímenes en los que se sospecharía de la responsabilidad de un programa televisivo.

¿Cuál es el valor de la verdad para un medio de comunicación?, si el comunicador defiende la verdad, debería saber cómo acercarse a ella, aún si se tratase de una verdad indecorosa; y finalmente, si el asunto es verdad, pero no es bueno ni necesario decirlo, ¿para qué sacarlo en televisión si no es sólo por rating?

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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