En brazos de quien me ama

conversion y oración

A veces en los sueños sucede Dios. Hoy es el día de los santos entiéndase santos por todos los que creemos en Cristo y entiéndase por aquellos que alcanzaron un notable nivel de perfección; pero es que todo apunta a que la santidad es mérito nuestro cuando realmente es al revés, toda la santidad de los santos es hechura de Dios. Es decir, todo lo ha hecho Él en su creatura, como lo hizo en María luego que Ella dijo Hágase en mi; y asimismo, en todos los santos y santas de la historia.

Como algunos tengo a mis santos favoritos. En Misa, cuando el sacerdote hace la oración universal luego de la consagración, hay un momento en que menciona a algunos santos y ahí es cuando añado  mentalmente a mis santos favoritos: San Agustín, santa Teresita del Niño Jesús, San Francisco de Asís y san Josemaría. Cuatro gigantes, aunque haya ahí una pequeñita.

Algunas noches repaso Historia de un alma de la pequeñina Teresita y anoche quedé sorprendida por un pasaje que leí sobre un sueño que tuvo ella. Había soñado a un monja difunta, sor Ana de Jesús. Describe Teresita el sueño y la conversación que tuvo con la madre. En un momento dado Teresita le pregunta si Jesús iría pronto a buscarla, a lo que la religiosa respondió tiernamente y sonriendo: “Sí, pronto, pronto” Luego, Teresita pregunta a sor Ana: ¿Está contento de mí? A lo que la monjita respondió: “Dios no pide nada más de usted. Está contento, muy contento” Quedé con la boca muy abierta cuando leí este pasaje, no lo recordaba y sin embargo lo tenía subrayado entre signos de admiración. ¡Cómo había olvidado semejante experiencia de la santita!, sólo alguien como ella tan llena de Dios podía soñar cosa semejante. Luego me acordé de otro sueño que ella había tenido sobre el demonio, también muy ilustrativo. Había soñado que un par de diablillos  danzaban sobre un barril y que cuando la vieron y fijaron su mirada en ella fueron a esconderse espantados, sin saber qué hacer para huir de su mirada. Luego reflexiona y dice que el sueño no tiene nada de extraordinario pero si Dios quiere que lo recuerde es para demostrarle que un alma en estado de Gracia no tiene nada qué temer de los demonios, que son cobardes, capaces de huir ante la mirada de un niño.

Que ¿qué es la santidad?, pues ésta, el estar tan llenos de Dios al punto de ser capaces de espantar hasta a los demonios. Aquí me importa recordar a aquella mujer que contaba el padre Villarroel, que odiaba a la Iglesia y todo lo que era de Dios pero que un día cuando ya estaba por morir convocó a un sacerdote. Cuando el padre llegó ella le recibió con una justificación, diciéndole que quizá él piense que es una interesada que luego de tanto odio piense en asegurarse el alma por si hay Dios. Luego de tanto decir y justificarse, el padre Villarroel al fin tomó la palabra y le dijo que lo estaba planteando todo mal, que no era ella la que buscaba a Dios a última hora, sino al revés. Que era Él el que la estaba buscando. Esto lapidó a la mujer y de ahí en adelante el tiempo que duraron las visitas del sacerdote a la enferma a punto de morir, un mes aproximadamente, ella sólo quería escucharlo hablar del amor de Dios; y ya al final en un rapto de paz y alegría como la de todo convertido que ha aprendido a dejarse querer, dijo:

Estoy segura de que voy a caer en brazos de una persona que me ama. Esta es la mejor definición del amor, concluye el padre Villarroel. Sí, el amor, la santidad es eso, estar seguros de que caeremos – en la hora de nuestra muerte y en cada instante- en brazos de una Persona que nos ama: Jesús.

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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