El auténtico ladrón de corazones

Narciso Yepes

Narciso Yepes

He quedado fascinada con unas historias de conversión tan sobrecogedoras como sólo pueden ser este tipo de experiencias, únicas y en mucho inexplicables, que encontré entre las páginas del libro Conversión de ateos y judíos a la Fe Católica del sacerdote Ángel Peña.

Esta vez quedé atrapada con la fabulosa vivencia de Leonardo Mondadori, presidente de un importante grupo editorial italiano. En su caso su conversión no se dio como fruto de una experiencia extraordinaria sino como consecuencia de un largo proceso de descubrimiento de la Fe y del amor de Dios. De todo lo que dijo, traigo aquí las frases que más me desbordaron al punto de buscar aquí compartirlas.

En un momento dado señala: “Lo que más me ha convencido del cristianismo es que Jesucristo es de verdad la respuesta a todos nuestros interrogantes; que sólo quien sigue a Cristo se realiza plenamente”. Ese tema de la realización me traspasó el sentido justo hoy cuando tanto se habla de realización personal, realización profesional, realización sentimental, etc como el resultado de una búsqueda humana insatisfecha y al mismo tiempo inagotable y cuando salen al encuentro “secretos” que aseguran dar respuestas satisfactorias, mientras que el ser humano continúa resistiéndose a admitir que el verdadero secreto está en Cristo, en esa  ‘realización espiritual’, si se quiere, como eje de toda nuestra existencia.

En su libro Conversione,  en el que cuenta su proceso de conversión,  Leonardo Mondadori dice textualmente: “La vida para algunos es oscura, para otros gris. Para mí es luminosa. Son muchos los elementos que hacen luminosa mi vida actual. Hace cuatro años, una mañana, descubrí de golpe, que tenía un tumor en la tiroides y un carcinoma al páncreas y al hígado. Debido a esto, debo someterme al tratamiento de interferon. Pero ahora gozo de una vida cristiana vibrante. Y esta fe es la que, a pesar de todo, hace luminosa mi existencia” ¿Cómo se explican dichas palabras sino sólo a partir de la fe? Sospecho que la experiencia de fe es tan insuperable e incomunicable como la experiencia de la propia muerte. Comunican los gestos, los actos mas no las palabras pues todas ellas quedan cortas y arrumadas en una esquina.

Leyendo a Mondadori recuerdo aquel mensaje de María en Medjugorje, cuando decía que la paz, la auténtica Paz, no es ‘que todo marche bien’ en nuestra vida, sino tener el corazón lleno de Dios. Esa Presencia, entonces, es la que explicará la sorprendente serenidad de muchos en los peores momentos. Escándalo y locura para los racionalistas.

Leonardo Mondadori

Leonardo Mondadori

Narciso Yepes es otro personaje que descubrí entre las páginas del libro del padre Ángel Peña. Era un guitarrista español miembro de la real Academia de Bellas Artes. Contó su historia de conversión a la periodista española Pilar Urbano, cuya entrevista salió en la revista Época en 1998. Entre otras cosas dice: “Me bauticé al nacer, y ya no recibí ni una sola noción que ilustrase y alimentase mi fe. ¡Con decirle que comulgué por primera vez a los veinticinco años! Desde 1927 hasta 1951 yo no practicaba ni creía ni me preocupaba lo más mínimo que hubiera o no una vida espiritual y una trascendencia y un más allá”.

Su conversión fue súbita, repentina, inmediata y muy sencilla, como él mismo señala. Fue un día en París cuando se encontraba acodado en un puente del Sena viendo fluir las aguas. Sintió que una voz le habló dentro diciéndole: ¿Qué estás haciendo? Entró a la iglesia más cercana y de ahí en más su vida cambió para siempre.

Perdió a un hijo y ante este enorme sufrimiento comenta: “Sé que la vida de mi hijo Juan de la Cruz estaba amorosamente en las manos de Dios. Y ahora lo está aún con más plenitud y felicidad. Por otra parte, cuando se vive con fe y de fe, se entiende mejor el misterio del dolor humano. El dolor acerca a la intimidad de Dios. Es una predilección, una confianza de Dios hacia el hombre…” y a esto añade: “Con Dios todo es novedad, Él no se repite nunca. Además de creer en Dios, yo le amo. Y lo que es incomparablemente más afortunado para mí: Dios me ama. ¡Cambiaría tanto la vida de los hombres, si cayesen en la cuenta de esta espléndida realidad! Es tremendo que el hombre por cuatro cachivaches técnicos que ha conseguido empalmar, se haya creído que puede presumir de Dios y trate de arreglar esta vida con su solo esfuerzo… Pero el hombre por muy abyecto que sea, siempre está a tiempo para dejar de serlo. Vivir es eso: estar todavía a tiempo… Quizás porque soy un converso, creo más que otros en la capacidad de regeneración y de ‘re dignificación’ del ser humano…”

No puedo ni tengo nada más que añadir a lo dicho por los conversos, ese peligroso grupo de enamorados de Dios que al haber sido sorprendidos por Él ahí cuando más distraídos estaban, Dios les arrebató el corazón para no devolvérselos nunca y para que desde entonces sean uno con Él. Como decía otro converso, resultaba increíble que mientras Él ingresaba a la Iglesia deslumbrado y traspasado por el amor de Dios, con los ojos sin vendas y con la emoción del ciego que ve por primera vez, otros salieran de Ella creyéndose libres, encaminados al caos y la oscuridad.

Peligrosos en tanto que luego de lo que vivieron, luego de haber vivido el Cielo aquí en la Tierra, no le temen a nada ni a nadie y van por la vida como fuego encendido para derretir los témpanos oscuros en los corazones de los que aún no han experimentado el amor de Dios, como los llama Nuestra Señora.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a El auténtico ladrón de corazones

  1. – “Dios no tiene el corazón duro. Mira a tu alrededor y verás lo que hacen los hombres, entonces ya no dirás que Dios tiene el corazón duro… Muy poca gente va a la Casa de Dios con respeto, una fe sólida y de conversión. Este es un tiempo de gracia y de conversión. Hay que utilizarlo bien”.

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