La hora del consuelo

Oración tu consuelo es mi consuelo - María Teresa De Casto de Castro

Oración tu consuelo es mi consuelo – María Teresa De Casto de Castro

Cuando es la hora del dolor y nos roza con la textura hostil de su plumaje, ¿qué hacer?, ¿a dónde ir? El camino es vasto y conocido por todo corazón que lleva trajinando la vida desde hace un tiempo ya, dejando suspiros por huellas en sus aceras oscuras y sabe también adónde acudir para apearse en el lomo de algún consuelo por débil y pequeño que sea. A mí, por ejemplo, me alivian los perfumes y la música, mi música, esa que sabe mi nombre y mis secretos, la voz de mis amados y el silencio aquel donde me abraza Dios. Pero ¿cómo dar consuelo a alguien que se quiere mucho y sabemos que sufre? ¿qué hacer cuando se agotaron las palabras y la más profunda filosofía?

Eso me pasa en estos días, no sé cómo dar consuelo, no sé qué decir. Acaso esa sea una de las formas más difíciles de amar. Sin embargo, encuentro al silencio –esa esquina íntima del más negro sufrimiento donde nos abraza Dios- como la más humana de las respuestas. No sé qué decirte, le he dicho como estribillo del más mudo canto, no sé qué decirte. A lo que me ha respondido: Con que estés ahí me basta.

Hace años ya alguien inteligentísimo y sensible me dijo que nada humano debía serme indiferente, mucho menos el llanto. Será porque las lágrimas son tan irreparables como el tiempo.

Entonces aprendí que todo dolor humano es un altar digno de reverencia y de silencios compartidos; donde encuentran intimidad el corazón y el Dueño de todas las cosas.

Hoy como siempre, la gente sufre mucho, mucho. Como siempre, claro, aunque cada dolor sea incomparable e irrepetible. Hace un tiempo ya otro ser querido me dijo anegado de sufrimiento: Gracias por no decirme palabras vacías. Porque entonces, como ahora, encontré que demás estaba decir que ya pasará, que será por algo bueno, que Dios la ama, que no llore. Esto último de las frases más comunes e inútiles. Demás estaba decir nada y sí hacía más un abrazo y un tácito déjame atravesar eso contigo.

Quiero ir contigo a ese holocausto, quiero ser tú por una vez porque si no puedo quitarte el dolor ni tomarlo en tu lugar, quiero ser uno contigo para siempre. En el silencio se dicen estas cosas y más, pero sólo el silencio las dice no las palabras que quedaron ancladas en la superficie, que quedaron para los demás que nos ven padecer de lejos y que desde ahí, claro, ellos también cooperan. Cuando un ser amado sufre es la hora de ser su cirineo para ir con él hasta el final mirándolo a los ojos a pesar del llanto que nubla su mirada y ahoga su quejido.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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