Es por tu Amor

Ángel liberador - Miguel Angel Aguilar

Ángel liberador – Miguel Angel Aguilar

Más allá de todo está siempre el amor. Más allá de los cumplidos y de los regalos, más allá de los favores y las retribuciones, más allá de la belleza, más allá de la razón y de las obras. ¿De qué nos enamoramos cuando nos enamoramos? Se pregunta el escritor Alonso Cueto en una entrevista que le hicieron no hace mucho en una revista e hice de inmediato mía la cuestión, ¿de qué?, será que el amor es tan misterioso como la muerte y poco podemos decir de las razones por las que amamos.

 Más allá del buen comportamiento para darlo como premio, más allá incluso de cualquier mérito moral el amor amanece un día como un nuevo sol en el corazón y reconfigura la vida. Ahora bien, esto no significa que el amor sólo puede ser gracias a un impulso involuntario, esto es frecuente al principio pero en adelante es consecuencia de una libre elección y por tanto, de una decisión.

¿Por qué amamos? Quizá se ame por inspiración y por gratitud, ‘te quiero porque me nace quererte y porque eres bueno (conmigo)’ Es un ‘llamado’ al que libremente se decide hacer caso.

Me gusta  volver sobre los motivos del amor cuando pienso en Dios. ¿Por qué orar con tanta devoción?, ¿impulsados solamente por el miedo o por la necesidad de algo? Sí, claro, pero ¿no sería mejor si fuera únicamente por amor? ¡Es por tu amor, Señor! Lucía de Fátima en sus memorias decía que cientos de personas se le acercaban suplicándole pedidos a Nuestra Señora tales como que les sane a un hijo enfermo, que el marido vuelva de la guerra, que el hermano no vaya, que se reconcilien padre e hijo, etcétera; todos con algo qué pedir no leí de nadie que Lucia dijera que fuera para agradecer o encargar una alabanza a María para Dios. Nadie. Todas eran peticiones o la gran parte de ellas. Sin embargo, hay un mérito en los ‘pedilones’: la fe, la fe es lo que los mueve y a Dios eso le gusta, fe, porque sabe que amor somos poco capaces de dar.

Más allá de darme lo que te pido, más allá del milagro, más allá de mis urgencias desmedidas, te quiero por ti, me nace decir. Vuelvo sobre esto cuando recuerdo las novenas o aquellas revelaciones privadas en las que Dios transmitió a algunos santos ciertas magníficas oraciones con grandiosas promesas. Mucha gente las hace por las promesas pero no por gratitud, por retribución o puro amor a Dios. ¡Es por tu amor!, me nace decir, es por tu amor más que por el regalo o lo que me tienes prometido.

Lucía y los otros dos pastorcitos ofrecían mortificaciones cotidianas como esa de dar sus alimentos a los pobres del camino o privarse de tomar agua, diciendo una oración que comenzaba “!Es por tu amor Señor…”

Por el camino uno se encuentra con oraciones maravillosas como las reveladas a Santa Brígida o las del Sagrado Corazón trasmitidas a santa Margarita. Es bueno querer hacerlas por las promesas pero mucho mejor si es porque Él las pide, el mismo Amor.

Un día Jesús dijo a Lucía que ¿por qué no hacía más para difundir la reparación de los cinco sábados por los agravios hechos al Corazón Inmaculado de María?, ella contó las dificultades que tenía y a eso añadió Jesús: “Muchas almas las hacen pero sólo por los favores prometidos y no  por amor”.

 Hay un soneto atribuido a Santo Tomás de Aquino,  a San Juan de la Cruz  o a veces a santa Teresa de Jesús que dice: “No me mueve, mi Dios para quererte, el Cielo que me tienes prometido ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves Señor, muéveme verte clavado en una cruz descarnecido, muéveme al ver tu cuerpo tan herido, muéveme tus ofrendas y tu muerte. Muéveme al fin tu amor y en tal manera que aunque no hubiera Cielo yo te amara y aunque no hubiera Infierno te temiera. No me tienes que dar porque te quiera pues aunque lo que espero no esperara y lo mismo que te quiero te quisiera”.

A algunos no mueve ir a Dios ni el temor a los peligros de esta vida, ni el temor a la muerte ni al infierno y muchos menos las promesas del Cielo o el sencillo gusto por lo bueno. A otros en cambio, que son los más, les mueve ir a Dios aunque sea el temor y el dolor y a partir de eso el reconocimiento de una posible esperanza y fe en que ha de venir todo lo bueno; y no a pocos les mueven mas promesas también porque los salva de pensar que el dolor es para siempre.

Pero es a muy pocos que les mueve el amor a Dios, sólo por su puro amor aunque no hubiere ni Cielo ni Infierno, porque es simplemente bello, bueno por crearnos y encantador por redimirnos. En todo caso siempre será un amor de gratitud y correspondencia porque Él nos amó primero, pero puede llegar a ser un amor de inspiración. ¡Es por tu amor Señor, porque me  lo inspiras!

Del mismo modo ha de funcionar entre las personas, del mismo modo hemos de buscar querernos, no sólo por los méritos y las virtudes sino por el latido de vida que hay en quienes nos rodean más allá de sus miserias, de sus ingratitudes y egoísmos.

Siempre he creído que el poder del amor está en su incondicionalidad y en su paciencia. El amor no retiene ni esclaviza, no despide ni cierra puertas.

En su ensayo la Civilización del espectáculo, Vargas Llosa reconoce no sin asombro que muy lejos de lo previsto por ateos y agnósticos, la religión está lejos de desaparecer; ¿qué es lo que mueve a la gente a creer?, se pregunta. La respuesta ha de ser la ignorancia para muchos, así como el miedo a la muerte. Puede ser sí, pero presumo que la verdadera explicación está más allá de todo temor y de toda ‘ignorancia’. ¿Que el miedo me lleva a Dios?, sí; ¿Que el dolor y la desventura?, sí. Lo que nunca se podrá definir bien son los límites de la ignorancia, ¿a qué llamamos ignorancia?, ¿acaso hay alguien que verdaderamente lo sepa todo? ¿no será que los que no creen o se resisten a creer son los que más bien ignoran algo?

Pero que quede claro que no sólo el miedo y la oscura noche del alma conducen a Dios, también conducen a Dios la armonía y el equilibrio de los objetos y los seres vivos cada día. Mucho se contrapone la fe a la razón o viceversa, cuando la misma razón humana prodigiosa y limitada, por una y otra precisamente, evidencia la existencia de un ser Supremo.

De todos modos nadie niega que hay algo que a muchos mueve a creer en Dios y a otros a resistirse aunque igualmente los mueve y así, mientras los que no creen se empeñan en apoyarse en la limitada razón para explicar la supuesta inexistencia de Dios, los que creen se apoyan igualmente en la limitada razón para explicar su existencia y en la fe, que está más allá de la razón.  La fe que nos mueve a Dios para quererlo aunque sólo sea por los que nos tiene prometido y es que será que Él también sabe que somos como niños. Sin embargo, da alegría saber que hay unos cuantos que sí dicen !es por tu Amor, Señor!

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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