Yo soy más fuerte que el chocolate

Pan y chocolate - Antonio Ellerini

Pan y chocolate – Antonio Ellerini

Si en este mundo hay un vestigio de cielo ese es el chocolate. Tiene ese no-sé-qué que entibia el alma y llena de fruición el ser entero. El chocolate es americano, ¡es nuestro!, tanto como la papa y nuestra piel cobriza.

Todo este tiempo, desde que me traje chocolates de Italia por compartir con la familia y como regalos de mi pequeña Torbellino, (aunque alguno resultó suizo, no podía ser de otra manera), me enamoré de las barritas. Yo jamás fui adicta a las barritas o a los bombones, más bien los despreciaba. Los regalaba indiferente y desdeñosa con la apariencia de un poderoso corazón desprendido.

_ ¿Cómo? ¿no quieres? – me miraba más de uno alelado.

_ No, no quiero – decía yo pasando de ellos a las partes de la vida que me gustan más. Ah pero sí que soy presa de la más oscura codicia por las tazas calentitas de chocolate en nuestras calurosas fiestas navideñas. Ya en Navidad, en mi cumpleaños, en el del prójimo, en aniversarios o porque las amigas de mamá vienen a rezar el Rosario, la taza de chocolate es la taza estrella.

Ni qué decir de los helados y galletas de chocolate, mato por ellos, por ellos muero. Pero por las barritas, no, por los bombones, no. Los famosos y tan familiares chocolates Sublime los he querido y los quiero más que por lo que son, por su significado, ‘porque la marca Sublime es nuestra’.

Sin embargo, hace unas semanas que vivo engatusada por los bombones ‘con líquido adentro’, como digo yo. Me han contado su secreto, han despertado a mis papilas gustativas, las han conquistado. Me gustan los rellenos con café, pero ni qué decir los últimos que probé con unas gotitas de coñac y cerezas. ¡Madre mía!

Desde entonces ando huérfana de chocolates, aunque ya tres veces que me regalan chocolates así por azar, como son los guiños que otorga la vida, Dios o mi ángel de la Guarda que siempre está al tanto de proveerme de lo que necesito con urgencia.

Ahora, siempre después de una mandarina como postre, reclamo un ‘chocolatito’ y una taza de café. He tenido que llegar a los 35 para valorar los bombones de chocolate así como un tío mío a los 84 para disfrutar de la leche, ¡tanto tiempo perdido! Se lamentaba. Hoy bebe maná en el Cielo.

Aquí en mi escritorio tengo una cajita que me mira tentadora. La cogí para robarle tres bolitas, pero no más, no más. Yo soy más fuerte que el chocolate.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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