Regalos de Navidad

Sin título - Inés Lázzaro

Sin título – Inés Lázzaro

La Navidad es el espacio en el que es posible el Paraíso, es el tiempo mágico en el que en un instante abre puertas a la plenitud de la armonía universal, del perdón, la paz y la esperanza para volver a comenzar la vida una vez más.

A todos nos gusta su aroma, sus platos calientes, la nueva tersura que cobran las cosas, la calidez intensa de nuestros afectos. La Navidad es la quinta estación pero que no pertenece al reino natural sino al espíritu.

Decía que ando leyendo las páginas del último ensayo de Vargas Llosa la Civilización del espectáculo y hay una parte en la que dice algo muy importante sobre la vida espiritual, que para que una sociedad sea verdaderamente libre y prospere necesita de una intensa vida espiritual, porque de lo contrario ni las leyes ni las instituciones funcionan a cabalidad.

Dice textualmente: “Todos los grandes pensadores liberales desde John Stuart Mill hasta Karl Popper, pasando por Adam Smith, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Isaiah Berlin y Milton Friedman, señalaron que la libertad económica y política sólo cumplía a cabalidad su función civilizadora, creadora de riqueza y de empleo y defensora del individuo soberano, de la vigencia de la ley y el respeto a los derechos humanos, cuando la vida espiritual de la sociedad era intensa y mantenía viva e inspiraba una jerarquía de valores respetada y acatada por el cuerpo social(…)”, y más adelante añade “la frivolidad desarma moralmente a una cultura descreída. Socava sus valores infiltra en su ejercicio prácticas deshonestas y a veces abiertamente delictivas sin que haya para ellas ningún tipo de sanción moral”.  Es importante rescatar las palabras de alguien que sin profesar fe alguna reconoce objetivamente la necesidad de lo espiritual para conducir nuestras vidas y su importancia para no caer en la banalidad e insensibilidad frente a todo lo que somos y nos rodea.

Siempre que me cruzo con alguien que se confiesa ateo o agnóstico lo invito a buscar la verdad, porque sé bien que quien verdaderamente la busca tarde o temprano la encuentra aunque tarde mucho en reconocer que la encontró.

Es tiempo de Navidad y todo mundo la celebra, creyentes y no creyentes pero ojalá se aproveche esta oportunidad que nos llega cada fin de año para rescatar ese reino interior que todos llevamos dentro comenzando un camino hacia adentro sin dudas ni temores en busca de esa Verdad, de ese Tesoro redentor que es Jesús.

Me gusta Navidad más que el día mi cumpleaños, me gustará siempre más que ninguna otra época en la vida, porque es la estación espiritual en la que se juntan en el horizonte de nuestras vidas el Cielo de nuestro mundo interior y la tierra de nuestra realidad particular. Momento en el que lo material y lo espiritual se bifurcan y contrastan evidenciando ese gran Milagro, el de un Dios hecho un pequeño bebé.

Los regalos –pertenecientes al mundo material- los adornos, las estrellas luminosas, las luces centellantes del árbol de Navidad que son un signo de dulce nostalgia y sabor a consoladora eternidad, son señales que como migajas de pan en el camino nos conducen a Dios. No hay que perder de vista que lo importante sólo está Más Allá.

Hace ya unos años atrás comenzamos en casa a jugar al ‘amigo secreto’, entre las doce personas que siempre nos reunimos entorno al nacimiento para dar la bienvenida al Redentor. Lo propuse con la intención de rescatar al niño interior que todos los adultos llevamos dentro no sólo por los regalos sino por el juego en sí mismo, ya que noté que luego de rezar y cenar a la hora de repartir regalos la mayoría de ellos era para mis dos pequeños sobrinos mientras que la mayoría adultos se repartía bostezos y unos cuantos regalos. Entonces pensé que si proponía el juego la cosa sería mucho más  divertida, habría más emoción y todos seríamos como niños. Desde entonces no hay grandote que no tenga regalo en casa, todos tenemos uno aunque sólo sea el de nuestro ‘amigo secreto’. Mis sobrinos encantados, mi tía una niña más, mi papá aunque lo disimule también sé que lo disfruta.

Lo interesante de haberlo hecho también va por el lado de complacer en algo los gustos del otro que también es una sencilla muestra de cariño. El sorteo lo hacemos los primeros días de noviembre y durante todo este tiempo van y vienen las preguntas curiosas por si alguien confiesa quién le tocó mientras se impone la  seriedad de mi sobrina para hacer que las reglas del juego se cumplan, “que nadie se entera hasta la Nochebuena”.

Todos somos como niños, todos queremos regalos, todos tenemos secretos, todos esperamos algo – ¡la esperanza!- todos amamos a alguien y por eso los regalos en Navidad; y todos con secretos, afectos, esperanzas rodeamos al Pequeño Sol Naciente, Divino Monarca y Rey de nuestros corazones. Esa es la magia de la Navidad, el escenario humano entre los brillos y encantos de sus objetos materiales y el espíritu cautivador del amor de Dios.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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