Traspasar el Umbral

Traspasar el umbral - Sonia Koch

Traspasar el umbral – Sonia Koch

Los grandes ramos de flores que mi abuela preparaba, el viento frío en el cementerio, las personas con sus ropas coloridas, el agua fría que llenaba tarros y jardineras, las lápidas y sus nombres, el recorrido conocido para poner las florecillas a todos los difuntos de la familia, incluso a los que sólo se les ponía una vez al año, es la mejor estampa que guardo al cabo del tiempo, de cada 2 de noviembre.

Me impresionaba el copioso número de vivos revueltos entre las cruces del campo santo y entre los pabellones de infinitos nichos blancos. La voz quejumbrosa de esos extraños señores que a cambio de unas monedas rezaban de modo ininteligible a tumbas de desconocidos, el olor a licor en algunas esquinas, canticos y llantos escondidos. Mi abuela contaba que en algunos sitios tenían la costumbre de  servir vastas mesas llenas de alimentos en ofrecimiento a sus muertos como una forma de honrar sus gustos y costumbres de cuando vivían. Nunca lo vi pero esta costumbre es vigente hasta hoy en los pueblos andinos.

Toda esta atmósfera me deja claro, aunque no era muy consciente de ello, que rozaba con los contornos del misterio al ver y tocar esas tumbas  que me parecían cómodas recámaras donde verdaderamente los muertos dormían y descansaban; sería porque palabras como descanso eterno iban y venían en el instante y me convencía de ello; o también por los ojos entrecerrados de las figuras de sus lápidas. Las frases de los epitafios, en cambio, tenían el sabor rancio de un adiós eterno o de promesas de posibles encuentros remotos. Entre esos colores y formas, en esa atmósfera, anegaba el halo de lo misterioso y lo eterno.

A la muerte la llaman también ‘el último adiós’, pero  me resisto a creer en ello, porque no hay último adiós ya que el adiós no existe y tampoco hay muerte. En cierto modo, claro, es una despedida definitiva en tanto que nunca más se volverá a ver a la persona como la veíamos aquí y mientras estamos aquí; pero sí que la volveremos a ver. Sí, que sí.

Estoy convencida de que el adiós no existe, como dice Kahlil Gibran, porque en el mundo real del espíritu sólo hay encuentros y nunca despedidas, porque no es posible despedidas entre quienes nunca se encontraron ni entre dos que fueron uno. En fin, pienso que lo más importante no se pierde, ahí está, vive y que sólo cambia de lugar. Es más, a lo mejor el cruce del umbral de la muerte es como una boda, es el día de la boda de nuestra alma al encuentro de su Hacedor. Menuda y grata sorpresa que nos podemos llevar, sólo depende de cada uno.

Había una mujer llamada María Simma que desde los veinticinco años  hasta su muerte, tenía el singular don de recibir visitas de las almas del Purgatorio. María era visitada por aquellas ánimas que estaban muy cerca de entrar al Cielo y le pedían oraciones y Misas; e incluso, en ocasiones, resolvía situaciones familiares o de bienes que le encomendaban las ánimas al interior de sus respectivas familias.

La gente se ríe y toma a broma cuando alguien cuenta que vio un fantasma. La mayoría de veces, claro, esto puede ser una ilusión, pero es posible que en otros casos la experiencia haya sido real, que se haya visto un fantasma o sentido su presencia; para esto, más allá de asustarse, reírse o dudar es mejor rezar por los difuntos que un día dijimos amar mucho en esta vida. Aquí dejo una oración cortita que la Iglesia recomienda que recemos por el alma de nuestros seres queridos y que al hacerlo ayuda a muchas ánimas más:

Padre Eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, junto con las misas celebradas hoy en el mundo, por las almas del Purgatorio, por los pecadores del mundo entero, por los pecadores de la iglesia universal, aquellos en mi casa y dentro de mi propia familia”. Amén.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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