Caja de nombres y bombones

Barba Azul - Laura (taratela) Boj Pérez

Barba Azul – Laura (taratela) Boj Pérez

La mamá de Forrest Gump le dijo que la vida era como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar. Pues debe ser así que la vida comienza con el nombre que nos fue dado.

Dicen que cada niño viene con un pan bajo el brazo y yo diría también que con su nombre. Qué importantes son los nombres y cuánto cariño le tomamos con los años, aunque no nos guste tanto.

A mí sí me gusta el mío aunque siempre lo vi como muy propio de una mujer aristocrática del siglo XVIII. Insoportable y gélida. Mercedes siempre ha sido el nombre de la abuela, la suegra o la madrastra en las telenovelas. Salvo en aquella protagonizada por Thalía, María Mercedes que dicho así suena hasta dulce tal vez porque junto a María se suaviza el nombre. Y en la literatura Mercedes es la protagonista de El Conde de Montecristo, la amada de Dantés pero casada con Fernando.

Mamá me contó que eligieron mi nombre por el día en que nací, el día de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las armas y los reclusos. Ay de mí si nacía el día de Nuestra Señora de la Providencia o de la Resurrección de Nuestro Señor. Sin embargo, fue el día de María de la Merced y me gusta; y así el mismo día de mi cumpleaños es el día de mi santo.

Dijo también que mi abuela quería que me llame: María Mercedes, pero a esas alturas mamá estaba obsesionada con el milagro que significaba yo en su vida y me bautizó con Milagro. Así de singular, grácil y poético.

En suma la conjugación final fue: Mercedes Milagro. Mamá argumentó también su rechazo a la propuesta de mi abuela con una curiosa creencia: Las Marías sufren mucho. Lo que no sabía era que las Mercedes, también.

La costumbre de poner dos nombres es antigua aunque buena cantidad de gente sólo lleva un nombre lo que resulta, en cierto modo, más práctico y realista; y otros más de tres lo que resulta inútil y hasta gracioso.  Tenía un tío que llevaba cuatro nombres: Zócimo José Manuel Eleodoro. Toda la vida le llamaron por el primero y siempre se hizo broma con el resto de sus nombres.

Hay quienes luchan por ser llamados como les gusta de acuerdo a situaciones en sus vidas. Una amiga mía nos sorprendió un buen día cuando pidió a todos, por favor, que no la llamaran más por su primer nombre sino, de ahí en adelante, por el segundo. Por favor, ya no me llames Lourdes, dime Patricia, era su continua corrección e increíblemente todos pasamos a llamarla, aunque no sin esfuerzo, por su segundo nombre. Lo curioso fue que después nos pidió que con el diminuto Trizia y finalmente que volviéramos a llamarla Lourdes.

Me sorprendió su sinceridad y coraje, así como su carácter independiente, porque pocos suelen hacer esas solicitudes. Todo mundo se conforma con ser llamado como al otro le cante, mientras no sea un apodo desagradable, claro.

Lo segundo que me causó sorpresa fue precisamente que fue escuchada; la gente hizo caso de su pedido y se acostumbró a llamarla como ella quería.

En mi caso, por el contrario, siempre me he sentido cómoda con ser llamada según cada quien haya asumido naturalmente mi nombre de pila. Incluso cuando alguien me llama de modo diferente a como suele hacerlo me suena raro y hasta incómodo. ¿Por qué me dices Meche si tú siempre me dices Mercedes? O viceversa.

En casa desde hace muchos años me llaman Merce, mis demás parientes Mechita, la eterna Mechita pues al ser la última nieta, la última hija, la última descendiente he quedado perpetrada con el diminutivo. Para los más jóvenes soy Meche, así como para mi comunidad de amigos. Aunque una buena parte también me llama Mercedes.

En cuanto a mi segundo nombre, hay una sola persona en el mundo que desde que nací hasta hoy me llama: Mili. La señorita Queta, que a pesar de verla tras largos intervalos de tiempo sigue saludándome con el mismo cariño cada vez que nos encontramos: “!Hola Mili, qué grande estás!” Sólo por eso la quiero y merece mi más sentido homenaje.

