Viento y dispersión

Mesa campesina - Aldo Rodríguez

Mesa campesina – Aldo Rodríguez

Cuando hay viento es porque habrá temblor no sé si eso lo digo solo yo o también algún experto. Lo cierto es que he asociado los vientos fuertes con los temblores porque aquí no son comunes los vientos aunque no siempre  resulta así, hay temblores sin vientos y vientos sin temblores o con esos que apenas nadie siente.

El otro día al fin sentí uno, luego de las cinco veces o más en que a lo largo de los últimos meses he tenido que decir: “¿Ah sí? No he sentido nada” esta vez al fin sentí. Era de madrugada ¿o de noche?, el caso es que yo dormía, incluso soñaba, no recuerdo bien qué soñaba cuando un segundo antes me desperté, porque así me suele pasar cuando los temblores son de noche, he llegado a percibirlos minutos antes como los perros y los demás animales. Esta vez de súbito algo me cortó el sueño ese que ahora no recuerdo  y aunque seguía durmiendo fui consciente del silencio de la noche y de ese característico suspenso tan inconfundible que precede a un movimiento sísmico.

Entonces llegó, tiró de mi cama hacia adelante y la volvió hacia la cabecera y la volvió a tirar con más fuerza hacia adelante cual si fuera ella una asadera y yo un trozo de asado en el horno. Al instante tuve esa sensación de la asadera y el asado, pero en lugar de salir corriendo como otras veces y a los gritos, esta vez me puse como una piedra comenzando a decir sin siquiera abrir los ojos: “Oh, Jesús, Jesús temblor…” y algo instaba a decirme como respuesta: “Tranquila… tranquila ya va  a pasar” Pasó, sí y advertí que los otros que dormían también habían sentido pero no se habían alarmado como otra veces. Mi corazón que parecía haberse contraído como un puño retomó latidos a galope y pronto volví a quedarme dormida.

Ése fue un temblor sin vientos pero con ese negro suspenso que me había desconectado del sueño un segundo antes. Qué gran instinto el de los animales que presienten las catástrofes naturales hasta horas antes. Es ese instinto de sobrevivencia, ese sexto sentido que los humanos hemos bloqueado tal vez por demasiado raciocinio.

Hoy hay viento en la tarde y dispersión en mí por las cosas que tengo que hacer y que no debo olvidar hacerlas como ir a comprar un regalo para doña Delia que hoy cumple 99 años… ¡quién me comprara uno allá el 24 de septiembre de 2076!, como todo regalo una flor sobre mi tumba sin duda. En cambio, aquella dulce ancianita goza de tan buena salud que poco le falta por ir un día de estos a tomar sol a la playa.

En fin en éstas y otras cavilaciones andaba cuando me frenaron las puertas que se agolpaban en el primer piso y la cortina que se hondea sin cesar en mi venta. Qué vientos y qué dispersión la mía.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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