Nuestro Señor de los Milagros

Procesión del Señor de los Milagros

Procesión del Señor de los Milagros

Se me fue el veintiocho entre las manos, se me fue la tarde de domingo en ir a la procesión y celebrar que cayó 28 de octubre  domingo, pues aquí en Perú el 28 de octubre de cada año es el día oficial de El Señor de los Milagros.

Salí con tía y mamá rumbo a la avenida Tacna. ¿Qué hacen ahí? Preguntó mi sobrino en el teléfono cuando le llamé para preguntarle dónde estaba Mi Señor, pues él había ido con las demás primas un rato antes a la procesión. Estamos por la avenida Bolivia, me dijo.

Caminamos entre humeantes puestos de picarones y anticuchos hasta la avenida Bolivia. Salieron a nuestro paso coloridas alfombras a lo largo de las cinco cuadras hasta llegar al encuentro del anda; luego, nos dimos cuenta que no era ésa la imagen original sino la del distrito de Breña. El anda del Señor de los Milagros saldría a su encuentro en breve. No fue tan breve el tiempo de espera entre la muchedumbre a decir verdad, pero fue  tiempo suficiente para orar, elevar pensamientos de súplica y gratitud al cielo entre cohetes y flores al aire, cánticos, música criolla, risas y voces, entre tanto fervor y aromas de incienso. Por fin apareció y ahí estaba nuevamente cargado de amor sobre los hombros pecadores de sus devotos. Es Cristo que pasa, me dije, es Cristo que pasa. Apenas avanzamos junto al anda media cuadra porque la muchedumbre nos cerraba el paso, yo comenzaba a sentir la tentación de la claustrofobia y la desesperación. Nos despedimos y doblamos la esquina.

Antes había llamado mi hermana de Argentina para contarnos que allá el fervor fue único como cada año, que se revistió Buenos Aires de peruanidad, cosa rara; pero sólo posible gracias la Fe que une a los pueblos. Luego pensé que así mismo ocurre en otros puntos del mundo ahí donde hay peruanos y es octubre; y pensé en esa poderosa fe popular, sencilla y muchas veces mal entendida. Me sorprendí de la banda nazarena y sus estremecedoras melodías – acaso la más conocida la Patética o el Mártir del Gólgota – cuando caí en la cuenta que la fe germinó en mí desde niña escuchándolas año tras año en la procesión del Señor de los Milagros en Tarma, luego aquí en Lima y por donde haya ido por el Perú en el mes de octubre. Entonces entendí también que la vida nuestra, la de cada uno y el pueblo peruano en suma, es una procesión al encuentro de su Amado Jesús, Perfecto Dios y Perfecto Hombre. Que todos salimos buscando por las rutas de nuestras vidas preguntando ¿dónde está?, hasta salirle al encuentro como Zaqueo y todos los otros que lo miraban pasar desde lejos cuando vivía en la Tierra.

Recordé y quise volver a vivir las veces en que acompañaba la procesión con mis manos sobre los hombros de mamá en perfecta contemplación de la imagen y retrocediendo lentamente, junto a mis hermanas, mi nana, mi cuñada, mi sobrino, entre la muchedumbre en una atmósfera dulcificante en el que el calor de los cuerpos, la estimulación de  los sentidos con aromas, cánticos, la banda y el fervor de las almas, hacen posible una entrega total de la vida a Dios, sumidos en oración contemplativa, porque sí, eso es posible hacer en una procesión llena de elementos que acercan a Dios y al mismo tiempo pueden distraer, contemplar la imagen, un acto tan sencillo y al mismo tiempo profundísimo. Mirar al que me ama.

Los sacramentales, dice la Iglesia, son importantes para purificar el alma, son significativas muestras de amor y cariño a nuestro Dios; además que los objetos sagrados bendecidos por nuestros Sacerdotes y por la oración de la Iglesia, tienen una fuerza reparadora tremenda  además de ser portadoras de bendiciones innumerables.

La procesión del Señor de los Milagros es la más multitudinaria del mundo que manifiesta físicamente la fuerza poderosa de la fe; muy singular en tanto que durante un mes va por las calles del mundo, desde hace cientos de años, una imagen que recuerda a Dios hecho Hombre, Crucificado, redentor de  pecadores que sigue convocando a través de esas calles anchas y estrechas a los corazones más fríos y alejados. Es el Señor que hace milagros, que nos quiere y que se deja querer con nuestras pequeñas muestras de amor y afecto. Es Jesús en nuestras vías.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a Nuestro Señor de los Milagros

  1. Todos los meses de octubre, también llamado mes morado, durante varios días, una multitudinaria procesión que a lo lejos parece un gran cuerpo color morado –por el habito morado que usan los fieles-, recorre las calles del centro de Lima para pedirle al Cristo de Pachacamilla les conceda un milagro. El recorrido de la imagen de Cristo en andas, por diferentes calles de la ciudad, es impactante por el gran número de personas que participan de él. Una característica tradicional del fervor de sus fieles es el uso de un hábito de color morado y de un escapulario con la imagen del Señor de los Milagros, durante el mes de conmemoración.

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