Mili me llamaba mi prima Consuelo en su adolescencia; pero hace mucho ya que me llama Merce como los demás. Mili, Milagro fui en los últimos años para mi hermana Delia; motivada porque comencé a llamarla por su segundo nombre: Jesús, Jesusita, le decía, Jishita.

Nombres - Sonia María LLusca Escobar

Nombres – Sonia María LLusca Escobar

Considero que uno de los momentos más decisivos de nuestras vidas y que queda inexorablemente en manos de los demás es cuando nos dan el nombre; el nombre conlleva en muchos aspectos el temperamento y el destino del susodicho.

En la página 65 de Vivir para contarla, García Márquez hace alusión a los no poco originales nombres de sus parientes: “(…) En cambio los nombres de la familia me llamaban la atención porque me parecían únicos. Primero los de la línea materna: Tranquilina, Wenefrida, Francisca Simodosea. Más tarde el de mi abuela paterna: Argemira, y los de sus padres: Lozana y Aminadab. Tal vez de allí me viene la creencia firme de que los personajes de mis novelas no caminan con sus propios pies mientras no tengan un nombre que se identifique con su modo de ser”.

El modo de ser y el destino qué misteriosamente anclados van en el significado de nuestros nombres. Mercedes significa Gracia o Misericordia. Milagro, significa más o menos lo mismo, ¡maravilla! Y así cada quien con su significado y ese sentimiento de importancia que otorga.  (En el mismo instante en que escribía esto vino alguien muy amable y me preguntó: ¿Cuál es tu nombre?, y ¿cómo te llaman: Mercedes, Mechita?, según Jung esto sería una simpática “coincidencia significativa”).

También suele ocurrir que en una familia se repite mucho un mismo nombre como quien da un homenaje a los ancestros. Así tengo que en mi familia hay hasta cuatro Jesús Sarapura: mi abuelo que murió a los 33 años, mi papá, mi primo –uno de los nietos mayores- y mi hermano. Sin contar a mi hermana que también llevaba Jesús como segundo nombre. Las Marías son dos: Mi abuela María Benita y mi hermana María Elena. Somos dos Mercedes, las hay dos Consuelos, cuatro Delias, etcétera, etcétera. Y ya hace unos años mi amiga Emma me deleitaba contándome que en su árbol genealógico hay muchas Emmas en honor a la matriarca de su familia. Ella una de las favorecidas; y quien no tiene un conocido como yo, un jubiloso anciano de 98 años, que bautizó a dos de sus hijas con los nombres de sus ex novias.

En cuestión de nombres parece ser que en la repetición está el gusto, el enlace familiar, el homenaje y la sucesión de dinastías. Aún así no me importa si mis hijos no llevan mis nombres o los de los abuelos; sin embargo, me temo que repetiré María pero esta vez junto a Jimena. No hay Jimenas a la vista.

No puedo olvidar mencionar el curioso caso de un alumno de la facultad cuyo nombre era Fedor, sí, Fedor. Un día contó que en su familia se alternaban los nombres de personajes de las novelas y del propio Fedor Dostoievski porque a su abuelo le gustaba mucho las obras de este escritor. Sorprendente obediencia hasta de los gustos del abuelo.

 Qué estupenda manera tienen los clanes de distinguirse y de trascender en el tiempo, donde jamás faltará el más viejo del clan que diga: “Con el nombre del abuelo yo te bautizo…”, o de la tía querida o de aquella persona legendaria que toda comarca evoca.

Antes incluso, los rituales del nacimiento eran mucho más intensos, porque de algún lado los viejos sabían que el nombre explicaba y aseguraba el destino de sus descendientes y de su estirpe.

En fin, lo cierto es que el nombre hoy y siempre será  el título de cada quien, su propio yo puesto en  boca de los demás. En tu nombre, en mi nombre, en el tuyo, discurro esta noche y me asombro entre las memorias épicas de los ancestros que han quedado eternos en la presencia de sus hijos y en los nombres de los hijos de sus hijos.

Anuncios

Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
Esta entrada fue publicada en Vida. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s