La existencia del Maligno

San Miguel Arcángel

Hace unos días el Padre Fortea comentó en su blog que su magistral libro Summa Daemoniaca cumplía diez años; yo lo descubrí apenas el año pasado, lo leí de un soplo y estos días lo vengo releyendo, más que eso, estudiándolo.

Encuentro esta fecha propicia para hablar del Mal y del Maligno, a propósito de la fiesta de Halloween que en muchos lugares se celebrará inocentemente y en muchos otros, no tanto, aunque algunos no lo crean. La fiesta de Halloween de los druidas más allá de todo me recuerda la existencia del mal y en estos últimos años una de las mejores fuentes que encontré para enterarme de su existencia y naturaleza  fue, precisamente, el libro del P. José Antonio Fortea así como Habla un exorcista del padre Gabriele Amorth, exorcista oficial del Vaticano.

Es irónico cómo en el mundo occidental se tiene tanta facilidad para negar la existencia del diablo y sin embargo, nunca se olvida el uso de los amuletos o en las páginas de diarios y revistas el espacio para los horóscopos; es decir, se niega todo orden sobrenatural y sin embargo se lo busca de manera clandestina. Es evidente que la gente siempre necesita creer en Dios aunque no lo acepte yéndose por la tangente, creyendo en cientos de prácticas chapuceras que les permite no creer en Dios pero sí en la “energía del bien”, no en el diablo pero sí en “las energías del mal”. Pamplinas, Dios tiene un nombre y el diablo también.

 Incluso entre las personas creyentes existe un rechazo a “hablar de esas cosas” y a negar la continua acechanza del demonio en nuestro día a día. Esto último me lleva a recomendar el libro de C.S. Lewis Cartas del diablo a su sobrino en el que expone de modo muy simpático e ilustrativo desde la ficción cómo el Maligno día a día se las ingenia para tentarnos haciendo uso, incluso, del bien que hay en nuestras vidas.

El mal existe, nadie lo niega pues que es tal su evidencia, pero el Maligno también. De esto último muchos dudan o niegan tajantemente; y en la misma línea, hay quienes creen en el Bien y el Mal pero como dos fuerzas contrapuestas con igualdad de poderes  y no es así. El Mal siempre está debajo del Bien, tal es así que necesita ‘prestarse’ elementos naturalmente buenos para su uso. Es decir, necesita ‘disfrazarse’ de bien. Desde términos como unión, consagración, armonía hasta llegar a las ‘inofensivas’ celebraciones de Halloween.

El poder del diablo en mucho es limitado por Dios, porque de no ser así habría hecho desaparecer la Tierra en un instante con desórdenes, caos y un sinnúmero de desajustes en nuestros cuerpos y entorno. ¿Por qué Dios permite el Mal en vez de aniquilarlo?, una de las cosas que aprendí de las lecturas que mencioné es que el Mal fue ‘el riesgo’ que corrió el propio Dios al darnos libertad. ¿Por qué nos hizo libres?, porque sin duda crear seres libres es la expresión más grande que puede hacer un ser Divino. ¿Acaso el hombre no sueña con crear seres libres de todo control, robots inteligentes que hagan uso de su propia voluntad? Dios nos hizo libres para amar. ¿Qué gracia tendría si nos hubiera creado ya programados para amarlo?; y es a partir de esa libertad que el ángel más bello del Paraíso se engrió en su naturaleza rutilante y quiso apartarse de Dios. Así nació el mal.

Ahora bien, ¿por qué entonces no destruye el Mal?, si Dios no destruye el Mal es porque creó a los ángeles como espíritus inmortales y porque además, la no destrucción del mal es la expresión más perfecta de la Justicia divina. Qué fácil sería borrar la iniquidad humana y la de los ángeles caídos pasándoles el paño del olvido, privándoles del gozo o la penuria de lo que eligieron libremente. En todo caso, se podría decir que la indestructibilidad del mal y su castigo es consecuencia de la misma libertad; una libertad que no se puede ni se debe quebrantar porque si no, dejaría de serlo.

Fueron libres para elegir, luego, eligieron el camino del mal, luego, son libres para vivir eternamente bajo los efectos de su elección. Es más, no sólo fueron libres, que bien pudieron ser libres y torpes; fueron libres e inteligentes, que no hay libertad sin conocimiento. Ellos sabían lo que eligieron y a lo que renunciaron cuando se alejaron de Dios. Por tal, no habría siquiera excusa para ser ‘perdonados’ pasándoles el paño del olvido, destruyendo el mal o su maldad; porque además no quieren ningún tipo de perdón porque no encuentran falta en su libre elección, se reafirman de continuo en su rebeldía.

En nuestro caso todavía hay esperanza mientras haya vida en este mundo. Es decir, todavía estamos a prueba con toda posibilidad de elegir libremente el bien o el mal. Somos vulnerables en tanto que nuestra inteligencia es inferior a la de los ángeles y también por nuestra naturaleza caída a consecuencia del pecado original. Esta vulnerabilidad es la que nos ha perjudicado desde siempre, debatiéndonos entre el mal y el bien, eligiendo el mal que no queremos y desdeñando el bien que queremos, y de esto aprovecha el celoso diablo para tentarnos y engañarnos pero no con todo lo que quisiera pues Dios lo retiene.

Una de las curiosas conclusiones a las que llegué no hace mucho y que me estalló en la mente como una explosión de luz fue que incluso decir que el Maligno, los espíritus o personas malignas son seres libres haciendo el mal, podría resultar equívoco. Pues al renunciar a Dios y a todo lo que es de Dios también estarían renunciando a la libertad dado que ésta es de Dios. Lo que se podría decir que hicieron es renunciar libremente a su libertad, a Dios y a todo lo que le pertenece. No podrían haber dicho ni decir: “Renuncio a ti pero me llevo la libertad que me diste”. Ellos libremente renunciaron a la libertad, pues ésta sólo es posible bajo las alas de Bien Supremo. No hacer el bien es no ser libres auténticamente, no ser libres totalmente. Es decir, tienen aun una forma de libertad pero tergiversada y reducida, así como siguen siendo creaturas espirituales pues su naturaleza es irrenunciable pero sin haber llegado a su realización plena, es más aquella naturaleza sublime se vio deformada. El diablo es el dragón.

Hoy, como ayer y siempre, hay posesiones diabólicas porque hay sectas satánicas y porque hay personas que aún niegan la existencia del demonio lo que las hace terriblemente indefensas. Sin embargo, gracias a Dios, nunca serán comunes sino escazas y raras.

Lo que sí es parte de la vida cotidiana de cualquier mortal es la tentación, la acechanza del enemigo, rigurosa y permanente a través de las cosas ordinarias y de poca monta de la cotidianidad. Un síntoma común y poco alarmante de ser víctimas de esas acechanzas es la sensación de no haber hecho mal alguno. Esa conciencia tranquila de sentirnos buenos y justos; pues bien, esa insensibilidad es síntoma de que algo marcha muy mal a nivel espiritual. Recuerdo aquella oración que algunos atribuyen a santa Teresa de Jesús y otros a santo Tomás de Aquino: No me mueve, Señor, para quererte… ni el temor por el mal que hago ni el bien que eres Tú.

Sin  embargo, todo esto no debe llevar al escrúpulo, ni mucho menos a la obsesión de ver el mal en todas partes, pues a fin de cuentas, de lo que se trata es de obrar el bien más que de, simplemente, esquivar el mal; pues como decía san Josemaría Escrivá, hay que ahogar el mal con abundancia de bien; porque a fin de cuentas lo que lastima verdaderamente a la humanidad no es la acción de los malos sino la inacción de los buenos.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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